|
|
CARTA A LOS FILIPENSES Por
Ramón Herrera La
epístola a los Filipenses junto a la dirigida a Filemón, es sin duda la más
personal de las escritas por el apóstol Pablo. Es a la vez el testimonio gozoso
y de gratitud personal hacia los filipenses, que lo habían ayudado en momentos
difíciles. No hay unanimidad de opiniones
respecto del lugar y de la fecha en que Pablo escribiera esta carta. Algunos
opinan que le envió desde una prisión en Efeso y la fecha sería entre los años
54-55. En tal caso la epístola tendría un
marcado carácter de agradecimiento a los creyentes de Filipos. Por otra
parte, la mención del «pretorio» (1.3) como una referencia al palacio
imperial, podría tener mayor apoyo a la hipótesis que localiza la prisión en Roma, en tal caso la carta habría sido escrita
en el año 61 o 63. Esta
carta no contiene una clara estructura doctrinal. En muchas partes parece
responder a sentimientos personales de gratitud. El texto luce que no parece
tener la intención de ser bien planificado y teológicamente articulado; pero
no obstante, hay profundos pensamientos y enseñanzas prácticas para la vida de
los creyentes y para la marcha de la iglesia. Bosquejo
del contenido. 1.Introducción 1.1-11 2.Vivir en Cristo 1,12-2.18 3. Su ministerio 2.19-3.21 4. Gratitud
4.1-20 5. Epílogo 4.21-23 Capítulo 1 Vv. 1-11 Él más alto
honor de los ministros más eminentes es ser siervos de Cristo. Aquellos que no
son santos en la tierra nunca serán santos en el cielo e incapaces de estar
delante de Dios. No puede haber paz sin gracia. Pablo fue
maltratado en Filipos y vio muy poco fruto de su labor, pero recuerda con gozo a
los filipenses. Debemos agradecer a Dios las gracias y consuelos, los dones así
como el servicio de otros, cuando recibimos el beneficio y Dios recibe la gloria.
Esta obra de gracia nunca será perfeccionada sino hasta el día de Jesucristo,
pero estemos confiados en que Dios completará su buena obra donde la haya
comenzado. Aunque no debemos confiarnos de las apariencias externas.
V.v. 12-29. Pablo describe el sufrimiento que había atravesado; y llama a estas aflicciones «las cosas que me han sucedido» (v.12). La mayoría de nosotros hubiéramos entrado en detalles respecto al naufragio y a las cadenas. Su deseo era honrar a Cristo y promover el evangelio. V.v.
12-21. Las cadenas estaban en sus prisiones
no sólo en sus muñecas. ¿Estaban sus enemigos causando problemas por
su predicación egoístas? ¿Estaban sus amigos preocupados por él y orando por
él? ¡Excelente! ¡Esto exalta a Cristo!. Pone a Cristo y el evangelio por
encima de cualquier otra. Cuando ponemos a Cristo en cualquier
circunstancia, tenemos gozo. Pablo no era prisionero de Roma; era «prisionero
de Cristo» (Ef.3.1; 4.1). Aquellos soldados encadenados a sus muñecas no eran
guardias; eran almas por las cuales Cristo murió. Pablo tenía una audiencia
cautiva y estamos seguros de que ganó algunas para Cristo. V.v. 22-26. El egoísmo siempre
alimenta la infelicidad. El apóstol Pablo tenía gozo porque amaba a otros.
Oraba por ellos, les daba ánimo y procuraba darles gozo; para Pablo ayudar a
los demás era una satisfacción. Pero a pesar de que anhelaba estar con Cristo,
deseaba fervientemente permanecer y ayudar a todos estos creyentes a crecer a la
estatura de Cristo. Su cuerpo no era suyo; su futuro no le
pertenecía; su reputación era la de Cristo. En contraste, cuando nosotros nos
ponemos primero, eso siempre acarrea miseria.
Cada vez que las dificultades afecten nuestras vidas, debemos asegurarnos
que tenemos un solo sentir que dice: «Señor, cualquier cosa que venga
quiero que Cristo sea glorificado». Este es el secreto del gozo del creyente. V.v 27-30.Los nuevos creyentes pueden
atravesar estas tres etapas en su vida cristiana. a) llegan a ser hijos de Dios;
b) llegan a ser siervos y entonces c) llegan a ser soldados del evangelio. El
maligno sigue tratando de derrotar a la Iglesia, y los creyentes deben tener un
solo sentir para hacerle frente y «pelear la buena batalla de la fe» En medio de los problemas Pablo
mostraba tranquila confianza. Él estaba seguro de que los creyentes de Filipos
continuarían en su andar cristiano, se regocijaba de que sus tribulaciones
daban nuevo ánimo a los creyentes en todas partes y confiaba en que saldría
delante de sus tribulaciones. 2.1-4. Estas son exhortaciones de los
deberes del creyente: La unanimidad, la humildad, conforme el ejemplo del Señor
Jesús. La bondad es la ley del reino de los cielos. Hay buenos motivos para el
amor fraternal, si experimentamos el beneficio de la compasión de Dios, seamos
compasivos unos con otros. Tenemos que ser severos con nuestras
propias faltas. Al tiempo que somos rápidos para observar nuestros defectos,
cuando tenemos que estar dispuestos para favorecer con concepciones Al prójimo,
no podemos disfrutar de la paz interior ni exterior sin humildad. V.v.5-11. El ejemplo de Cristo es
puesto delante de nosotros. Tenemos que parecernos a Él, si deseamos el
beneficio de la salvación. Cuando nos fijamos en Cristo, Él tiene dos
naturalezas la Divina y la humana. Siendo igual a Dios participó de la
naturaleza divina como el Unigénito de Dios, y no estimó que fuera usurpación
ser igual a Dios y así recibir la adoración de los seres humanos. Su naturaleza humana en ella se hizo
como uno de nosotros en todo excepto el pecado. De esta manera humillado, por su
propia voluntad descendió de la gloria que tenía con el Padre desde antes de
la fundación del mundo. Todo el mundo tiene que rendir
homenaje solemne al nombre de Jesús porque: «Él tiene un nombre que es sobre
todo, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en
los cielos, en la tierra y debajo de la tierra, los que duermen; Y toda lengua
confiese que Jesucristo El Señor, para gloria de Dios Padre» (vv.9-11) V.v. 12-18. toda vez que haya un sentimiento de sumisión habrá sacrificio y servicio. Así fue siempre en Cristo. Si el sentir lleva a un sentimiento sumiso conforme procuramos vivir por Cristo de la misma manera así lo haremos por otros. ¿Cuál es el secreto? Que los creyentes le permitan a Dios obrar en ellos. La carne no puede «producir» humildad o consagración; esto debe venir desde adentro por el poder del Espíritu Santo. Dios obra en nosotros antes de obrar por medio nuestro, y usa la Palabra de Dios, el Espíritu Santo y la oración. En los versículos 17-18. El apóstol Pablo se auto-describe como la ofrenda de libación que se derrama sobre el altar. Donde hay un sentir sumiso y humilde debe haber sacrificio y servicio. V.v. 19-24. Pablo llama a Timoteo su «hijo en la fe» debido a que había ganado a este joven para Cristo. Como Pablo, Timoteo vivía para otros, no para sí mismo, Demasiados creyentes viven de la manera que habla en 2.21 en lugar de vivir como dice Filipenses 1.21 «Porque para mí el vivir es Cristo y el morir, ganancia» V.v.25-30. Epafrodito Había sido enviado por la iglesia de Filipos para llevar a Pablo una ofrenda y quedarse con él para ayudarlo. Ahora después de una grave enfermedad, va a regresar a Filipos con la carta de Pablo.. 3.1-11. Pablo manda a los Filipenses a
alegrarse en Cristo, la razón, hay muchos creyentes que se involucran en las «cosas»
y pierden el gozo y la paz. Sólo piensan en lo terrenal. Pablo era religioso
antes de ser salvo, pero su religión no pudo salvarle. Este capítulo lo indica
y advierte a los creyentes en contra de cualquier religión separada de Cristo. Los judíos llamaban «perros» a los
gentiles; aquí Pablo, con sarcasmo, aplica el término a los mismos judíos que
querían imponer a los creyentes la circuncisión así como otros ritos. Pablo
compara la circuncisión física con ciertas costumbres paganas. Pablo afirma contundentemente en versículo
3 que “los verdaderos circuncidados, adoran a Dios movidos por su Espíritu, y
ponemos la confianza en las cosas de la carne. Los padres de Pablo, aunque vivían
fuera de Palestina, habían conservado no solo la cultura y la religión de los
hebreos sino también su lengua. Los fariseos eran los más escrupulosos en la
observación de la ley mosaica y de las tradiciones. Conocer a Cristo implica tanto experimentar el poder de su resurrección, o sea, el poder del Cristo resucitado, así como participar de sus sufrimientos. V.v.12-16. Podemos ver a Pablo como
una especie de «tenedor de libros espiritual» calculando sus ganancias y pérdidas.
En esta sección es un corredor, que se esfuerza por alcanzar la recompensa.
Pablo no dice que corramos para alcanzar el cielo. ¿Cómo alcanzamos la meta que Dios ha
fijado para nosotros? Por un lado, debemos ser sinceros con nosotros mismos y
admitir dónde estamos, como Pablo declaró: «no que lo haya alcanzado»
(v.12). Debemos poner nuestros ojos de la fe en Cristo y olvidándonos del
pasado: los pecados y fracasos pasados, y también los éxitos pasados. Nuestro llamamiento es un «supremo llamamiento» y un «llamamiento celestial»; y si vivimos para este mundo, perdemos la recompensa, (no la salvación) que va con nuestro supremo llamamiento. V.v.17-21. Pablo expresa gran tristeza
en una carta que de otra manera sería llena de gozo. Él llora por los que se
dicen creyentes, pero cuyas vidas llevan el fruto de una mente carnal: “sólo
piensan en lo terrenal”, lo que quiere decir que piensan únicamente en este
sistema mundanal y aquello que le ofrece; viven para la carne, porque su dios es
el estómago; y su fin es destrucción. Estas personas son enemigas de la cruz
de Cristo. Esa cruz derrotó al sistema mundanal y a la carne; la cruz habla de
sacrificio y sufrimiento, (algo que muchos creyentes desean olvidar) ¡Qué cosa
tan terrible ser enemigos de la cruz de Cristo y sin embargo decir ser creyente! Cuando las personas llegan a ser
miembros de la familia de Dios sus nombres fueron escritos en el cielo desde
antes de la fundación del mundo. Esto quiere decir que viven para la gloria de
Dios. En muchas ocasiones las leyes del cielo estarán en conflicto con las de
la tierra, pero nuestra responsabilidad es obedecer a Dios, no a las personas 4.1-20. ¡Ansiedad, afán,
preocupación! ¡Cuantos creyentes pierden el gozo y la paz a causa de la
ansiedad! En este capítulo Pablo nos asegura que la mente gobernada por Dios
nos libra de toda preocupación. Por supuesto, que el creyente que no tiene un solo sentir, ni el sentir humilde y sumiso, ni el sentir espiritual nunca, puede tener el sentir confiado. Debemos primero vivir la vida que Pablo describe en los tres capítulos anteriores antes de recibir las promesas y provisiones descritas en este capitulo 4. ¿Qué
es la ansiedad? Es una especie de agitación, inquietud, o zozobra. La ansiedad
ciertamente ataca a la persona física, emocional y espiritualmente. El término
Bíblico «estar afanoso» significa literalmente «destrozarse». La ansiedad
viene cuando los pensamientos de la mente y los sentimientos del corazón tiran
hacia diferentes direcciones y «nos destrozan». La mente piensa respecto a los
problemas y estos sentimientos pesan en el corazón creando un círculo vicioso
que destruye nuestro estado emocional. Nuestra mente nos dice que no deberíamos
afanarnos, pero a menudo no podemos controlar la ansiedad de nuestros corazones.
Antes de disfrutar de la paz tenemos que romper este círculo de ansiedad. ¿ Qué provoca la ansiedad? Actitudes y pensamientos equivocados hacia las personas, las circunstancias o las cosas. Podemos notar que en este capítulo que Pablo no se afana con respecto a las personas, ni por las circunstancias, ni por las cosas materiales de la vida. De modo que era natural que tuviera el sentir confiado de este capítulo. Su mente y corazón estaban en paz y ni las personas, ni las circunstancias, ni las cosas podían perturbarlo. Epílogo 4.21-23.El apóstol Pablo termina con alabanzas para Dios. Debemos mirar a Dios en todas nuestras debilidades y temores, no como enemigo, sino como Padre. La gracia y el favor de Dios, que disfrutan las almas reconciliadas, con todas las virtudes en nosotros, que fluyen de Él, son todas adquiridas para nosotros por los méritos de Cristo, y aplicadas por su intercesión a nuestro favor; Por lo cual se llaman con justicia, la gracia de nuestro Señor Jesucristo.
|
|