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El Discipulado
Por Ramón R. Herrera

Durante la década del 70 en muchos círculos cristianos había una palabra de moda esta era discipulado, era como si todo el mundo hubiera hecho suya esta causa triunfante. Hay muchas personas y ministerios que han hablado del discipulado con buenas ideas; pero otros no. Cómo   Cesar Castellanos, que resucitó las experiencias de Ignacio de Loyola, el fundador de la «Compañía de Jesús una orden católica, de triste recordación; Y se le ocurrió hacer lo mismo con el pomposo nombre de G-12. Una herejía, con el  propósito no sólo de engaña los creyentes sino  también de explotarlos económicamente, y aumentar el número de miembros, con la falsedad  de una pirámide puramente económica.

Es evidente que ninguno de los muchos ministerios que han abrazado esta idea es su autor. Dios las ha utilizado, pero nadie más posee la patente original, sino nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Y es muy importante que lo recordemos; ya que de haberse concebido en un corazón humano nos daría motivos para cuestionar su validez  y como humanos al fin podríamos optar por una formula mejor.

El ministerio de Cristo no se ajustaba al panorama de la época. Empezó de una manera muy distinta: llamando a unos pocos hombres a seguirle. No había programas para alcanzar a mucha gente, ni tampoco campañas grandiosas, y ni siquiera una estrategia para comenzar una escuela para enseñar a predicar. No, El simplemente estableció una relación muy personal con un puñado de hombres a los que convirtió en el punto medio de sus enseñanzas, su filosofía de la vida y de todo su ministerio. ¿Han cambiado las cosas al acabar Jesús su ministerio terrenal y antes de volver al Padre? Por su puesto que no, escuchemos sus palabras antes de su ascensión.

“Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado. Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban. Y Jesús se acercó y les hablo diciendo:  « Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándoles en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he manado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén (Mateo 28: 16-20)

Estas son las palabras finales del Evangelio de Mateo. La última parte nos resulta muy familiar- la llamamos «La Gran Comisión» Lea nuevamente esos versículos: ¿Cuál fue la meta para la cual comisionó Jesús a sus seguidores?. ¿Ganar a nuevos conversos? NO. El no dijo eso. ¿Celebrar reuniones al libre que puedan abarcar a ciudades enteras? ¿Dar tratados? ¿Estudiar en un instituto o seminario? Por muy importante que sean estas cosas, no aparecen en la gran comisión. Sólo una frase sobresale- Haced discípulos”- Aquí tenemos el centro mismo de su mandamiento. Hay otras tres palabras que implican la acción que rodean esta orden (“ Id, bautizad, enseñad”), pero la tarea esencial es, hacer discípulos.

Para poder entender lo que es el discipulado, debemos examinar las técnicas que Jesús empleó, para la preparación de sus discípulos. Ya que el discipulado tuvo su origen en Jesús, y ya que fue Él quien dio su ejemplo del método resulta razonable estudiar su estilo y ponerlo en práctica. Dos textos son suficientes para describir el proceso.

Marcos 3.13,14:

 

Después subió al monte, y llamó a sí a los que Él quiso; y vinieron a Él. Y estableció a doce, para que estuviesen con Él, y para enviarlos a predicar.

 

Estos dos versículos están llenos de significado. Encontramos a Jesús en los comienzos de su ministerio, y está echando el cimiento para su estrategia. Nos resulta muy interesante la forma en que comienza, discretamente y con mucha cautela. Piensa bien su plan y entonces determina a quiénes va a preparar. Más tarde anuncia su decisión. La selección fue segura; había muchos individuos que estaban disponibles; pero Él  limitó el grupo a solamente doce. Después del nombramiento, tuvo lugar la participación. Encontramos en estos versículos no sólo los hechos, sino que incluyen el orden. Aquellos hombres habrían de estar «con El». Ese era su programa de estudios. Nada ingenioso ni ostentoso, únicamente pasar tiempo «con Él».  Y finalmente vino la tarea «enviarlos a predicar»

Mucho tiempo antes de involucrase en el ministerio, aquellos hombres pasaron tiempo con el Maestro. Le preguntaron, escucharon mientras Él  enseñaba, sobre todo captaron su visión, se llenaron de sus ideas y sobre todo de su filosofía. Es precisamente eso lo que quiere decir Marcos cuando dice que estaban «con Él».

El NT nunca nos dice que a los doce se les enseñara a tomar apuntes o memorizar una serie de líneas que Él les hubiera enseñado para que la repitieran. No, nada de eso... sin embargo aquellos hombres «sí» pasaron tiempo con Jesús, y lograron poner el mundo al revés.

Después de algún tiempo, Pedro y Juan fueron arrestados y juzgados por hechos que ofendían a las autoridades religiosas de aquel tiempo. (Hechos 4.12,13) nos cuenta:

“ Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos. Entonces, viendo  el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús”.

 

Aunque no eran personas notables, y les faltaba educación, eran hombres rudos, una cosa no se podía negar que habían  estado «con Jesús». Aquellos hombres no eran convertidos superficiales, ni niños en la fe, sino que eran, con toda claridad «hombres que habían estado cerca de Jesús». El tiempo que pasaron con Jesús había producido grandes beneficios. Ellos llegaron a personificar las enseñanzas de Cristo y fueron aptos para continuar su obra sin necesidad que Él estuviera presente.

En cuanto a la entrega a Cristo. Tal vez usted no tenga esto muy claro en su mente. Recordemos que Cristo dijo que debemos «hacer discípulos», pero es posible que todo lo que ellos significan le perezca confuso. Puede que usted sea creyente y sin embargo, no un discípulo, y eso le preocupa. Después de todo, ¿cómo puede saberse cuándo se tiene la entrega suficiente? ¿Y quién dice a quién “ahora eres un discípulo verdadero”?

Este dilema lo podemos resolver si le echamos una mirada a Lucas 14.25-33.

“ Grandes multitudes iban con Él; y volviéndose, les dijo: Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun a su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo. Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla?. No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar. ¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si pueda hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil? Y si no puede, cuando el otro rey está todavía lejos, le envía una embajada y le pide condiciones de paz. Así pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo”

 

Le pedimos que vuelva a leer el comienzo del relato y lea nuevamente la línea introductoria; resulta estratégica para comprender la reacción de Cristo. Una gran multitud, una buena de dosis de atracción superficial...La gente seguía al “que hacia muchos milagros” para contemplar su espectáculo. Lucas dice “simplemente iban con Él”. No tenían compromiso alguno,(se parece mucho a las campañas de los carismáticos en el día de hoy). No existía compromiso o una entrega profunda, sólo se trataba de  un mero acompañar. Cuando Jesús sintió cierta tensión a causa de la evidente actitud ligera de la muchedumbre.  Se volvió bruscamente y dijo algunas palabras muy fuertes.

Al examinar los comentarios de Jesús y presta atención a los detalles, se dará cuenta de que no menos de tres veces les dijo que no podían ser sus discípulos (Lucas 14. 26,27. 33). ¿Por qué palabras tan fuertes? Es obvio que para mermar sus filas. Es bueno entender que a Jesús nunca le interesó atraer grandes multitudes; a El nunca le apasionaron los números. Su único interés era hacer discípulos, no en aumentar la asistencia del año anterior como es la pasión de la gran mayoría de los ministerios pastorales en el día de hoy, Y acto seguido, sin ceder un ápice y anunció tres condiciones «no negociables» del discipulado.

1-      Las relaciones personales

 

“ Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, a y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14.26).

 

No tenemos otro remedio que preguntarles ¿ Qué les pareció? Esta es una declaración demoledora para reducir los números. Pero tenemos que ser muy cuidadosos en cómo interpretamos las palabras de Jesús. Si estuviera diciéndonos que tratásemos con aborrecimiento a  nuestros padres y demás miembros de nuestra familia  nos estamos equivocando y esto estaría contradiciendo otras manifestaciones de la Escritura, es lógico que esto no es lo que quería dar a entender. En otras palabras, creo que lo que está es de posibilidad de que exista una competencia entre la lealtad al Señor y otras relaciones personales íntimas. Aquellos que son verdaderamente sus discípulos le escogerán a Él.

Paremos aquí, y mire a sus propias prioridades en relación con sus relaciones personales. ¿ Es Jesucristo el primero en su vida por encima de TODOS los demás?. Si esto es así, ha pasado la primera de las tres pruebas del discipulado.

2-      Metas personales

“ Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo (Lucas 14.27).

 

Las personas que rodeaban a Jesús entendían perfectamente lo que quería decir. Habían visto muchas veces a criminales llevando sus cruces al sitio de su ejecución, en otras palabras: muerte segura. Pero, tomar en forma literal las palabras de Jesús es confundir su realidad, por su puesto que El no está diciendo que todos sus discípulos han de dar sus vidas, debemos notar la frase que incluye el hecho de que esos mismos discípulos «le siguen» eliminando la idea de muerte literal.

Aquellos que quieren ser sus discípulos tiene que sustituir sus propios objetivos y aspiraciones ególatras por el seseo de Dios para ellos, sacrificando su voluntad a la de Él. (Romanos 12.1-2; Filipenses 2.3-4).

Jesús en muchas ocasiones dijo que no había venido a la tierra para hacer su voluntad por ejemplo Juan 6.38 “ Porque he descendido del cielo, no para hacer mi  voluntad, sino la voluntad del que me envió” El verdadero discípulo abraza esta filosofía de vida, y se llega al punto de no tomar ninguna decisión vital sin hacerse esta pregunta ¿Esto es lo que el Señor quiere que yo haga?. Esa es la actitud correcta, pero sucede que en estos días finales no razonamos de esta manera, al contrario impulsados por el orgullo y animados por una avalancha de “libros” que nos instan a realizarnos y satisfacernos, así a como “ser nosotros mismos” Nos espantamos cuando nos topamos con consejos como estos   «Toma tu cruz y sígueme», o «presenta tu cuerpo en sacrificio vivo» o «Nada hagas por contienda o por vana gloria». Esta es  una de las razones por que el discipulado nunca deja de mermar sus filas

Por todas partes del mundo los creyentes hacen colas para escuchar a una persona “llena de títulos y doctorados” para hablar de profecía, del anticristo, del rapto, del G-12, de que los primeros creyentes tomaban la Santa Sena todos los días, la prosperidad, de  las mujeres de fe, de seminarios de matrimonios en hoteles terminando con la renovación de votos en hoteles de lujos, Campamentos para niños y jóvenes. Todo esto “parece bueno” pero lo que sucede es que en estos eventos como todos son caros, se hacen en hoteles, hay que pagar para los seminarios etc. Tenemos una realidad, hay un número de creyentes en  nuestras iglesias que no se pueden “beneficiar de todos estos espectáculos por ser personas sin recursos para enfrentarlos. Gracias a Dios que la enseñanza del discipulado tiene la propiedad de quitar la capa de barniz superficial y llegar hasta las terminaciones nerviosas de la persona. Pero, lo trágico es que esta reacción ocurría ente la gente en el tiempo de Cristo.

“Al oírlas, muchos de sus discípulos dijeron: Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír? Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con Él (Juan 6.60,66).

3-      Las posesiones personales

“Así pues, cualquiera de vosotros que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo (Lucas 14.33)

 

Estas palabras de Jesús no son ni tienen la intención de ser complicadas. Jesús dice simplemente que para llamarte mí discípulo tienes que dejar a un lado el materialismo. El no está diciendo que no podamos poseer nada; pero lo que no debemos hacer es que las «cosas nos posean a nosotros» No puedo decirle a usted aquello que necesita «soltar» pero de una cosa si estoy seguro es que usted si lo sabe.

Regresemos en el tiempo cuando Jesús andaba por Galilea. Allí el Señor encontró a dos hermanos- Pedro y Andrés- que en ese momento echaban sus redes al mar, y los llamó a que lo siguieran, ¿recuerda lo qué hicieron? “Ellos entonces, dejándolo al instante las redes, le siguieron” (Mateo 4.20).

Algún tiempo después, vio a otros dos hermanos –Santiago y Juan- que remendaban sus redes, ¿ se acuerda usted de la respuesta de ellos? “Y ellos, dejando al instante la barca y a su padre le siguieron” (Mateo 4.22).

Estos cuatro hombres hicieron algo más que seguir a Jesús.  Se abandonaron por completamente a Él. Notamos que hay una gran diferencia al cristianismo acomodaticio y superficial de nuestros días, hay mucha mediocridad religiosa. Jesús fue siempre muy firme y muy enérgico en todo, especialmente al costo del discipulado.

En conclusión es discipulado está basado en un costo real para el que quiere seguir a Jesús, La demanda a sus discípulos es que hagan la voluntad de su Padre y no lo que les agrada. Los mandamientos de Cristo no admiten ningún tipo de coqueteo mundanal. La cosa no es tan simple como la mayoría de los creyentes suponen, no es sólo levantar la mano en la iglesia, en campañas evangelistas, frente a la televisión o delante de la radio, es “dejarlo todo”.  El Señor no se tranza por menos, los números para Cristo carecen de importancia.  Él dijo una vez.

“No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el Reino. Vended lo que poseéis y dad limosna; haceos bolsas que envejezcan, tesoros en los cielos que no se agote, donde ladrón no llega ni polilla destruye, porque donde está vuestro corazón, allí estará también vuestro corazón” ( Lucas 12.32-34)

Sé que hay muchos creyentes pero, ¿eso significa que haya muchos discípulos? El discipulado es otra cosa. En la Gran comisión hay un término importantísimo cuando el Señor dice: “haced discípulos” Esa expresión demuestra  una realidad muy importante porque  sólo el Espíritu Santo nos hará discípulos de Jesús, ninguna persona tiene capacidad para lograr las exigencias que demanda el discipulado, no es un juego hay que negarse a sí mismo y esconderse en la persona de Cristo, con los mismos atributos que Él tiene y conocer misma filosofía de la vida que El tuvo, ¿Tiene usted realmente a Dios primero en todas las cosa  sin importarles su costo? Analicemos antes de contestar.

 

Sola Gratia, Sola Fide, Solus Christus, Sola Scriptura, Soli Deo Gloria

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Rev. Ramón Herrera
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