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EL PACTO DE GRACIA, SU NATURALEZA Y CARACTERISTICAS

Por Ramón R. Herrera

Cuando discutimos la naturaleza y características del pacto del pacto de la gracia se presentan varios puntos a nuestra consideración, como por ejemplo la notable diferencia entre el pacto de la gracia y el de las obras, las partes contratantes, contenidos, las características del pacto y sobre todo el lugar que desempeña Cristo en el pacto.

Comparemos el Pacto de Gracia con el Pacto de Obras

No hay duda que encontramos puntos de avenencia y estos son de carácter muy general. Los dos pactos concuerdan en cuanto a estos puntos.  a) al autor: Dios es el autor de los dos pactos solo Dios pudo establecer pactos como  estos. b) Las partes del contrato, en ambos casos son Dios y las personas; c) las condiciones y promesas; d) los contenidos de la promesa que en ambos casos es la vida eterna; e) el propósito es para la gloria de Dios.

De la misma manera encontramos puntos de diferencia. a) En el pacto de obras Dios se presenta como Creador y Señor; en el pacto de gracia, como Redentor y Padre. El establecimiento del primero fue impulsado por el amor y la benevolencia de Dios; en el pacto de gracia, por su misericordia y gracia especial b) En el pacto de obras las personas aparecen simplemente como criaturas de Dios rectamente relacionado con su Dios; en el pacto de gracia aparece como pecador que ha pervertido sus caminos y que puede presentarse únicamente como una parte en Cristo, el Fiador, Consecuentemente, no hay mediador en el primero, mientras tanto si lo hay en el último. c) El pacto de obras estaba sujeto a la eventualidad de la obediencia incierta de una persona cambiable, en tanto que el pacto de gracia descansa sobre la obediencia de Cristo como Mediador, obediencia que es absoluta y segura. d) En le pacto de obras la obediencia a la ley es el camino de la vida; En el pacto de gracia, ese camino es la fe en Jesucristo. La fe que era requerido en el pacto de obras era una parte de la justicia de la ley; en el pacto de gracia, en cambio, la fe es únicamente el órgano por medio del cual tomamos posesión de la gracia de Dios en Jesucristo. e) El pacto de obras era conocido en parte por la naturaleza, puesto que la ley de Dios estaba escrita en el corazón de las personas; pero el pacto de gracia se conoce exclusivamente por medio de una revelación especial positiva.

Las partes del contrato

Así como en el pacto de obras, de la misma manera en el pacto de gracia Dios es la primera de las partes contratantes, la parte que tiene la iniciativa y que bondadosamente determina la relación que la segunda parte debe guardar con Él. Sin embargo, Dios aparece en este pacto no sólo como Dios soberano y benévolo, sino también y muy especialmente como un padre lleno de gracia y perdonador, dispuesto a perdonar el pecado y a restaurar a los pecadores a la bendita comunión con Él.

No es fácil determinar con precisión quién es la segunda de las partes. El general se puede decir que Dios establece de modo natural el pacto de gracia con la persona caída. Históricamente no hay indicación definida de ninguna limitación hasta que llegamos al tiempo de Abraham. Sin embargo, con el correr del tiempo se hizo perfectamente evidente que esta nueva relación del pacto no era para incluir a todas las personas. Cuando Dios estableció en forma de pacto con Abraham lo limitó al patriarca y su simiente. Consecuentemente, tiene que presentarse la pregunta respecto a los límites exactos del pacto.

Algunos teólogos Reformados no están unánimemente de acuerdo en la contestación que dan. Algunos tan sólo dicen que Dios hizo el pacto con el pecador; pero esto no sugiere ninguna limitación y por lo mismo no satisface. Otros afirman que Dios lo estableció con Abraham y su simiente, es decir su descendencia natural, pero especialmente la espiritual; o dicho en forma más general con los creyentes y su descendencia.

Sin embargo, la gran mayoría de ellos sostiene que Dios entró en relación de pacto con loe elegidos o con los pecadores elegidos por Cristo. Esta posición fue tomada tanto por los primitivos como por los posteriores dirigentes de la teología representativa. El mismo Bullinger dice: “El pacto de Dios incluye toda la simiente de Abraham, es decir, los creyentes” Bullinger encuentra que esto corresponde con la interpretación de Pablo acerca de “la simiente” en Gálatas capitulo 3. Oleviano, coautor justamente con Ursino del Catecismo de Heidelberg, dice que Dios estableció el pacto con “todos aquellos a quienes Dios de entre la masa de perdidos, ha decretado adoptarlos como hijos por su gracia dotándolos con la fe” .2

Pero, nos tenemos que hacer otra pregunta: ¿Qué fue lo que indujo a estos teólogos a hablar del pacto como convenido con los elegidos, a pesar de todas las dificultades prácticas que ello envuelve? ¿Es que no se dieron cuenta de ellas?. No tenemos duda de que descubre en sus postulados que tuvieron plena conciencia de estas dificultades.

Pero, a la misma vez sintieron que era necesario contemplar el pacto, primero que todo, en su más profundo sentido, tal y como se cumple en la vida de los creyentes. Aunque entendían que otros, tenían un lugar en el pacto, pero comprendieron que se trataba de un lugar secundario, y que a su vez esa relación con el pacto tenía en propósito deservir para llegar a la completa realización de él en una vida de amistad con Dios.

Aquellos que identifican al pacto de Redención con el de gracia, considerando que no es bíblico hacer distinción entre los dos, piensan, lógicamente, que el pacto ante todo fue establecido con Cristo como cabeza representativa de todo aquellos que fueron dados al Padre al Hijo; un pacto en que el Hijo se convirtió en Fiador de los elegidos para garantizar de esta manera la completa redención de ellos.

De manera que, en el pacto de redención solamente se toma en consideración a los elegidos. Lo cual demuestra que la situación es la misma en el caso de aquellos distinguen dos pactos, pero insisten en la estrecha relación que guardan, y presentan el pacto de redención como la base eterna del pacto de gracia, porque es el primero –el de Redención- únicamente, se toma la gracia de Dios en estrecha consideración, tal como se glorifica y se perfecciona en los elegidos.

Cuando interpretamos el establecimiento del pacto con Abraham, interpretado a la luz del resto de las Escrituras, los teólogos Reformados, encontraron evidencia abundante de que el pacto de gracia, es uno establecido con aquellos que están en Cristo.

Las Escrituras hacen distinción  entre dos simientes de Abraham.

El principio de tal distinción se encuentra en Génesis 21.12 que a la letra dice: «Pero Dios le dijo a Abraham –No te angusties por el muchacho ni por la esclava. Hazle caso a Sara, porque tu descendencia se establecerá por medio de Isaac-» Aquí se está decantando a Ismael.

Más tarde Pablo, al interpretar estas palabras habla de Isaac como el hijo de la promesa, y por “hijo de la promesa” no quiere decir, simplemente, un hijo prometido, sino un hijo que no nace según la manera ordinaria, sino en virtud de una operación sobrenatural de Dios Pablo también relaciona con la idea de un hijo a quien pertenece la promesa. Según él, la expresión, “en Isaac te será llamada descendencia” indica que “no los que hijos según la carne son los hijos de Dios, sino que los que son hijos según la promesa son contados como descendientes”, Romanos 9.8.

Esta misma idea está expresada en Gálatas 4.28 “Así que. Hermanos, nosotros, como Isaac, somos hijos de la promesa”

La idea de que el pacto se realiza por completo sólo en los elegidos, es una idea perfectamente bíblica como es por ejemplo en Jeremías 31.31-34; Hebreos 8.8-12; Isaías 54.10.

Esta incondicionalidad es uno de los puntos más importante en que el pacto de gracia se distingue del de obras, en que ya no depende de incierta obediencia de la persona, sino únicamente de la absoluta fidelidad de Dios. Las promesas del pacto de seguro se cumplieran, pero únicamente en la vida de los elegidos.

Qué contiene el pacto de gracia

  1. Las promesas de Dios. La promesa principal de Dios incluye a toda las otras promesas, está contenida en las palabras frecuentemente repetidas “Para ser tu Dios, y el de tu descendencia después de ti” Génesis 17.7 Esta promesa se encuentra en varios pasajes del Antiguo y Nuevo Testamento; todas ellas se refieren a una nueva fase del pacto de vida. Jeremías 31.33; 32.38-40 Ezequiel 34.23-25; 2 Corintios 6.16-18; Hebreos 8.10.
  2. La respuesta de las personas. La aceptación o respuesta de las personas a estas promesas de Dios se presenta como sigue: (a) En general la relación entre el Dios del pacto y el creyente en particular o los creyentes en forma colectiva, está representada como la estrecha relación entre el hombre y su esposa, entre el novio y la novia, y entre el padre y sus hijos, en relación con la fidelidad y la consagración. (b) A la promesa general, “yo seré tu Dios”, responden las personas diciendo “yo seré un de tu pueblo”, y así comparte su suerte con el pueblo de Dios. (c) Y a la promesa de  justificación para perdón de los pecados, para ser adoptado como hijo, para gozar de vida eterna, responde la persona con la fe que salva en Cristo Jesús, manteniendo su confianza en todo tiempo y en la eternidad, por medio de una vida de obediencia y consagración a Dios.

Características del Pacto de Gracia

Podemos llamarlo pacto de gracia, porque en él Dios concede un fiador que cumple nuestras obligaciones. Porque Dios mismo provee el Fiador en la persona de su Hijo que cumple con las demandas de la justicia, y porque mediante su gracia revelada en la obra del Espíritu Santo, Dios nos capacita para vivir conforme a las responsabilidades del pacto. El pacto se origina en la gracia de Dios, se ejecuta en virtud de la gracia de Dios y se cumple en las vidas de los pecadores mediante la gracia de Dios. Para el pecador todo es de gracia desde el principio hasta el fin.

Es un pacto eterno y por lo tanto inquebrantable. Cuando hablamos del pacto como eterno hacemos referencia al futuro más que a la eternidad pasada. En Génesis 17 19 encontramos lo siguiente: “Respondió Dios: -Ciertamente Sara, tu mujer, te dará a luz un hijo y le pondrás por nombre Isaac. Confirmaré mi pacto con él como pacto perpetuo para sus descendientes des pues de él” Claramente se refiere a nosotros los creyentes. En Hebreos 13.20 nos dice lo siguiente: “Que el Dios de paz, que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno…”

La eternidad pasada puede atribuirse al pacto de gracia tan sólo si hacemos distinción entre este y el pacto de redención. El hecho de que el pacto eterno implica también que es inviolable; y esto es una de las razones por lasque se puede llamar testamento como en Hebreos 9.17 “porque el testamento con la muerte se confirma, pues no es válido entre tanto que el testador vive”.

También este pacto es particular, no universal. Esto significa que no se cumplirá en todas las personas como pretenden los universalistas, y también no tuvo la intención de que se cumpliera en la vida de todos según enseñan los seguidores de Arminio.

Que ni aun en su relación externa de pacto alcanza a todos, puesto que ha habido muchos individuos y hasta naciones que nunca tuvieron informados del camino de salvación.

El pacto de gracia es esencialmente el mismo

Esto lo contradicen todos aquellos teólogos que pretenden que los santos del Antiguo Testamento se salvaron de una manera diferente de la de los creyentes del Nuevo Testamento, por ejemplo los Dispensacionalistas, que distinguen  varios pactos diferentes por ejemplo Scofield que menciona 7 y Milligan que habla de 9 e insisten en la necesidad de no confundirlo. La unidad del pacto en todas las épocas se prueba de la siguiente manera.

  1. La expresión completa del pacto es la misma a través del Antiguo Testamento tanto como en el Nuevo Testamento; “yo seré tu Dios”. Es la expresión del contenido esencial del pacto con Abraham, Génesis 17.7, del pacto de sinaítico, Éxodo 19.5 del pacto de los llanos de Moab, Deuteronomio 29. 12-13, del pacto davídico 2 Samuel 7.14 y del nuevo pacto, Jeremías 31.33; Hebreos 8.10 Cristo infiere del hecho de que Dios se llama Dios de Abraham. De Isaac y de Jacob, que estos patriarcas están en posesión de la vida eterna, Mateo 22.31-32.
  2. La Biblia enseña que no hay sino un solo evangelio por el cual podemos ser salvos. Y porque el evangelio no es otra cosa que la revelación del pacto de gracia, se deduce que no hay sino un pacto. Este evangelio se escuchó desde la promesa maternal, Génesis 3.15, fue predicado a Abraham Gálatas 3.8 y no puede ser suplantado pon ningún evangelio judaizante; Gálatas 1.8-9.
  3. Pablo razona largamente en contra de los judaizantes sosteniendo que el camino en el que Abraham obtuvo salvación es típico de los creyentes del Nuevo Testamento, sin importar que sean judíos o gentiles eso lo podemos ver en Romanos 4.9-25 y en Gálatas 3.7-9. 17,18. Habla de Abraham como padre de los creyentes, y prueba claramente que el pacto con Abraham todavía está vigente; eso se desprende con claridad meridiana del argumento del Apóstol en Romanos 4 y el Gálatas 3 que la ley no ha anulado ni alterado el pacto. Esto se puede comparar también con Hebreos 6.13-20.
  4. El mediador del pacto es el mismo ayer, hoy y por los siglos. En ningún otro hay salvación, Juan 14.5; Hechos 4.12. La simiente prometida a Abraham es Cristo, Gálatas 3.16, y aquellos que están identificados con Cristo son los verdaderos herederos del pacto Gálatas 3.16-29.
  5. El camino de salvación revelado en el pacto es el mismo. La Escritura insiste invariablemente sobre las mismas condiciones, Génesis 15.6, comparado con Romanos 4.11; Hebreos 2.4; Hechos 15.11; Gálatas 3.6,7; Hebreos 11.9. Las promesas cuya realización esperan los creyentes, fueron siempre las mismas, Génesis 15.6; Salmo 51.12; Mateo 13.17; Juan 8.56. Y los sacramentos, aunque difieran en forma, tienen esencialmente la misma significación en el Antiguo Testamento como en le Nuevo. Romanos 4.11; 1Corintios 5,7; Colosenses 2.11-12.
  6. Es condicional a la vez que incondicional. Realmente no podemos contestar sin hacer una cuidadosa distinción, porque la respuesta dependerá del punto de vista desde el cual se considere el pacto.

Por una parte el pacto es incondicional. No hay en el pacto de gracia una condición que pueda considerarse como meritoria. Se exhorta al pecador a que se arrepienta y crea; pero su fe y arrepentimiento de ninguna manera merecen las bendiciones del pacto.

Esto debe sostenerse  en contra de los católicos romanos y los Arminianos. Tampoco es condicional en el sentido de pacto. Al colocarlo ante la demanda del pacto siempre debemos recordarle el hecho de que solamente Dios puede obtener la fuerza necesaria para el cumplimiento del deber. En un sentido puede decirse que Dios mismo cumple las condiciones de los elegidos.

Por otra parte el pacto puede llamarse condicional. Si consideramos la base del pacto, claramente condicional en lo que atañe a Jesucristo como Fiador. Para poder introducir el pacto de gracia, Cristo por medio de su obediencia pasiva y activa, tenía que cumplir verdaderamente con las condiciones originales puestas en el pacto de obras.

Otra vez puede decirse que el pacto es condicional hasta donde la primera entrada consciente al pacto tiene que ver con una verdadera comunión de vida.

Esta entrada está sujeta a la fe, que sin embargo, en sí misma es regalo de Dios. Al hablar aquí de la fe como actividad espiritual del intelecto. Sólo por medio de la fe podemos alcanzar un disfrute consciente de las bendiciones del pacto.

Nuestro conocimiento experimental en la vida de pacto depende por entero del ejercicio de la fe. Aquel que no vive de la fe está prácticamente fuera del pacto hasta donde tiene que ver con su conocimiento.

El pacto puede llamarse también testamento. Atendiendo al hecho de que un testamento de una declaración absoluta que no sabe de condiciones, tenemos que preguntarnos  si no es impropio aplicar el nombre de testamento al pacto.

Hay solamente un pasaje en el Nuevo Testamento en donde aparece justificable traducir la palabra diatheke  como testamento, Hebreos 9.16,17 «pues donde hay testamento, es necesario que conste la muerte del testador, porque el testamento con la muerte se confirma, pues no es válido entra tanto que el testador vive»

Aquí se presenta a Cristo como testador, por medio de cuya muerte el pacto de gracia, considerando como un testamento, entra en vigor. Había una disposición testamentarea acerca del pacto, y esta entró en vigor por medio de la muerte de Cristo.

Por otro lado, es Dios el testador más bien que Cristo. Tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento, pero de modo especial en este último, los creyentes se presentan como hijos de Dios, legalmente, por adopción y éticamente por medio del nuevo nacimiento, Juan 1.12; Romanos 8.15,16; Gálatas 4.4-6.

La relación de Jesucristo con el Pacto de Gracia.

Cristo se presenta en la Escritura como Mediador del pacto. Esta es la idea bíblica, que es más profunda que un “arbitro” que media entre dos partidos. Él interviene entre Dios y las personas, no únicamente para abogar por la paz y para persuadir de ello, sino armado con poder plenipotenciario, para hacer todo lo que sea necesario en el establecimiento de la paz.

En la mayor parte de los pasajes en los que se encuentra la palabra egguos en el Nuevo Testamento justifica que hablemos de un doble carácter de mediador de Cristo, esto es, el Fiador y el de Introductor “prosagoge” en griego (Romanos 5.2).

En la mayoría de las veces en que se encuentra la palabra en el NT. Equivale a egguos, y por lo mismo señala a Cristo como aquel que por haberse cargado con la culpa de los pecadores, dio fin a la relación penal que ellos tenían con la ley y los restauró a una correcta relación legal con Dios. Este el significado de la palabra en Hebreos 8.6; 9.15; 12.24.

En Hebreos 7.22 el mismo término egguos  se aplica a Cristo.

En 1 Timoteo 2.5 Cristo se presenta como Mediador en el sentido de que, sobre la base de un sacrificio, trae a un acuerdo  a Dios y las personas. Cristo obra en cosas que corresponden a Dios y en las cosas que pertenecen a los seres humanos, en la esfera objetiva, y en la esfera moral subjetiva.

En la primera hace la propiciación por desagrado justo de Dios expiando la culpa del pecado; hace intercesión por aquellos que el Padre le dio, y convierte en verdaderamente aceptables las personas y los servicios de ellos a Dios.

En el segundo, el Mediador revela a los seres humanos la verdad respecto a Dios y a la relación de ellos con Dios, las condiciones necesarias para un servicio aceptable, los persuade y los capacita para que reciban la verdad, y los dirige y los sostiene en todas las circunstancias de la vida, en tal forma que perfecciona su libertad. Al hacer este trajo emplea el ministerio de hombre y mujeres,  «Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios» (2 Corintios 5.20)

Notas tomadas en mis estudios del Seminario de Teología del Center for Higher Studies  Associate and Accredited with World University 4111 Broadway New York.

 

Terminado en 4-20-06                                                                                    

 

Sola Gratia, Sola Fide, Solus Christus, Sola Scriptura, Soli Deo Gloria

 

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Rev. Ramón Herrera
Pastor-Maestro

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