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El
Sembrador y Los Terrenos
El capítulo 12 de Mateo hace una descripción detallada de lo que ocurrió
inmediatamente después que Jesús pronunciara estas palabras. Aquel día era sábado
y el odio y rencor de los líderes religiosos que sentían hacia Jesús terminó
por estallar. Los fariseos como representantes de las respuestas de Israel a su
Mesías le acusaron de tener los poderes de Satanás para echar fuera los
demonios (Mateo 12.24). La nación israelita había rechazado a su Rey, habían
rehusado el reino que les ofrecía. Fue una renuncia total y absoluta. Desde ese
día cambió el ministerio de Jesús. Desde ese instante no proclamó más a
Israel que el reino de Dios estaba cerca. Desde entonces su llamamiento fue para
individuos, tantos judíos como gentiles, para que se sometieran en fe al yugo
de su señorío.
También cambio el estilo de la enseñanza, desde aquel día en adelante
enseñó en parábolas, o, sea relatos de la vida cotidiana que ilustraban una
realidad espiritual. En vez de anunciar abiertamente su mensaje, ocultaba así
la verdad a aquellos que le habían rechazado (Mateo 13.1-17. Aquellos creyentes
auténticos con hambre de entender le encontraron deseosos de explicar cada
detalle (Marcos 4.34). Los que odiaban la verdad no se preocupaban por preguntar.
Las parábolas que empiezan en Mateo 13 describen los “Misterios del
reino de los cielos” (v.11). SE nota que la terminología revela un cambio de
dirección. El reino que se imaginaban los judíos no era algo misterioso. Era
un reino terrenal político permanente que pondría al mundo bajo el gobierno
del Mesías de Israel. Cuando los israelitas rechazaron el reinado
de su Mesías perdieron el derecho al reino no sólo para su generación,
sino para las que habían de seguir. El reino terrenal de Jesucristo fue
pospuesto hasta un tiempo que todavía es futuro, cuando Él vendrá a
establecerlo para siempre. El reino de los cielos, el gobierno de Dios en la
tierra y en los corazones de las personas, existe en estos momentos en forma de
un misterio. Jesucristo no ejerce ahora su voluntad plena como Rey sobre toda la
tierra, pese a que es fundamentalmente soberano. Gobierno como Rey sólo sobre
aquellos que creen en Él. Su reino alcanza a todos los redimidos. Pero no en
una forma visible. Para un mundo incrédulo.
Este aspecto del reino de Dios era un misterio para quienes buscaban una
monarquía política. La parábola
que comienza en Mateo 13 revelan el misterio del reino de Dios (Marcos
4.11) esto describe la naturaleza del reino de Dios durante el período
comprendido entre el rechazo de Jesucristo por parte del pueblo de Israel y la
consumación final del reino terrenal. La preocupación fundamental de Jesús
estaba en buscar y salvar a los perdidos, y esa es también una de las
actividades principales en el reino. De tal manera que no es sorprendente, que
la primera parábola que pronunció estuviera enfocada sobre la predicación del
evangelio. (Mateo 13.3-9) El terreno junto al camino
El
primer terreno fue apisonado junto al camino que bordeaba el campo. (Mateo 13.4)
Palestina estaba cubierta de campos, no había cercas que rodeaban los sembrados,
por lo que los únicos límites eran unos estrechos caminos. Una viñeta
recogida por Mateo 21.1; describe cómo el Señor Jesús y sus discípulos
pasaban junto a los sembrados y arrancaban espigas para comer. Ese método de
siembra y voleo hacía que algunas semillas cayeran en los caminos. El terreno
de los caminos estaba muy pisoteado, sin cultivar, nunca se había ablandado. El
pisar continúo de los viajeros, unido con el clima seco, hacia que el suelo
fuera tan compacto, como si estuviera pavimentado. Cualquier semilla que el
sembrador lanzara sobre esa dura superficie le era imposible penetrar la tierra.
Seguiría allí hasta que vinieran las aves y se la comían, dice Lucas 8.5 era
pisoteada. Así entre las aves y los viajeros eliminaban la semilla que caía en
el camino. Terreno pedregoso
Los versículos 5-6 describen el terreno como pedregoso, sin mucha tierra,
y la semilla brotó rápidamente, a causa de que la tierra no era profunda. Pero
cuando salió el sol se quemó; porque no tenía raíz, se secaron al no poder
profundizar, las plantas jóvenes generan gran cantidad de follaje pero al salir
el sol esas plantas son las primeras en secarse, ya que sus raíces no pueden
profundizar en busca de nutrientes, entonces se marchitan y desaparecen mucho
antes de producir algún fruto. Terreno espinoso
El versículo 7 habla que la semilla cayó entre espinos. Los espinos
crecieron y la ahogaron. Este terreno parecía bueno era profundo, rico, estaba
labrado, y era fértil al tiempo de sembrar. Parecía limpio y preparado. La
semilla cayó allí empezó a germinar. Pero las fibrosas raíces de los espinos
escondidos bajo la superficie de la tierra surgieron también e inevitablemente
ahogaron la siembra. Buen terreno
Finalmente el versículo 8 describe la
buena tierra “Pero las otras semillas cayeron en buen terreno, en el que se
dio una cosecha que rindió treinta, sesenta, y hasta cien veces más de lo que
se había sembrado”. Este era una tierra blanda, a diferencia del duro suelo,
pedregoso, está limpia, a diferencia del terreno infectado por espinos. Aquí
las semillas se abren a la vida y dan una hermosa cosecha. La parábola y lo que enseña
Vista
de esta manera, la parábola del sembrador y la semilla es sencilla. La única
indicación de que tenga un significado más profundo, es la admonición de Jesús
que está contenida en el versículo 9. En otras palabras si puedes entenderlo,
entonces escucha su mensaje ahora. ¿Quién puede entender?. Sólo aquellos que
tienen a Jesús como su Maestro. Los discípulos deben haberse dado cuenta de
que este sencillo relato sobre la siembra y la siega ocultaba alguna verdad
espiritual. En Marcos 4.10 se registra que se acercaron a Jesús cuando estaban
solos con Él y le pidieron que les explicara la parábola y Jesús así lo hizo.
Notemos la transición de “el que tiene oídos...
que oiga” de Mateo 13.9 “bienaventurados...
vuestros oídos, porque oyen” del versículo 16. Esta es una verdad gloriosa
salida de los labios del Mesías (v.v. 17-18). La
semilla y el que siembra.
Ahora
a solas con los discípulos y otros creyentes interesados. (Marcos 4.10), el Señor
tomó lo que a todas luces perecía un relato simple y lo utilizó para revelar
una portentosa realidad del reino. La semilla de que habló no era literalmente
semilla, sino el evangelio. “Cuando alguien oye la palabra acerca del reino”
(v.19). La semilla es el mensaje del Rey y de su reino. (Lucas 8.11) es un
relato paralelo, es más explicito. “ La semilla es la palabra de Dios” De
esta manera el sembrador es cualquiera que siembra la semilla del evangelio en
el corazón de una persona. “Pues ustedes han nacido de nuevo, no de simiente
perecedera, sino de simiente imperecedera, mediante la palabra de Dios que vive
y permanece” (1 Pedro 1.23).
La extensión del evangelio es un proceso que toma lo que ha sembrado y
reproducido y lo siembra de nuevo. Todo aquel que Dios llama, no lo hace para
que siembre su propia semilla ni tampoco nuestro propio mensaje. La palabra de
Dios es la única buena semilla, no se puede hablar de evangelismo separado de
la palabra de Dios. Donde está el problema
El tema de esta parábola no es que haya algo erróneo en el sembrador o en su método. Tampoco hay nada malo en la semilla, de la misma manera no hay dada erróneo en la composición del terreno. El problema radica en la condición del terreno. El terreno es una ilustración del corazón de las personas Mateo 3.19 así lo confirma. El corazón del oyente es el equivalente espiritual del terreno que recibe la semilla del sembrador. Si estudiamos con cuidado la composición esencial todo los terrenos de esta parábola son iguales. La tierra del terreno y sus alrededores es la misma, no importa que sea dura o blanda, superficial o llena d e espinas. Todos los terrenos podrían recibir la semilla si estuvieran preparados adecuadamente. Pero, sin embargo, el terreno que no este preparado adecuadamente nunca dará una buena cosecha.
Así son los corazones de las personas. Somos exactamente iguales en
esencia, pero condicionados o elegidos de antemano para recibir la semilla
“Dios nos escogió en Cristo antes de la creación del mundo, para que seamos
santos y sin mancha delante del Él” (Efesios 1.4) “ A los que predestinó,
también los llamó; a los que llamó, también los justificó; y a los que
justificó, también los glorificó” (Romanos 8.30) Notemos que Pablo se
refiere a las mismas personas. Este es un punto muy importante en la lección
espiritual de esta parábola. La respuesta de una persona al evangelio depende
principalmente de la preparación de su corazón. Un corazón que no esté
preparado divinamente por la gracia de Dios nunca dará fruto espiritual. El
oidor endurecido
El terreno junto al camino nos muestra al oidor endurecido que no
responde al mensaje del sembrador “Cuando alguien oye la palabra acerca del
reino y no la entiende, viene el maligno y arrebata lo que se sembró en su
corazón. Esta es la semilla sembrada junto al camino” (Mateo 13.19). Aquí
está el individuo de corazón endurecido, o “duro de cerviz” Alguien que no
responde, desinteresado, indiferente, frecuentemente hostil. No quiere tener
nada con el evangelio. Satanás es representado por las aves, revoloteando por
encima del suelo endurecido, ansioso de arrebatar la semilla tan pronto cae en
tierra. Lucas 8.12 muestra el significado de manera indiscutible “ pero luego
viene el diablo y les quita la palabra del corazón, no sea que crean y se
salven”. El
corazón superficial
El terreno superficial representa un corazón superficial. “ El que
recibió la semilla y cayó en terreno pedregoso es el que oye la palabra e
inmediatamente la recibe con alegría; pero como no tiene raíz, dura poco
tiempo. Cuando surgen problemas o persecución a causa de la palabra, enseguida
aparta de ella” (vv. 20-21) Hay una respuesta positiva pero no representa la
fe que salva. No es algo meditado, no considera el costo. Esto no es fe auténtica.
La respuesta superficial es una epidemia en el cristianismo de este siglo “
está de moda ser cristiano” como dijo un conocido artista, que lo mismo canta
en una iglesia como en una discoteca, como en un concierto para mundanos y allí
solo canta canciones mundanas. El cristianismo nunca estará de moda por qué si
lo está no es cristianismo verdadero. Jesucristo
nunca ha sido popular, esa fue una de las razones para que lo crucificaran. Corazón mundano
El suelo espinoso representa un corazón mundano preocupado por asuntos
mundanos. “El que recibió la semilla que cayó entre espinos es el que oye la
palabra, pero las preocupaciones de esta vida y el engaño de las riquezas la
ahogan, de modo que ésta no llega a dar fruto. (v.22). Esta es la descripción
perfecta de una persona mundana, una que vive para las cosas del mundo, se
consume por los cuidados de este siglo. Su interés principal es una carrera,
una casa, un automóvil, un pasatiempo o un guardarropa. Para él, el prestigio,
la apariencia o la riqueza lo es todo. El evangelio germinó pero fue ahogado
antes de que fuera fructífero. La persona de corazón espinoso nunca fue salva.
Este tipo de persona puede estar dispuesto a aceptar a Jesucristo como Salvador,
pero no si ello significa dejar el mundo. Los enemigos
Los espinos, el sol y las aves de esta parábola representan a nuestros
enemigos. Los espinos son “ pero las preocupaciones, de esta vida y el engaño
de las riquezas” (v.22). El sol que quema las plantas mal arraigadas son “
la aflicción y la persecución: (v.v. 6,21), que desafían a la comodidad que
tanto apetece la carne. Las aves representan al “maligno” (v.v. 4,19), Satanás,
que hace todo lo que puede para robar la simiente del evangelio aun antes de que
pueda germinar. Estos son los tres enemigos constantes del evangelio: el mundo,
la carne y el diablo. El corazón dispuesto a recibir
Mirar los tres terrenos malos que producen resultados negativos e
indeseados pueden causar desánimo. Pero queda todavía el buen terreno, que
representa al corazón receptivo. “Pero el que recibió la semilla que cayó
en buen terreno es que oye la palabra y la entiende. Este sí produce una
cosecha al treinta, al sesenta y hasta al ciento por uno” (v.23). Este es el
clímax de la parábola, una promesa a los discípulos desanimados de hay buen
terreno en el campo. Para que no se sintiesen desalentados por la respuesta
negativa de la gente, Jesús quería que supieran que hay un gran campo
preparado y listo para recibir las la semilla, la cual dará fruto abundante. La
cosecha
Tomándolo tal como está, el mensaje de esta parábola de los terrenos es claro: de cuatro terrenos, sólo uno es bueno. Sólo uno produce fruto, por lo que sólo éste es de algún valor para el sembrador. Este terreno bueno representa al creyente. Los terrenos espinosos y superficiales representan creyentes ficticios. El terreno junto al camino representan a los que rechazan al evangelio totalmente, aunque unos y otros son prácticamente los no elegidos. No tenemos duda de que el fruto es la prueba de la verdadera salvación. Ala hora de la cosecha el terreno espinoso no es el mejor que el terreno duro o superficial. Todos son inútiles. La semilla sembrada en ellos se pierde y el terreno no sirve más que para el fuego ( ver Hebreos 6.8). No puede representar la salvación. También podemos notar que, no toda la tierra es igual de productiva. Algunas produce ciento, otra sesenta y otra treinta por uno. No todos los creyentes dan fruto como deberían o podrían. Pero todos son fructíferos en mayor o menos grado. Como sembradores, somos llamados a esparcir la semilla del evangelio no adulterado, aunque algo caiga en terreno sin cultivar. Siempre habrá terreno junto al camino, terreno superficial y terreno espinoso; pero también habrá buen terreno que dará cosecha a treinta, sesenta y ciento por uno. Esa tierra preparada sólo necesita que se siembre en ella la semilla del evangelio. (Texto
bíblico tomado de la Santa Biblia, Nueva Versión Internacional) Terminado
en 9-4-2005 |
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