|
|
El
Discipulado Durante la década
del 70 en muchos círculos cristianos había una palabra de moda esta era
discipulado, era como si todo el mundo hubiera hecho suya esta causa triunfante.
Hay muchas personas y ministerios que han hablado del discipulado con buenas
ideas; pero otros no. Cómo Cesar
Castellanos, que resucitó las experiencias de Ignacio de Loyola, el fundador de
la «Compañía de Jesús una orden católica, de triste recordación; Y se le
ocurrió hacer lo mismo con el pomposo nombre de G-12. Una herejía, con el
propósito no sólo de engaña los creyentes sino
también de explotarlos económicamente, y aumentar el número de
miembros, con la falsedad de una
pirámide puramente económica. Es
evidente que ninguno de los muchos ministerios que han abrazado esta idea es su
autor. Dios las ha utilizado, pero nadie más posee la patente original, sino
nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Y es muy importante que lo recordemos; ya
que de haberse concebido en un corazón humano nos daría motivos para
cuestionar su validez y como
humanos al fin podríamos optar por una formula mejor. El
ministerio de Cristo no se ajustaba al panorama de la época. Empezó de una
manera muy distinta: llamando a unos pocos hombres a seguirle. No había
programas para alcanzar a mucha gente, ni tampoco campañas grandiosas, y ni
siquiera una estrategia para comenzar una escuela para enseñar a predicar. No,
El simplemente estableció una relación muy personal con un puñado de hombres
a los que convirtió en el punto medio de sus enseñanzas, su filosofía de la
vida y de todo su ministerio. ¿Han cambiado las cosas al acabar Jesús su
ministerio terrenal y antes de volver al Padre? Por su puesto que no, escuchemos
sus palabras antes de su ascensión. “Pero los
once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado.
Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban. Y Jesús se acercó y les
hablo diciendo: « Toda potestad me
es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas
las naciones, bautizándoles en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu
Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he manado; y he aquí
yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén (Mateo 28:
16-20) Estas
son las palabras finales del Evangelio de Mateo. La última parte nos resulta
muy familiar- la llamamos «La Gran Comisión» Lea nuevamente esos versículos:
¿Cuál fue la meta para la cual comisionó Jesús a sus seguidores?. ¿Ganar a
nuevos conversos? NO. El no dijo eso. ¿Celebrar reuniones al libre que puedan
abarcar a ciudades enteras? ¿Dar tratados? ¿Estudiar en un instituto o
seminario? Por muy importante que sean estas cosas, no aparecen en la gran
comisión. Sólo una frase sobresale- Haced discípulos”- Aquí tenemos el
centro mismo de su mandamiento. Hay otras tres palabras que implican la acción
que rodean esta orden (“ Id, bautizad, enseñad”), pero la tarea esencial es,
hacer discípulos. Para
poder entender lo que es el discipulado, debemos examinar las técnicas que Jesús
empleó, para la preparación de sus discípulos. Ya que el discipulado tuvo su
origen en Jesús, y ya que fue Él quien dio su ejemplo del método resulta
razonable estudiar su estilo y ponerlo en práctica. Dos textos son suficientes
para describir el proceso. Marcos
3.13,14: Después
subió al monte, y llamó a sí a los que Él quiso; y vinieron a Él. Y
estableció a doce, para que estuviesen con Él, y para enviarlos a predicar. Estos
dos versículos están llenos de significado. Encontramos a Jesús en los
comienzos de su ministerio, y está echando el cimiento para su estrategia. Nos
resulta muy interesante la forma en que comienza, discretamente y con mucha
cautela. Piensa bien su plan y entonces determina a quiénes va a preparar. Más
tarde anuncia su decisión. La selección fue segura; había muchos individuos
que estaban disponibles; pero Él limitó
el grupo a solamente doce. Después del nombramiento, tuvo lugar la participación.
Encontramos en estos versículos no sólo los hechos, sino que incluyen el orden.
Aquellos hombres habrían de estar «con El». Ese era su programa de estudios.
Nada ingenioso ni ostentoso, únicamente pasar tiempo «con Él».
Y finalmente vino la tarea «enviarlos a predicar» Mucho
tiempo antes de involucrase en el ministerio, aquellos hombres pasaron tiempo
con el Maestro. Le preguntaron, escucharon mientras Él
enseñaba, sobre todo captaron su visión, se llenaron de sus ideas y
sobre todo de su filosofía. Es precisamente eso lo que quiere decir Marcos
cuando dice que estaban «con Él». El
NT nunca nos dice que a los doce se les enseñara a tomar apuntes o memorizar
una serie de líneas que Él les hubiera enseñado para que la repitieran. No,
nada de eso... sin embargo aquellos hombres «sí» pasaron tiempo con Jesús, y
lograron poner el mundo al revés. Después
de algún tiempo, Pedro y Juan fueron arrestados y juzgados por hechos que ofendían
a las autoridades religiosas de aquel tiempo. (Hechos 4.12,13) nos cuenta: “
Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado
a los hombres, en que podamos ser salvos. Entonces, viendo
el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y
del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús”. Aunque
no eran personas notables, y les faltaba educación, eran hombres rudos, una
cosa no se podía negar que habían estado
«con Jesús». Aquellos hombres no eran convertidos superficiales, ni niños en
la fe, sino que eran, con toda claridad «hombres que habían estado cerca de
Jesús». El tiempo que pasaron con Jesús había producido grandes beneficios.
Ellos llegaron a personificar las enseñanzas de Cristo y fueron aptos para
continuar su obra sin necesidad que Él estuviera presente. En
cuanto a la entrega a Cristo. Tal vez usted no tenga esto muy claro en su mente.
Recordemos que Cristo dijo que debemos «hacer discípulos», pero es posible
que todo lo que ellos significan le perezca confuso. Puede que usted sea
creyente y sin embargo, no un discípulo, y eso le preocupa. Después de todo,
¿cómo puede saberse cuándo se tiene la entrega suficiente? ¿Y quién dice a
quién “ahora eres un discípulo verdadero”? Este
dilema lo podemos resolver si le echamos una mirada a Lucas 14.25-33. “
Grandes multitudes iban con Él; y volviéndose, les dijo: Si alguno viene a mí,
y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y
aun a su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no lleva su cruz y
viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo. Porque ¿quién de vosotros,
queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver
si tiene lo que necesita para acabarla?. No sea que después que haya puesto el
cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de
él, diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar. ¿O qué rey,
al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si
pueda hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil? Y si no
puede, cuando el otro rey está todavía lejos, le envía una embajada y le pide
condiciones de paz. Así pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo
que posee, no puede ser mi discípulo” Le
pedimos que vuelva a leer el comienzo del relato y lea nuevamente la línea
introductoria; resulta estratégica para comprender la reacción de Cristo. Una
gran multitud, una buena de dosis de atracción superficial...La gente seguía
al “que hacia muchos milagros” para contemplar su espectáculo. Lucas dice
“simplemente iban con Él”. No tenían compromiso alguno,(se parece mucho a
las campañas de los carismáticos en el día de hoy). No existía compromiso o
una entrega profunda, sólo se trataba de un
mero acompañar. Cuando Jesús sintió cierta tensión a causa de la evidente
actitud ligera de la muchedumbre. Se
volvió bruscamente y dijo algunas palabras muy fuertes. Al
examinar los comentarios de Jesús y presta atención a los detalles, se dará
cuenta de que no menos de tres veces les dijo que no podían ser sus discípulos
(Lucas 14. 26,27. 33). ¿Por qué palabras tan fuertes? Es obvio que para mermar
sus filas. Es bueno entender que a Jesús nunca le interesó atraer grandes
multitudes; a El nunca le apasionaron los números. Su único interés era hacer
discípulos, no en aumentar la asistencia del año anterior como es la pasión
de la gran mayoría de los ministerios pastorales en el día de hoy, Y acto
seguido, sin ceder un ápice y anunció tres condiciones «no negociables» del
discipulado. 1-
Las relaciones personales “
Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y
hermanos, y hermanas, a y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo”
(Lucas 14.26). No
tenemos otro remedio que preguntarles ¿ Qué les pareció? Esta es una
declaración demoledora para reducir los números. Pero tenemos que ser muy
cuidadosos en cómo interpretamos las palabras de Jesús. Si estuviera diciéndonos
que tratásemos con aborrecimiento a nuestros
padres y demás miembros de nuestra familia
nos estamos equivocando y esto estaría contradiciendo otras
manifestaciones de la Escritura, es lógico que esto no es lo que quería dar a
entender. En otras palabras, creo que lo que está es de posibilidad de que
exista una competencia entre la lealtad al Señor y otras relaciones personales
íntimas. Aquellos que son verdaderamente sus discípulos le escogerán a Él. Paremos
aquí, y mire a sus propias prioridades en relación con sus relaciones
personales. ¿ Es Jesucristo el primero en su vida por encima de TODOS los demás?.
Si esto es así, ha pasado la primera de las tres pruebas del discipulado. 2-
Metas personales “
Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo
(Lucas 14.27). Las personas
que rodeaban a Jesús entendían perfectamente lo que quería decir. Habían
visto muchas veces a criminales llevando sus cruces al sitio de su ejecución,
en otras palabras: muerte segura. Pero, tomar en forma literal las palabras de
Jesús es confundir su realidad, por su puesto que El no está diciendo que
todos sus discípulos han de dar sus vidas, debemos notar la frase que incluye
el hecho de que esos mismos discípulos «le siguen» eliminando la idea de
muerte literal. Aquellos
que quieren ser sus discípulos tiene que sustituir sus propios objetivos y
aspiraciones ególatras por el seseo de Dios para ellos, sacrificando su
voluntad a la de Él. (Romanos 12.1-2; Filipenses 2.3-4). Jesús
en muchas ocasiones dijo que no había venido a la tierra para hacer su voluntad
por ejemplo Juan 6.38 “ Porque he descendido del cielo, no para hacer mi
voluntad, sino la voluntad del que me envió” El verdadero discípulo
abraza esta filosofía de vida, y se llega al punto de no tomar ninguna decisión
vital sin hacerse esta pregunta ¿Esto es lo que el Señor quiere que yo haga?.
Esa es la actitud correcta, pero sucede que en estos días finales no razonamos
de esta manera, al contrario impulsados por el orgullo y animados por una
avalancha de “libros” que nos instan a realizarnos y satisfacernos, así a
como “ser nosotros mismos” Nos espantamos cuando nos topamos con consejos
como estos «Toma tu cruz y sígueme»,
o «presenta tu cuerpo en sacrificio vivo» o «Nada hagas por contienda o por
vana gloria». Esta es una de las
razones por que el discipulado nunca deja de mermar sus filas Por
todas partes del mundo los creyentes hacen colas para escuchar a una persona
“llena de títulos y doctorados” para hablar de profecía, del anticristo,
del rapto, del G-12, de que los primeros creyentes tomaban la Santa Sena todos
los días, la prosperidad, de las
mujeres de fe, de seminarios de matrimonios en hoteles terminando con la
renovación de votos en hoteles de lujos, Campamentos para niños y jóvenes.
Todo esto “parece bueno” pero lo que sucede es que en estos eventos como
todos son caros, se hacen en hoteles, hay que pagar para los seminarios etc.
Tenemos una realidad, hay un número de creyentes en
nuestras iglesias que no se pueden “beneficiar de todos estos espectáculos
por ser personas sin recursos para enfrentarlos. Gracias a Dios que la enseñanza
del discipulado tiene la propiedad de quitar la capa de barniz superficial y
llegar hasta las terminaciones nerviosas de la persona. Pero, lo trágico es que
esta reacción ocurría ente la gente en el tiempo de Cristo. “Al
oírlas, muchos de sus discípulos dijeron: Dura es esta palabra; ¿quién la
puede oír? Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no
andaban con Él (Juan 6.60,66). 3-
Las posesiones personales “Así
pues, cualquiera de vosotros que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser
mi discípulo (Lucas 14.33) Estas
palabras de Jesús no son ni tienen la intención de ser complicadas. Jesús
dice simplemente que para llamarte mí discípulo tienes que dejar a un lado el
materialismo. El no está diciendo que no podamos poseer nada; pero lo que no
debemos hacer es que las «cosas nos posean a nosotros» No puedo decirle a
usted aquello que necesita «soltar» pero de una cosa si estoy seguro es que
usted si lo sabe. Regresemos
en el tiempo cuando Jesús andaba por Galilea. Allí el Señor encontró a dos
hermanos- Pedro y Andrés- que en ese momento echaban sus redes al mar, y los
llamó a que lo siguieran, ¿recuerda lo qué hicieron? “Ellos entonces, dejándolo
al instante las redes, le siguieron” (Mateo 4.20). Algún
tiempo después, vio a otros dos hermanos –Santiago y Juan- que remendaban sus
redes, ¿ se acuerda usted de la respuesta de ellos? “Y ellos, dejando al
instante la barca y a su padre le siguieron” (Mateo 4.22). Estos
cuatro hombres hicieron algo más que seguir a Jesús.
Se abandonaron por completamente a Él. Notamos que hay una gran
diferencia al cristianismo acomodaticio y superficial de nuestros días, hay
mucha mediocridad religiosa. Jesús fue siempre muy firme y muy enérgico en
todo, especialmente al costo del discipulado. En
conclusión es discipulado está basado en un costo real para el que quiere
seguir a Jesús, La demanda a sus discípulos es que hagan la voluntad de su
Padre y no lo que les agrada. Los mandamientos de Cristo no admiten ningún tipo
de coqueteo mundanal. La cosa no es tan simple como la mayoría de los creyentes
suponen, no es sólo levantar la mano en la iglesia, en campañas evangelistas,
frente a la televisión o delante de la radio, es “dejarlo todo”.
El Señor no se tranza por menos, los números para Cristo carecen de
importancia. Él dijo una vez. “No
temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el Reino.
Vended lo que poseéis y dad limosna; haceos bolsas que envejezcan, tesoros en
los cielos que no se agote, donde ladrón no llega ni polilla destruye, porque
donde está vuestro corazón, allí estará también vuestro corazón” ( Lucas
12.32-34) Sé que hay
muchos creyentes pero, ¿eso significa que haya muchos discípulos? El
discipulado es otra cosa. En la Gran comisión hay un término importantísimo
cuando el Señor dice: “haced discípulos” Esa expresión demuestra
una realidad muy importante porque sólo
el Espíritu Santo nos hará discípulos de Jesús, ninguna persona tiene
capacidad para lograr las exigencias que demanda el discipulado, no es un juego
hay que negarse a sí mismo y esconderse en la persona de Cristo, con los mismos
atributos que Él tiene y conocer misma filosofía de la vida que El tuvo, ¿Tiene
usted realmente a Dios primero en todas las cosa
sin importarles su costo? Analicemos antes de contestar.
|
|
Sola
Gratia, Sola Fide, Solus Christus, Sola Scriptura, Soli Deo Gloria
Ministerio |