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LA GRACIA EN EL NUEVO TESTAMENTO

Por Ramón R. Herrera

 

Es asombroso que la gran mayoría de los creyentes sepan tan poco y tan equivocadamente, lo que dicen saber, de esta poderosa verdad de las Sagradas Escrituras, que es fundamento mismo de no sólo nuestra fe, sino de la obra redentora de Cristo.

   Esta verdad se debate en el día de hoy tristemente entre dos extremos que parecen irreconciliables, aquellos que la ignoran y hasta la persiguen y los otros, que según Judas: “Son hombres malvados que toman la gracia de nuestro Dios como pretexto para una vida desenfrenada, y niegan a nuestro único dueño y Señor Jesucristo”. Sin olvidar aquellos que en el pasado la creían y la predicaban, y en la actualidad la han olvidado, no se sabe por qué razones.

   Comenzaremos, pues, esta tarea con el único propósito, que aunque lo haremos muy someramente a causa del espacio de que disponemos.

En San Juan 1.17 leemos: “Pues la Ley por medio de Moisés fue dada, pero gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo”

   La gracia es parte muy importante, y peculiar del cristianismo en cuanto a su experiencia, y tanto el apóstol Pablo como el cristianismo le han dado el significado que jamás había tenido, por tanto, en esta oportunidad no hablaremos de gracia en el Antiguo Testamento (vea ese tema en nuestros estudios bíblicos en esta misma página), aunque se encuentra manifestada, ya que es en el Nuevo Testamento, especialmente en los escritos del apóstol Pablo donde encontramos su manifestación más explicita, lo que podemos llamar con justicia un despliegue de la gracia de Dios, ya que todo lo que ocurrió anteriormente es considerado como la preparación para Cristo y todas las demás cosas que fueron afectadas por El. No hay duda de que gracia fue el énfasis de la misión de Cristo, siendo El mismo la encarnación de la gracia de Dios.

  El desarrollo de la gracia como doctrina cardinal fue, sin lugar a discusión alguna, obra del apóstol Pablo, quien nos regala en su cartas el más amplio material que todos los escritores juntos del Nuevo Testamento.

 

ANALICEMOS LA GRACIA EN LOS CUATRO EVANGELIOS

 

La palabra jaris, que tiene más de un significado en el griego, se usaba para aquello que causaba una impresión favorable o de agrardo, también se usaba de una manera subjetiva en relación con la respectabilidad de una persona, y para referirse a un favor definido, se usaba para señalar un sentimiento de reciprocidad producido al recibir o conceder un favor, teniendo el sentido de gratitud como adverbio de modo; ejemplo: por causa o en lugar de “jaris”. Es también la gracia o favor de Dios que ofreció a Jesucristo su Hijo, y los beneficios de las personas a quienes El recibe. La gracia en el Nuevo Testamento es indudable el elemento no solo básico, sino a la vez característico del Evangelio.

   También el Nuevo Testamento emplea otras palabras que están íntimamente ligadas con  jaris, siendo una de ellas jaristoo, que significa dar gracias. Otra palabra es charisma, don, y es empleada casi exclusivamente por Pablo en el Nuevo Testamento, con excepción de (1 Pedro 4.10), y cubre el don de salvación. Así mismo los dones para el ministerio i en el servicio que Pablo sumariza  en los capítulos 12,13, y 14 de 1 a los Corintios, en Romanos 12 y Efesios 4. Estos jarismas otorgados por Dios vienen sobre el creyente por la única razón de que son herederos de (jaris) la gracia.

   A manera de resumen, mencionaremos la relación existente entre la misericordia y la gracia, la primera implica piedad, mientras que la segunda es favor no merecido, la primera tiene que ver con toda la creación, mientras que la segunda con los elegidos de Dios.

 

   Finalmente, aunque la gracia incluya todos los significados hebreos y griegos, alcanza niveles imposibles de medir al unirse con el único y suficiente salvador, que es nuestro Señor Jesucristo.

   Esta palabra jaris, la encontramos solamente once veces en los evangelios (Lu. 1,28, 7.21, 42,43, 6.32, 34, 17.9) La idea es la de conceder un favor, que incluye el perdón, la restauración de la visión, y en el caso de María el privilegio de haber sido escogida para ser la madre del Salvador, (Lu. 2.30,52).

   Por otra parte, en Lucas 4.22, el  uso de jaris puede plantear un problema “Y todos le daban testimonio, y estaban maravillados por las palabras de  gracia que salían de su boca, y decían: ¿No es este el hijo de José? Aquí la frase dice literalmente: “las palabras de gracia” dado que en Antiguo Testamento, ese era el tiempo cuando vino y ministro Jesús, el significado de gracia era un tanto distinto que el significado de jaris, en el Nuevo Testamento, si la palabra usada en boca del escritor fue chesed, lo cual no es probable, ya que Lucas era griego, el significado sería “palabras de misericoirdia”. Nos  inclinamos a creer que Lucas usó definitivamente jaris, y es más acorde, ya que no es difícil entender que las palabras de Jesús eran palabras de gracia”.

   Este texto sería compatible con (Hch 14.3,20;32). Con excepción de (Lucas 4.22), el sentido total cristiano de la gracia lo podemos  encontrar en (Jn. 1.14,16,17). En estos pasajes se enseña  que Cristo es la revelación de Dios porque estaba lleno de gracia y de verdad. Aparte de estos episodios en que ocurren las palabras para gracia, hay historias y parábolas que sirven para ilustrar la gracia, estando la mayoría de ellos en Lucas.

   (Lc. 7.36-50) respecto al perdón de los pecados, la parábola de gran cena (14.16-24), las parábolas de la oveja perdida, y el hijo pródigo en el capítulo 15; la parábola del fariseo y el publicano (18.9-14) y el relato en detalles del ladrón arrepentido pendiente del madero (23.39-45).

   Otras parábolas, como el relato de los labradores de la viña (Mt. 20.1-6) la parábola de las bodas (Mt. 22.1-14) y la conversación y la posterior conversación de la mujer samaritana (Jn. 4.6-26).

   Resumiendo, si bien en los evangelios no podemos encontrar un desarrollo teológico de la gracia, ya hemos dicho que los evangelios no son parte del Nuevo Testamento, como doctrina ya que la mayor parte de la palabra gracia se emplea en formas hebraicas muy poco técnicas.

 

LA GRACIA EN EL LIBRO DE LOS HECHOS DE LOS APOSTOLES

 

   Tal y como ocurre con otras doctrinas este libro, escrito por Lucas, ofrece lo que llamaríamos un puente que enlaza la doctrina de la gracia, que va desde su uso general y eventual en los evangelios, al uso teológico completamente desarrollado en las epístolas de Pablo.

   Tal y como es de suponer, el sentido hebraico de la gracia (chesed) aparece en este libro a pesar de que su autor era griego (2.4) , haciendo referencia en dos ocasiones a cosa del Antiguo Testamento (7.10) en otros casos se usan con la connotación de favores seculares (24.27; 25.3). Cuando estudiamos el ministerio de Pablo en sus inicios vemos que (jaris) se usa como sinónimo de los resultados de la predicación del evangelio (14.3;20.24-32).

   Esta es una prueba de que la iglesia primitiva comprendió, a pesar de su visible legalismo, que el signo distintivo del evangelio era la gracia, y que el centro mismo de esta lo era Jesucristo. Además, la  gracia no solamente era considerada como contenido del mensaje del evangelio, sino como medio de llevar ese mensaje a las personas (15.1; 18.27). Estos dos pasajes tienen que ver con la inclusión de los gentiles en el plan de Dios para la salvación específicamente mediante la gracia y no por las obras de la Ley; esta fue, sin duda alguna, la conclusión del concilio de Jerusalén.

   También ciertos dones se le atribuyan al obrar de la gracia, y los mismos no son dones para la salvación sino como fruto de ella (4.3); el cambio de las vidas eran una manifestación de la gracia de Dios (11.33). Podemos entender también que para el escritor de este libro el cambio  operado en la vida de Esteban (6.8) era el resultado de la gracia de Dios operando en su vida.

   En este libro la gracia fue considerada como equipo necesario para el trabajo misionero particularmente la obra de cuidar a los enviados de Dios (14.26; 15.40).

 

LA GRACIA EN LAS CARTAS PAULINAS

 

   No hay discusión posible en el sentido de que el estudio más importante en cuanto al desarrollo de la gracia en el Nuevo Testamento, es el de las cartas del apóstol Pablo, pues, para este gran hombre de Dios la gracia era fundamental. El pensamiento del apóstol podríamos resumirlo en una frase “soy lo que soy gracias, a la gracia de Dios” , en otras palabras todo viene debido a la gracia, a la vez que la gracia es todo. Todas sus epístolas terminan de la misma manera que empiezan, con una mención de la gracia entrelazada con le fruto inmediato de la misma, la paz.

 

PRIMERA Y SEGUNDA DE TESALONICENSES

 

   Estas cartas son consideradas las primeras escritas por Pablo, y en ellas la gracia se menciona específicamente dos veces, solamente en la segunda epístola, exceptuando, por supuesto, la costumbre establecida de los saludos al principio y al terminar la carta, pero la idea se destaca con toda claridad en la primera y en el primer capítulo (1.4) donde menciona la elección como acto de la gracia de Dios.

   En la segunda carta, el apóstol atribuye a la gracia, todas las pruebas por las que atraviesa la fe y el amor especialmente durante el tiempo del sufrimiento (1.12). El fin deseado de la gracia de Dios, mientras  en las pruebas del Señor nos anima por medio de la gracia (2.16-17).

   La gracia mantiene a los creyentes firmes, ayudándoles a evitar la vacilación y dirige su atención solamente a la esperanza  bienaventurada de su glorioso futuro.

 

LA EPISTOLA A LOS GALATAS

 

   A causa de la realidad histórica de esta carta, la gracia en Gálatas  está relacionada principalmente con el mensaje del evangelio. Los legalistas, al igual que hoy, habían pervertido el evangelio, añadiendo el rito de circuncisión cómo requerimiento para la salvación y las obras de la carne (el cuerpo) como necesarias para la santificación.

   Se apoyaban exclusivamente, tal como los días de hoy, en la fe histórica del Antiguo Testamento, así como a las inclinaciones naturales de la carne de obtener recompensas por sus obras.

   Rechazando los argumentos de Pablo señala que promesa del Antiguo Testamento que tenía que ver con una herencia de Abraham,  fue concedida mediante la gracia (3.18), donde el verbo se expresa de esta manera. “Dios la dio por gracia a Abraham mediante la promesa”.

   No importa lo que la Ley requería mediante la circuncisión, esta no podía anular la promesa, pues esta se otorgaba no por méritos en obras, sino por gracia condicionada solamente por la fe.

   Al mismo tiempo, Pablo contrasta cualquier justicia que emana de la gracia mediante la fe (2.21). Enseñar o predicar la justicia de cualquier manera que no sea por gracia, no es otra cosa que anular la gracia de Dios, ya que el hacerlo así se niega el valor de la muerte de Cristo en la cruz.

   Contra el “prestigio” de que se ufanaban los legalistas, por el hecho de su procedencia, el apóstol los confronta con su  llamamiento apostólico, el cual según el propio Pablo, no dependía de los hombres sino de Dios y  por gracia (1.15)  con el propósito de revelar a Cristo a en Pablo para que éste a su vez lo predicara a los gentiles.

   Continuando con su testimonio Pablo se remite a su experiencia del camino de Damasco, donde fue llamado por la intervención directa de Cristo en un acto de su soberana gracia., y que después de aquella experiencia no fue a consultar con migan otro apóstol, por tanto su apostolado era el resultado directo de la gracia. Esta experiencia vivida por Pablo fue confirmada por los dirigentes apostólicos muchos años después. No sería del todo descabellado relacional el capítulo 2 de Gálatas con el concilio de Jerusalén registrado en el capítulo 14 del libro de las Hechos, tanto Pedro, Juan así como Santiago reconocieron la gracia del apostolado recibido Pablo y en prueba de tal reconocimiento le dieron la diestra de compaña (2.9). Aquí notamos que la gracia es empleada como sinónimo de apostolado, y en toda la controversia de los Gálatas no hay duda que representaba un sinónimo muy importante.

Finalmente, los legalistas apelaron, tal como lo hacen en el día presente, a las inclinaciones naturales de la carne para imponerse la tarea de hacer méritos delante de Dios. Este principio erróneo que significa la justificación por el “obrar de la carne” lo denuncia Pablo fuertemente y lo esgrime con claridad en oposición con la gracia (1.6, 7). Aceptar este perversión que más adelante define como queriendo ser justificados por la Ley de Moisés,  es “caer de la gracia”. Esto  no significa en ningún momento perder la salvación. (5.4). Pues, como todos sabemos es la gracia la manera establecida por Dios para la justificación, buscar cualquier otro medio es dar la espalda a lo establecido por Dios.

   La gracia no necesita nada de la  Ley, particularmente de la circuncisión, ya que la gracia produce una conducta moral muy propia que tiene su origen en Cristo. Tanto la gracia, por la obra de Cristo y el evangelio son términos afines en el argumento que Pablo presenta en el capítulo 5. De esta manera, en la epístola de los Gálatas aprendemos que la . Aquí todo es de gracia, así como que la gracia es para todos la gracia es la contestación definitiva a todo argumento de los legalistas de ayer y de hoy, ya que como bien dice Pablo: “Porque el fin de la Ley es Cristo” (Ro. 10.14). Creemos que en ninguna otra epístola  podemos  encontrar otra exposición más amplia y particular de la gracia en la obra de Cristo tan claramente expuesta como en Gálatas Aquí todo es de gracia, así como que la gracia es para todos los elegidos de Dios.

 

PRIMERA A LOS CORINTIOS

 

   Al adentrarnos al estudio de la gracia en esta carta paulina el uso de jaris, se puede notar en cuatro categorías básicamente. En relación con  el propio apóstol y su rendición a Cristo en el camino de Damasco (1 Co. 15.10). No hay duda de que fue la gracia lo que cambió el curso de la vida de Pablo y lo que guió una vida de servicio abundante. En segundo lugar, Pablo emplea jaris  como capacitación en el envolviendo del servicio cristiano (1 Co. 15.10).

   También Pablo da todo crédito a la gracia en cuanto a su salvación y revelación (3.10). En tercer lugar emplea jaris en el sentido común de agradecimiento (10.30). En último lugar, la gracia según la enseñanza paulina incluye los dones espirituales que estaban presentes en la asamblea de los corintios (1.4) y da una delineación de los mismos en el capítulo 12 de esta epístola, usando el nombre de jarisma, o lo que es lo mismo, como ya hemos explicado anteriormente como dones de gracia (124,9.28.30.31) es muy significativo que jarisma, sólo lo usa Pablo en todo el Nuevo Testamento con la excepción ya apuntada anteriormente de (1 Pe. 4.10) y se usa para presentar las actitudes dadas por Dios para el servicio cristiano.

   También, en los primeros capítulos de esta carta, Pablo enseña acerca de los propósitos de Dios en cuanto a la elección, como una prueba irrefutable de la gracia. Esta revelación nos llega por lo que Pablo llama “la locura de la predicación”, así como el llamado a los débiles y menospreciados de este mundo (1.18-29), aquí también como en 2 de Tesalonicenses  esta gloriosa gracia tiene el propósito de glorificar a Dios.

 

SEGUNDA A LOS CORINTIOS

 

   En la segunda a los corintios la gracia se relaciona en varias categorías. En primer lugar, se habla de la gracia salvadora (6.1) y de la misma manera que en la primera (15.10) se le ve en intima relación con el servicio. Más adelante Pablo nos habla de la gracia que capacita relacionándola en (4.5) con la gloria de Dios, a través del sufrimiento con motivo de la persecución. Otro caso también está relacionado con la prueba y el padecimiento (12.9) el aguijón en la carne de que habla Pablo a causa de un mensajero de Satanás que le abofeteaba, esta situación generó una capacidad especial en el apóstol que nos enseña como el Señor lo confortó con la poderosas palabras bástate mi gracia”

  En tercer lugar, la gracia (jarisma), es considerada como un regalo (1.11) y tal perece que Pablo habla aquí de la liberación de una dificultad temporal y la denomina don de la gracia. También habla de jaris relacionándola con su vida (.12) y la presenta en contraste con la sagacidad mundana y mostrando la gracia como regla de comportamiento cristiano, no sólo dentro de la asamblea de la iglesia, sino entre los que no son de Cristo, en este sentido la gracia es lo que nos lleva a una vida excelente, siendo la anuladora de la astucia mundana, y se opone a la  exaltación del yo en todos y cada uno de los actos de la vida cristiana.

   En último  lugar y el más destacado uso de la gracia, y en un tema que posiblemente es el más distintivo de todo el Nuevo Testamento, ya que sienta las bases del Nuevo Pacto para las ofrendas, o sea el uso del dinero, en los capítulos 8-9, y esto es lógico ya que si la gracia en el Nuevo Testamento se presenta como un don que Dios hace de su Hijo, la palabra bien se puede usar para expresar la acción bondadosa y desprendida que confirman los dones de las personas. La gracia en última instancia significa dar, tanto para las personas como para Dios. En este pasaje contemplamos varias cosas facetas respecto a la relación existente entre la gracia y el dar, de lo cual resulta  “la gracia de dar” o sea el manantial de dar es la gracia (8.1). 

   Generalmente los seres humanos quieren siempre recibir, no así los cristianos, gracias a su naturaleza espiritual, quieren dar o mejor dicho están llamados por Dios a dar, de ahí el peligro de ser manipulados por los legalistas que constantemente atemorizan a los creyente a dar para cualquier obra que se les antoja, notarán que los legalistas nunca terminan ningún proyecto, siempre lo están alargando o haciendo  planes para seguir pidiendo y ofreciendo bendiciones a los que humildes y sinceramente caen en sus sutiles o mundanales estrategias para pedir, para hacer “la obra de Dios” (8.4,6,7,19).

   El mayor ejemplo para dar es la gracia de Dios manifestada en el don de Cristo (.8.9). Cristo renunció a sus privilegios en el cielo con el único propósito de llevar a vías de hecho el plan salvador de Dios nuestro Padre. Finalmente, la recompensa de dar es una especie de adición” de gracia (9.8). Esta generosidad será recompensada con mayor gracia, lo cual se traduce en prosperidad material, así como crecimiento de su carácter cristiano, y concluye el apóstol recordando a sus lectores que la gracia de dar se debe totalmente a la obra de  gracia de Dios en ellos (9.14).

 

LA EPISTOLA A LOS ROMANOS

 

   Siendo Romanos la más teológica de las cartas de Pablo, es donde encontramos el desarrollo más sistemático de la gracia. Para el estudiante con espíritu de conocimiento y revelación, esto es natural que así sea ya que el centro del evangelio para Pablo es el poder de Dios para salvación, y la gracia se emplea como sinónimo del evangelio de salvación. A manera de introducción, el Apóstol habla de la gracia salvadora y de su llamamiento que ha recibido con  el propósito de traer a otros a la obediencia de la fe (1.5).

   De una manera poco usual, Pablo, después de una introducción larga, tenía que darse a conocer entre los romanos, pues el apóstol nunca les había visitado, comienza a desarrollar el tema de la gracia y presenta la salvación en contraposición con el pecado, ya que si podemos entender lo que el pecado ha hecho entonces entenderemos y agradeceremos mucho más lo que ha hecho la gracia.

   Su pensamiento acerca de la justicia (1.17) nos muestra los terribles efectos del pecado. Como resultado nos enfrentamos aquí a una visión extensa en la primera sección (1.16-3.20) en una clara referencia al carácter de la humanidad, donde Pablo prueba que todos hemos fallado, incluyendo a los judíos, y han fallado en cumplir los requisitos espirituales propuestos por Dios. Rápida mente Pablo pasa de lo negativo a lo positivo (3.21-5.21). Inmediatamente nos menciona la gracia (3.24) y en unos pocos versículos nos presenta la mayoría de las palabras que son la clave de la fe, tales como justicia, fe, justificación, gracia, redención, propiciación y remisión. La gracia se relaciona con estos conceptos en la enseñanza de Pablo con la declaración de Pablo en Romanos 3.24 “Siendo justificados gratuitamente por su gracia, por la redención que es en Cristo Jesús”

   La justificación es el acto legal de Dios mediante el cual se declara a una persona justa, y esto es el fin determinado en la obra de salvación de Dios declarara ante la humanidad que un pecador ha sido declarado justo ¡Aleluya! Ojalá que todo cristiano entendiera esta realidad de que ha pesar de los legalistas y sus enseñanzas la persona nacida de nuevo para Dios es totalmente justa. ¿Cómo se lleva a cabo esta obra? De una manera gratuita, o lo que es lo mismo sin que haya mérito, razón alguna en nosotros (Juan 15.25).

   La frase “por su gracia” nos indica el origen de la acción que lleva a la justificación. Todo este argumento lo prueba Pablo de una manera irrefutable, la fe de Abraham (4.1-25). Dos recesen este capítulo dice enfáticamente que la justicia se aplicó  al Patriarca de acuerdo con lo establecido en la gracia (vv 4,16).

   Está claramente expuesto, pues, que la gracia, según la enseña  el apóstol Pablo, no está limitada al don de Cristo, sino que incluye y determina toda la relación de la cual participa el creyente. Este es el sentido del uso de jaris al cual nos introduce ahora Pablo ( 5.2). Se declara que el creyente “está firme” en la gracia, declaración que ratifica, en el más amplio sentido, la posición que nos otorga la gracia. La justificación no es un “pase especial” que nos permite esperar en una antecámara, es la admisión que nos permite llegar al lugar santísimo.

   La gracia no sólo nos lleva a la presencia de Dios, sino que además hace que nos gocemos en la consumación de nuestra redención, cuando somos pacientes en las pruebas de cada día y al mismo tiempo experimentamos el gran amor de Dios que arde en nuestros corazones. Por la gracia hemos sido plantados por Dios en un completo estado de gracia eterna y eficaz. Esta sección termina con la presentación de contraste entre Adán y Cristo. O sea: ofensa y donde, muerte y vida, trasgresiones y gracia. La posición en que nos coloca la gracia es abundante (v.17) y reina en nosotros para vida eterna por nuestro Seٶor Jesucristo (v.21). De igual manera esa perfecta justificación que nos ha sido imputada por la gracia se nos imparte a  y así la consideramos totalmente nuestra.

   La vida de santidad es el tema de la tercera gran sección de esta carta (6.1-8.39). Naturalmente exceptuando la presentación, de la elección, no  sólo con respecto a Israel sino con todos los llamados a salvación y los reprobados, constituyen el tema del resto de la epístola. No podemos excluir a la gracia de la santificación (6.1,14,15) ya que estar en gracia es el fundamento para la vida santa. Ya Pablo nos enseñó anteriormente que la Ley nos ofrece el conocimiento de pecado (7.7) pero ¡Gloria a Dios! La gracia nos trae la libertad del pecado y de la muerte y nos pone en el camino de la victoria.

   En la sección (9-11) que hemos considerado un paréntesis, respecto de la elección y el pueblo de Israel, Pablo emplea la gracia dos veces (11.5,6). El que tanto los judíos como los gentiles fueran salvos, no es sino una manifestación de la gracia, pero tal y como ocurrió con Abraham en el capítulo 4, las obras y la gracia se presentan como encontradas la una contra la otra (v.6).

   En la sección final de la carta, el apóstol Pablo atribuye los dones espirituales a la bondad de la gracia, considerando como verdadero el hecho de su caso personal (12.3) así como en el caso de otros creyentes (12.6). El significado que tiene la gracia para el creyente es una combinación de dones espirituales, que han de ejercitarse como un ministerio a favor de otros.

   Haciendo un resumen de lo expuesto, la gracia en Romanos incluye: La gracia del servicio, la justificación, la santificación, la elección, y los dones espirituales. Queda demostrado que cada área de la vida cristiana se edifica sobre las bases del favor inmerecido que Dios nos ha concedido y que fluye del don de su propio Hijo “la gracia y la verdad por Jesucristo fueron hechas (…) Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia por gracia” (Juan 1.17,16).

 

LA EPISTOLA A LOS EFESIOS

 

   Los diversos usos de jaris  en Efesios se pueden considerar como gracia para salvación, gracia para hablar y gracia par el servicio. La gracia salvadora la cual llamaba Calvino gracia irresistible, es una disposición de carácter reciproco. Dios, al darnos a su Hijo, nos  ofrece redención y la remisión de los pecados, “según las riquezas de su gracia” (1.7) y se declara enfáticamente que la salvación no puede conseguirse por medio de las obras (2.5,8). Al mismo tiempo las personas objetos de esta gracia, han de darle la gloria a Dios (1.6.2.6,7). Sin embargo, la grandeza del amor de Dios así expresado y recibido por el pecador, es algo por lo que tampoco los creyentes pueden alegar mérito alguno, toda vez que única razón por la que puede mostrar la gracia, tanto aquí como en la eternidad, es simplemente porque la ha recibido, Dios se la concedió como acto de soberana gracia por el que no tiene mérito alguno. Sin lugar a dudas, todo es de gracia por gracia y para gracia.

   La gracia para el servicio cristiano que la presenta Pablo (3.2,7,8) en relación con su llamamiento y ministerio. En su caso particular, el ministerio para el cual fue llamado consistía en dar a conocer la revelación de la gracia. Este misterio, que no fue revelado en el Antiguo Testamento, sino en el Nuevo, era sencillamente que los gentiles son coherederos miembros del mismo cuerpo y participantes de la promesa de Cristo a través del evangelio (3.6). El apostolado de Pablo consistía básicamente el hecho de que la gracia es para todos.

   Al mismo tiempo todos los creyentes también son llamados al servicia y a ser posible que este servicio se realice  es precisamente por la gracia de Dios derramada en los corazones de los hijos de Dios. La enseñanza sobre los dones comienza con la declaración de que  “a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo” (4.7). El  propósito de esta múltiple distribución de los dones de gracia es la perfección de los santos mediante su crecimiento en el conocimiento de la verdad revelada (vv. 12,13) .

   El verdadero servicio cristiano sólo se puede llevar a cabo mediante el verdadero ejercicio de los dones espirituales, de la misma manera los dones de gracia, solamente se pueden llevar a cabo mediante los dones espirituales, de tal manera que todo servicio cristiano es el resultado de la gracia dada “según la medida del don de Cristo” (4,7)

   Pablo trata en Efesios de la gracia necesaria para agradar a Dios en nuestras conversaciones (4.29). Nuestro hablar consiste en hablar con gracia ministrando a nuestros oyentes. Digamos lo que digamos, siempre será como, o debe ser como regalo, un regalo al que nos oye. Todo nuestro lenguaje debe ser en beneficio de nuestros oyentes. El hablar con gracia ha de ser útil y tiene que agradar al Espíritu Santo, sin que mostremos  ninguna de las características expresadas en el versículo 31. El hablar con gracia se hace imperativo y necesario, ya que no hay otra manera de controlar la lengua. (Col.4.6).

 

EPISTOLA A LOS COLOSENSES

 

   Estas dos epístolas se escribieron juntas y, por lo tanto, es de esperar que las referencias a la gracia en ambas cartas sean similares. Aquí la palabra gracia es sinónimo de: “La Palabra verdadera del evangelio”  (15,6). Lo mismo que enfatiza Pablo en otros lugares, aquí también la gracia salvadora se manifiesta como vida fructífera. De igual manera que en Efesios la gracia se relaciona con el hablar también se menciona (4.6) recayendo el énfasis sobre el contenido de las palabras y no sobre el efecto que estas causen a los oyentes.

   La conversación del creyente ha de ser con gracia y esto hay que entenderlo de dos maneras: Hablaremos dándonos cuenta de que no merecemos ningún favor a los ojos de Dios, y de que todo cuanto somos o esperamos ser se debe a la gracia de Dios. Además de ello jaris en este versículo puede significar algo más que simplemente gracias; por lo tanto, combinando estas dos ideas, nuestra conversación debe ser siempre consciente del favor inmerecido que se nos da y cada palabra debe ir sazonada con gracia, e impregnada de agradecimiento a Dios. Una nueva relación con la gracia se nos menciona en colosenses y es relacionada con el canto y la alabanza (3.16). Tanto el canto, y las canciones espirituales han de salir de corazones llenos de gracia,

   De igual manera como en el caso de la conversación con gracia, el canto con gracia significa cantar dándonos cuenta de que todo lo que hacemos es producto del favor inmerecido que nos otorga Dios y de que cantar con gratitud a causa de nuestra situación de gracia es algo que la gracia nos ha concedido.

   Por su parte es oportuno señalar que la pequeña carta escrita a Filemón contiene la palabra jaris tan sólo en el saludo acostumbrado y la bendición paulina (vv.3,25).

 

LA EPISTOLA A LOS FILIPENSES

 

   La única mención de la palabra gracia, fuera del saludo y la despedida que encontramos en esta epístola se encuentra en (1.7) “Como me es justo sentir esto de todos vosotros, por cuanto os tengo en el corazón; y en mis prisiones y en la defensa y confirmación del evangelio, sois todos vosotros compañeros de mi gracia”.

   Esta iglesia de Filipos había sido compañera del apóstol Pablo en la gracia, no tan solo porque compartían la misma salvación, sino que también compartían los sufrimientos y el dinero. Sin duda alguna el Apóstol tenía lazos muy íntimos, entretejidos en la salvación que disfrutaban en el mantenimiento común que compartían.

 

LAS LLAMADAS ESPISTOLAS PASTORALES

 

   Es de notar que la importancia que se da a la gracia en las epístolas pastorales es muy inferior a la data en los otros tratados paulinos, con una sola excepción, el saludo y la despedida acostumbrada, se ciñen solamente a la gracia salvadora.

   La excepción a esta regla la encontramos en (2 Timoteo 2.1), donde la posición del creyente a la que ha llegado por gracia, se convierte en el fundamento para la exhotación. Las otras referencias están relacionadas con algún  que otro aspecto de la salvación. Trayendo a la memoria su vida dentro del judaísmo presenta un contraste con su nueva posición en cristo, el testimonio de Pablo era “Mas la gracia de nuestro Señor fue más abundante con la fe y el amor que es en Cristo Jesús” (1 Timoteo 1.14).

   Las demás referencias se relacionan con la gracia del advenimiento de Cristo (2 Timoteo 1.9), Tito 2.11), con su rasgo característico en el Nuevo Testamento, y una referencia que une la gracia con la justificación (Tito 3.7). El contexto de Tito 2.11 da énfasis a la manifestación de los efectos de la revelación personal de Cristo en la vida fructífera del creyente.

   En resumen, en el uso que hace Pablo de jaris hay que hacerle algunas observaciones. (1) el origen de su concepto hay que regresarlo a su experiencia en el camino de Damasco. Siendo fariseo Pablo aprendió en una escuela legalista que todo había que ganarlo, al igual que enseñan los legalistas del día de hoy’

   Cuando Cristo se le apareció le mostró al fariseo, que era Pablo, que lo que él estaba buscando mediante las obras, era un don gratuito, de la gracia. La justificación que la Ley mosaica no podía dar, se daba ahora libremente por medio de la gracia (Hechos 13.39). Fue entonces  que Pablo se dio cuenta de que en toda su vida y ministerio, el llamamiento al apostolado y al discipulado, así como su poder para comunicar y enseñar se debían únicamente a la gracia (1 Corintios 15.10); Gálatas 1.15). (2) En cada oportunidad que Pablo escribe de la gracia, lo hace mencionando que es de  Dios. En todas sus cartas no podemos encontrar referencias  a favor de los seres humanos para con ellos mismos, sino solamente el favor de Dios, la gracia, para con los seres humanos.

   Reconocía siempre que Dios esra la fuente de toda gracia y, además, invariablemente Pablo unía esta manifestación de la gracia de Dios a la aparición de cristo. Según Pablo ésta era la característica  del despliegue de la gracia en el Nuevo Testamento y, con su aparición y debido a su obra, lo que la Ley no pudo darnos, la justificación, la da Cristo libremente, a todos los que son elegidos y predestinados (Efesios 1.5-12) para los que son habilitados por Dios para poder creer.

   La gracia de Dios, opina Pablo, era la gracia de Cristo, como tal, y estaba concentrada en le sacrificio de Cristo (2 Corintios 8.9; Gálatas 6.1-23). (3) Este concepto que enseña Pablo lo concebía como absolutamente libre (Romanos 3.24; 5.15; Efesios 2.8) y, además, es poder permanente en el campo de la salvación y de la justificación (Romanos 5.12-21; 6.1-23). La gracia es para los elegidos de Dios, tanto judíos como gentiles, mientras que la misericordia envuelve a todos los  seres humanos y a la creación por igual. La gracia en el pensamiento de Pablo representa la suma de la totalidad de las bendiciones de Dios para el creyente (Efesios 1.7; 3.8). La gracia salva, justifica, llama, santifica, equipa para el servicio, confirma, liberta, controla el vocabulario y el canto. No podemos escatimar el reconocimiento que merece el apóstol Pablo por la preeminencia que da en el Nuevo Testamento de la gracia de Dios.

 

LA EPISTOLA DE LOS HEBREOS

 

   Las características principales del uso de jaris en esta carta son su variedad y también su singularidad. La palabra aparece solamente siete veces, pero muestra la variedad de comprensión y de profundidad del apóstol Pablo. Esta epístola fue escrita especialmente a los que se comprometían con le judaísmo (legalismo) y a los  apóstatas de la fe. Jaris nos lleva de una manera franca y directa al corazón de este asunto.

   Al declarar la autoridad de cristo y su superioridad, Pablo le compara con los profetas del Antiguo Testamento, con los ángeles, con Moisés y también con Josué. Al llegar a la cima de la comparación lo hace analizándolo con los ángeles y declara que Cristo fue coronado de Gloria y Honor a causa de haber sufrido en el madero, al objeto de que por la gracia de Dios muriera a favor de su pueblo, su Iglesia, (2.9). Expresándolo de otra manera la gracia de Dios preparó  aquella redención que la Ley no podía ofrecer, y la hacerlo se convirtió en el camino para la coronación de Cristo. La frase “por la gracia de Dios” nos muestra el motivo divino, la misión de Cristo y la obra del Espíritu Santo.

   Cuando finaliza la primera sección de la epístola, que contiene estas comparaciones, Pablo advierte a sus lectores que han de hacer lo mismo para no fracasar en su entrada al descanso de Dios que ha preparado. Al presentarnos un recuento de las experiencias del pueblo de Israel en el desierto tiene por objeto ofrecernos un recuerdo muy vívido de la necesidad que tenemos de aceptar las promesas de Dios. Colocados frente a este fondo de contrastes y experiencias que nos regala en el versículo final son muy interesantes; “Lleguémonos pues confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia, y hallar gracia para el oportuno socorro” (4.16).

   La gracia es colocada en posición de esplendor real del poder soberano de Dios. La gracia en el trono de Dios lo hace un trono de gracia, y porque es de esta manera, el creyente debe esperar encontrar gracia en el tiempo de necesidad. En otra advertencia, Pablo emplea una frase que es única: “el Espíritu de Gracia” siendo éste el único ejemplo en el Nuevo Testamento en que une al Espíritu Santo con la gracia, quedando en el aire la pregunta de Romanos sí ésta se refiere al Espíritu Santo o al espíritu humano (natural) de Cristo. Pero aquí se reconoce que es el único que aplaca la gracia en los corazones de los creyentes en su obra de regeneración.

   Los restantes casos de gracia en la epístola se relacionan, de una manera u otra, con la experiencia de la vida cristiana, llamando al crecimiento de esta experiencia “uno de gracia”, 12.15 se hace una advertencia a los lectores que no deben quedarse cortos en aprovechar lo que Dios quiere hacer con ellos por medio del crecimiento y el progreso, para ello es necesario la ayuda de la gracia (12.28; 13.9). También contiene esa carta un pasaje muy importante en el que, si bien la palabra gracia no se menciona, aparece la Ley y la gracia en contraste la una contra la otra (12.18-24).

   No es más que una elaboración de la declaración del evangelista Juan: “Porque la Ley por Miosés fue dada; más la gracia y la verdad por Jesucristo fue hecha” (Juan 1.17). En este párrafo el escritor de Hebreos, Pablo, incorpora varios contrastes distintos, Moisés y Cristo, el monte Sinaí  con el monte Sión, la vida y la muerte. La antigua dispensación se ilustra con la visión aterradora de la entrega de la Ley en el monte Sinaí. Se hace notar que Moisés reaccionó con temor y temblor por cuanto la Ley no podía en si misma ofrecer seguridad alguna para la vida. Contrariamente el creyente ha recibido un lugar en la ciudad celestial y la gracia de Dios le libera por medio de la muerte de Jesús, el  Mediador del Nuevo Pacto, que es el único que lo ha cumplido todo, y con todo.

 

LAS LLAMADAS EPISTOLAS GENERALES

 

   Con la excepción de primera de Pedro, que es una epístola de gracia, los usos de la palabra gracia son muy escasos en las epístolas generales. Por ejemplo, Santiago emplea la palabra sólo dos veces (4.6) y es la conclusión de una exhortación en relación a servir a dos señores. Evidentemente había mucha riña en las reuniones de las asambleas porque estaba dividida la lealtad, tenía como consecuencia que las oraciones de los creyentes no fueran contestadas y era ofensivo para el Señor, que desea poseer todo lo nuestro.

   A quien concede el Señor toda lealtad, sin dividirla, Dios le concede mayor gracia. Esto, como es  natural, en este caso, incluye más contestaciones a las oraciones, así como el suplir de las necesidades materiales. La cita de proverbios 3.34 en la última parte del versículo y el 1 de Pedro 5.5 son las únicas citas de la septuaginta en el Nuevo Testamento que incluyen “gracia”. Es de notar que 4.6 contiene el  único uso de jaris. Santiago ciertamente  expresa la idea de favor o dádiva del Antiguo Testamento en 1.17.

   En segunda de Pedro, la palabra “gracia” aparece solamente al comienzo (1.2) y al final (3.18). Esta última referencia no es como la conocida bendición, y “crecer en  gracia” que es de un uso muy amplio de la palabra. Significa que todo, en la vida de un creyente, desde el comienzo a fin a fin es de gracia, un don inmerecido de Dios, y que una comprensión plena de la gracia requiere el crecer en ella. La última asociación  del crecimiento en la gracia con el reconocimiento de Jesucristo muestra nuevamente en el Nuevo Testamento una relación uniforme de la gracia con Cristo. En 2 Juan, la única vez que aparece la palabra gracia, es los saludos. Y en la epístola de Judas se emplea la “gracia” para todo el mensaje cristiano, con énfasis especial en sus implicaciones morales.

   Algunos habían legado a la iglesia con doctrinas de contradicción, antimonia, lo que Judas describe como convirtiendo la gracia de nuestro Dios en disolución y negando a Dios…” (v.4). Consideraba Judas a esos falsos maestros como gente sensual, “que no tienen el espíritu” (v.19) porque el mensaje de gracia cuando se recibe, contrario al mensaje de los legalistas, se convierte en una vida santa, y nunca se toma como una “licencia para pecar”.

   Como ya dijimos al comienzo, la primera de Pedro es una epístola de gracia, lo que ha hecho que algunos se la atribuyan a Bernabé el compañero de Pablo. En honor a la verdad, como el mismo escritor declara, éste es el tema de la carta (5.12) y algunos de los usos que da Pedro a la palabra gracia resultan totalmente normales. Se le menciona en relación con los dones de gracia (4.10), que es la única referencia no paulina de jarismata. La relación es simplemente ésta; el mismo ejercicio de los dones mostrará la gracia de Dios, tanto en el hecho de que el ministerio se da al creyente y en el contenido de dicho ministerio que es la revelación de Jesucristo.

   Así mismo se usa la gracia con referencia a la vida del creyente (5.5,10), se da al humilde y está vinculada al sufrimiento. En 3.7 Pedro usa jaris con un sentido no muy claro: “como herederas juntamente de la gracia de vida” Cuya declaración puede  tener una connotación física o espiritual, puede significar que la gracia ha sido dada al marido y a la mujer como favor para poder producir una nueva vida física. O también puede referirse a la gracia de salvación espiritual de que la pareja cristiana es heredera. Los otros dos casos de gracia en la primera carta de Pedro son infrecuentes en gran manera, como lo es en 3.7 si se entiende en sentido físico, la primera es el uso de jaris como contenido de la profecía del Antiguo Testamento (1.1). Sin embargo, la referencia refleja tan solo la gracia en el día venidero. Que esta gracia tenía que revelarse en Cristo, no lo veían claramente, ni tampoco dice Pedro que la vieran. Hablando en términos generales, los profetas del Antiguo Testamento vieron poco más que el hecho de incluir a los gentiles en trato de favor inmerecido que Dios disponía para los elegidos.

   El otro único uso de la gracia es escatológico, las cosas finales, (1.13). Aquí la gracia se considera como una bendición que hay que recibir en la segunda venida de Cristo. En los otros libros del Nuevo Testamento, y particularmente en los escritos paulinos no se presenta a la gracia como objeto de esperanza. Sin embargo, que la gracia es salvación y la salvación se culmina totalmente en la segunda venida de Cristo, pero es oportuno aclarar que este énfasis es claramente expresado por el apóstol Pedro.

 

RESUMIENDO

 

   Del despliegue de la gracia en el Nuevo Testamento podemos sacar varias conclusiones.

1.       Jaris fue transfígurado y especificado por la aparición de Cristo. El es la revelación de la gracia de Dios en una forma que nunca antes se había experimentado. Esto es una característica muy especial de la presentación que hace el Nuevo Testamento de la gracia.

2.       Aunque el carácter de la gracia fue cambiado después de la venida de Cristo, el uso de la palabra “gracia” se cambió más gradualmente. En  los llamados evangelios sinópticos, y en los Hechos se empleaba con el sentido del Antiguo Testamento.

3.       El apóstol Pablo fue el instrumento humano principal que introdujo el cambio y se observa, porque no fue la primera ni en la última de sus epístolas, sino en las del medio, donde la palabra “gracia” aparece con mayor frecuencia. Podemos afirmar que Gálatas, con su controversia fue un factor importante en la presentación de la enseñanza de la doctrina de la gracia. Sin embargo, la verdad se había revelado con anterioridad en el camino de Damasco. Pablo no evolucionó por causa de las dificultades en Galacia, sino que lo que hizo fue emplearla y expresó sistemáticamente lo que Dios le había ya revelado por medio de Cristo.

4.       En el Nuevo Testamento ofrece gracia a todos los elegidos, lo que está en contraste con el Antiguo Testamento que restringe por lo general la oferta solamente a los “elegidos de la casa de Israel”, como siguen enseñando los en el día de hoy los legalistas. La gracia de Dios en el Nuevo Testamento, está bien visible y al alcance de todos los que se ciñen a enseñar en línea con la Palabra de Dios. Para algunos legalistas, la gracia es locura, y una grotesca mezcla de incomprensión, y a estas alturas no han podido entender que la salvación, y la conservación de la misma, en la vida del creyente, es absolutamente por la gracia de Dios, que  es no solo para esta vida sino para el futuro.

 

Escrito: Noviembre 28, 2006 - Enero 6, 2007

 

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