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EL DIOS ESCONDIDO, PERO QUE PUEDE SER CONOCIDO Por
Ramón R. Herrera El
cristianismo confiesa, por una parte, que Dios es el Incomprensible, y por otra
que puede ser conocido, y que conocerlo es un requisito absoluto para ser salvo. Admite la pregunta de uno de los amigos de Job, Sofar “¿Descubrirás tú los secretos de Dios? ¿Llegarás a la perfección del Todopoderoso?” Job 11.7. Pero al mismo tiempo siente que no encuentra respuesta a la pregunta de Isaías 40.18” ¿A qué, pues, haréis semejante a Dios o qué imagen le comprendéis? Pero al mismo tiempo, tiene presente
la declaración de Jesús; “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el
único Dios verdadero, y Jesucristo, a quien has enviado” Juan 17.3. La Iglesia Cristiana se regocija en el hecho de que: “Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado entendimiento para conocer al que es el verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios y la vida eterna” 1Juan 5.20. Las ideas de estos pasajes se mantuvieron siempre una al lado de otra en la Iglesia Cristiana. Los Padres de la Iglesia primitiva habaron del Dios invisible como de un Ser que no fue engendrado, inefable, eterno incomprensible e inmutable. De la misma manera, también
confesaban que Dios se reveló en el Logos, y por tanto puede ser conocido para
salvación. Los escolásticos distinguieron entre
el qué y el cuál de Dios, y sostuvieron que no podemos saber lo que es Dios en
la esencia de su Ser, pero sí podemos saber algo de su naturaleza, de lo que El
es para nosotros, según se nos revela en sus
divinos atributos. Lutero habla repetidamente de Dios como el Dios escondido para distinguirlo del Dios revelado. En algunos pasajes habla del Dios revelado, como qué está escondido, en vista del hecho de que no podemos conocerlo plenamente ni siquiera por medio de su revelación especial. Calvino consideraba que para el hombre es imposible investigar las profundidades del Ser de Dios. “Su esencia, dice, es incomprensible de tal manera que su divinidad escapa completamente a los sentidos humanos”. Los reformadores no negaban que las personas pueden saber algo de la naturaleza de Dios por medio de la creación, pero de la misma manera afirmaban que se puede adquirir el verdadero conocimiento de Dios únicamente por la revelación especial bajo la iluminadora influencia del Espíritu Santo. Por
su parte Barth, indicó que Dios no
se ha de hallar en la naturaleza, ni en la historia, ni en la experiencia humana,
sea esta de la clase que sea, sino tan sólo en la revelación especial que nos
ha llegado en las Sagradas Escrituras. En sus enfáticas afirmaciones respecto
al Dios escondido, usa el lenguaje
de Lucero más bien que el de Calvino. La teología Reformada afirma que Dios puede ser conocido, pero que es imposible para la raza humana alcanzar un conocimiento exhaustivo y perfecto de Dios en todo sentido. Si llegamos a tal conocimiento equivaldría a comprender a Dios y esto es absolutamente imposible. De la misma manera, la teología Reformada afirma que la persona puede obtener un conocimiento perfectamente adecuado acerca de Dios, para la realización del propósito divino en la vida de las personas. Pero, el verdadero conocimiento de Dios sólo puede adquirirse mediante la divina revelación que de sí mismo ha hecho Dios, y lo adquirirá solamente quien acepte esa revelación con la fe de un niño. Si
hubiéramos quedado absolutamente en la oscuridad respecto a la existencia de
Dios sería imposible que asumiéramos una actitud religiosa. No se conocerían
ni la reverencia, ni la piedad, ni el temor de Dios, ni el culto religioso. Consistentemente sobre diferentes razones se ha negado la posibilidad de que conozcamos a Dios. Esta negación generalmente descansa sobre supuestas limitaciones de las facultades humanas de conocimiento, aunque tal negación ha sido presentada tomando varias formas. Por ejemplo, el filósofo escocés Sir William Hamilton, declara que la mente humana conoce nada más aquello que esta condicionado, existiendo en diversas relaciones y que el Absoluto e Infinito es totalmente no-relacionado, es decir, existe sin relaciones, no podemos conocerlo. Pero,
en tanto que niega que podemos conocer el Infinito, no niega su existencia, Dice
“Por medio de la fe entendemos lo que está más allá del conocimiento”. Cuando C. Barth dice que aun en su revelación Dios permanece todavía como el Dios desconocido, se refiere en realidad al “Dios incomprensible”. El Dios revelado es Dios en acción por medio de su revelación aprendemos a conocerlo en sus obras, pero en realidad no adquirimos conocimiento de su íntimo ser. En su libro The Doctrine of the Word of God tenemos un pasaje muy luminoso. “Sobre esta libertad, la de Dios, descansa lo incognoscible de Dios, es decir, lo insuficiente de todo conocimiento que podamos tener del Dios revelado.
Aun la tri-unidad de Dios se nos ha revelado únicamente en las obras de Dios. Por lo tanto también la tri-unidad nos resulta incognoscible. Esto explica también lo inadecuado de nuestro conocimiento respecto a una tri-unidad. La forma en que nos ha parecido concebible, primero en la Escritura y luego en la doctrina de la Iglesia respecto a la Trinidad, en lo que para la criatura es concebible. De este concepto relativo, a lo que llamaríamos “divinamente concebible”, que es la Trinidad en que dios existe, hay una absoluta y completa separación. Únicamente
a la libre gracia de Dios en la revelación se debe que aquello que la criatura
puede concebir, aunque absolutamente separado de su “objeto”, todavía
contenga algo de verdad. En
este concepto, lo que sabemos de la Trinidad mediante la operación de Dios en
nosotros, es verdadero”. Dios tiene que revelarse a sí mismo, es requisito de todo conocimiento de Dios. El conocimiento de Dios, lo comunica a la persona el mismo Dios; entonces las personas pueden conocer a Dios únicamente hasta donde Dios se hace conocer. Dios ocupa el primer lugar entre los seres que le comunican conocimiento a la humanidad. Y puede convertirse en objeto de estudio, sólo hasta donde éste se apropia o refleja el conocimiento que se le proporciona por medio de la revelación. Sin la revelación la humanidad jamás habría sido capaz de adquirir el menor conocimiento de Dios. Y no obstante que Dios se ha revelado objetivamente, no es la razón humana la que descubre a Dios, sino Dios quien a sí mismo se descubre ante el ojo de la fe. C. Barth, insiste en el hecho de que la persona puede conocer a Dios. Dios le habla, sea directamente, o por medio de mensajeros solamente, cuando Dios viene a su encuentro en un acto de revelación. También
insiste en que no caminos de las personas hacia Dios, sino solamente de Dios
hacia el individuo, y declara repetidamente que Dios es siempre sujeto y jamás
un objeto. La revelación es siempre algo subjetivo y nunca puede convertirse en algo objetivo como la Palabra escrita de la Biblia, y como meramente subjetiva esa revelación se convierte en objeto de estudio. Nos
fue dada de una vez por todas en Jesucristo, y en Cristo viene a las personas en
el momento existencial de la vida de estos. Aunque hay elementos de verdad en lo que dice Barth, su construcción de la doctrina de la revelación es extraña a la teología reformada. No
obstante, debemos sostener la posición de que teología no sería posible sin
la revelación hecha por Dios mismo. Y
al hablar de revelación de revelación usamos el término en el exacto sentido
de la palabra. No es algo en lo que Dios se mostrara pasivo, sino algo en lo que
activamente se da a conocer. No
es como muchos modernos pensadores les gustaría decir, un profundo
discernimiento espiritual que conduce a la persona a un siempre creciente
descubrimiento de Dios. ; sino un
acto de sobrenatural comunicación de sí mismo, un definido acto ejecutado por
el Dios viviente. Se acostumbraba hacer una distinción entre conocimiento de Dios y el adquirido. Si hablamos de una forma estricta no es una distinción lógica, ya que en último análisis todo conocimiento humano es adquirido. Las doctrinas de las ideas innatas pertenecen a la filosofía más que ha a la teología. La teología Reformada rechazó de plano ese modo de pensar, y en tanto que algunos de sus representantes retuvieron el nombre “ideas innatas” le dieron otro significado, mientras que otros prefirieron hablar de ella llamándola, “conocimiento injertado de Dios”. Por una parte este conocimiento injertado de Dios no consiste en ningunas ideas, o nociones formadas ya, presentes en la raza humana para conocer a Dios. Denota un conocimiento que necesariamente resulta de la constitución de la mente humana y que es innato solo en un sentido en que adquiere espontáneamente mediante su creación a la imagen de Dios, y que desde luego no se adquiere por el laborioso proceso del razonamiento espiritual. El
conocimiento adquirido por otra parte, se obtiene mediante el estudio de la
revelación de Dios no brota espontáneamente en le intelecto humano, sino que
se produce mediante el consistente y sostenido propósito de saber. La
Biblia nos da testimonio de una doble revelación de Dios: una revelación tanto
en la naturaleza que nos rodea, como en la conciencia humana y en el
providencial gobierno del mundo. La
otra revelación se encuentra en la Biblia como Palabra de Dios. Esto da
testimonio de la primera en pasajes como los siguientes. Salmo 19.1-2 «Los
cielos proclaman la gloria de Dios, y la expansión anuncia la obra de sus manos.
Un día trasmite el mensaje al otro día y una noche a la otra noche revela
sabiduría». Hechos 14.17 «
y sin embargo, no dejó de dar testimonio de sí mismo, haciendo bien y dándonos
lluvias del cielo y estaciones fructíferas, llenado vuestros corazones de
sustento y de alegría». Romanos 1,19-20 «porque
lo que se conoce acerca de Dios es
evidente dentro de ellos, pues Dios se lo hizo evidente. Porque desde la creación
del mundo, sus atributos invisibles, su eterno poder y divinidad, se han visto
con toda claridad, siendo entendidos por medio de lo creado, de manera que no
tienen excusa». De
la otra forma de revelación hay evidencia tanto en el AT como en el NT. 2 Reyes 17.13 «Y
el Señor amonestaba a Israel y a Judá por
medio de todos sus profetas y de todo vidente, diciendo: Volveos de nuestros
malos caminos y guardad mis mandamientos, mis estatutos conforme a toda la ley que ordené a vuestros padres y que os
envié por medio de mis siervos los profetas». Salmo 103. 7 «A
Moisés dio a conocer sus caminos, y a los hijos de Israel sus obras». Juan 1.18 «Nadie
ha visto jamás a Dios; el unigénito de Dios, que está en el seno del Padre,
Él le ha dado a conocer». Hebreos 1.1-2 «Dios,
habiendo hablado hace mucho tiempo, en muchas ocasiones y de muchas maneras a
los padres por los profetas, en estos últimos días no ha hablado por su Hijo,
a quien constituyó heredero de todas las cosas, por medio de quien hizo también
el universo». Fundándose
sobre estos pasajes bíblicos se acostumbra hablar de revelación natural y de
revelación sobrenatural. Aplicada
esta diferencia a la idea de revelación indica fundamentalmente una distinción
que se basa en la manera en que dicha revelación llega a la persona. Pero
en el curso de la historia también se ha formulado paralelamente sobre la
naturaleza de su contenido. En
la teología protestante la revelación natural se designado frecuentemente una
revelación relativa y sobrenatural como una especie de activo
verbal, porque la primera está incorporada en las cosas y la segunda
en palabras. Pero,
con el correr del tiempo la distinción entre una y otra se encontró un tanto
ambigua. Puesto que toda revelación por su origen es sobrenatural
y por proceder
de Dios también lo es en su contenido. En
cuanto a los reformadores su punto de vista al respecto puede reproducirse de la
manera siguiente: como resultado de la entrada del pecado al mundo, el
manuscrito de Dios en la naturaleza quedó grandemente oscurecido, y en algunos
de los más importantes asuntos, casi borrados e ilegible. Además
la humanidad está enferma de ceguera espiritual, y por tal motivo, privada de
una capacidad de leer correctamente lo que Dios correctamente y con toda
claridad escribió en la obra de la creación. Para
remediar esta enfermedad y evitar
la frustración del divino propósito, Dios hizo dos cosas. En
su revelación sobrenatural republicó las verdades de la revelación natural, y
las libertó de conceptos falsos y de nuevo las incorporó en su revelación
sobrenatural de la redención. Todavía
más: proveyó lo necesario para la curación de la ceguera espiritual de las
personas, por medio de la obra de la regeneración y la santificación,
incluyendo la iluminación espiritual, y de ese modo capacitó a las personas
para que de nuevo alcanzara el verdadero conocimiento de Dios, conocimiento que
lleva consigo la seguridad de la vida eterna. La
revelación es un acto de la gracia,
mediante el cual, la persona se vuelve consciente de su pecaminosa condición;
pero también, eso sí, de la gratuita, inmerecida y perdonadora condescendencia
de Dios en Jesucristo. (Texto bíblico tonado de la Santa
Biblia de las Américas) Algunas notas tomadas del libro:
Systematic Theology del profesor L. Berkhoff Terminado en 2-26-06
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