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El Hombre Y El Pacto De Obras

Por Ramón R. Herrera

   La discusión del estado original del hombre, no podría estar completa sin considerar la relación mutua entre Dios y el Hombre y muy especialmente el origen y la naturaleza de la vida religiosa del hombre. Esa vida tuvo su raíz en un pacto, de la misma manera como está la vida del creyente en el día de hoy. Ese pacto se conoce con varios nombres, a saber, como el pacto de la naturaleza, el pacto de la vida, el pacto edénico, y el pacto de obras. De todos esos nombre, el pacto de obras merece la preferencia.

  Pasemos ahora al FUNDAMENTO ESCRITURAL DEL PACTO DE OBRAS. Debemos admitir que le término “pacto” no se encuentra en los primeros tres capítulos del Génesis; pero esto no quiere decir que no contengan los datos necesarios para construcción de una doctrina del  pacto. De igual manera uno podría inferir que la doctrina de la Trinidad no tiene fundamento en la Biblia a partir de la ausencia en ella del término “trinidad”. Todos los elementos de un pacto están indicados en las Escrituras, y si los elementos están presentes, tenemos derecho a un estudio sistemático de la doctrina, de la misma manera estamos en el deber de relacionar esos elementos entre sí y darle un nombre adecuado a la doctrina.

   En el caso que consideramos se nombran dos partes, se pone una condición, se implica claramente una promesa de recompensa a la obediencia, y se advierte una pena por la trasgresión. Aun se puede objetar que nada leemos acerca de que las dos partes hayan llegado a un acuerdo, ni de que Adán haya aceptado los términos de la propuesta; pero esto no es una objeción insuperable. En los casos de Noé y de Abraham tampoco leemos de un explicito acuerdo y aceptación de parte del hombre. Es de notar, que  Dios y el hombre nunca aparecen como iguales en ninguno de esos pactos. Todos los pactos de Dios son de naturaleza soberana impuestos al hombre. Dios es absolutamente soberano en sus tratos con el hombre, y tiene perfecto derecho de imponerle las condiciones con que tendrá que encontrase para disfrutar del favor divino.

   Adán estaba, es en su relación natural. Obligado a obedecer a Dios; y cuando se estableció    con él la relación del pacto, esta obediencia se convirtió para él en un asunto de interés propio. Tan pronto Dios entra en relaciones de pacto con los hombres, Él es el que pone las condiciones que son siempre muy bondadosas, de tal manera que desde este punto de vista, Él tiene derecho a esperar que el hombre convenga en ellas. En el caso que estamos tratando, Dios ni siquiera tuvo que anunciar el pacto, ya que el estado perfecto  en el que Adán vivía era garantía suficiente para su aceptación.

   Reconocemos que hubo huna promesa de Vida Eterna. Muchos niegan que haya evidencia escritural de una promesa semejante. Reconocemos que perfectamente cierto que no se asienta explícitamente esa promesa. Sin embargo, está implicada con toda claridad en la alternativa de muerte como resultado de desobediencia. La implicación clara de la advertencia del castigo es que en el caso de obediencia la muerte no entraría, y esto puede significar únicamente la continuación de la vida natural de Adán, y no lo que la Biblia llama vida eterna. Pero la idea bíblica de la vida, es vida en comunión con Dios; esta es la vida que Adán poseía aun cuando es su caso estaba en posibilidad de perderla. Si Adán hubiera triunfado en la prueba, esta vida no solamente habría seguido siendo suya, sino que también habría dejado de ser perdible y por lo tanto se levantaría a un plano mucho más elevado El apóstol Pablo nos dice explícitamente en Romanos 7.10 que el mandamiento de la ley era para vida. Al comentar este versículo el conocido teólogo Hodge dice; “La ley estuvo designada y adaptada para asegurar la vida; pero se convirtió de hecho en causa de muerte” Esto también está claramente indicado en pasajes como Romanos 10.5 y Gál. 3.13. Cuando admitimos que aquí hay algo positivo, una condescendencia especial de Dios, ya es una aceptación del principio  de pacto. Todavía debe quedar alguna duda respecto a lo adecuado del nombre “Pacto de Obras”, pero no queda ninguna objeción válida en contra de la idea de pacto.

EL PACTO DE GRACIA ES FUNDAMENTALMENTE. LA EJECUCION DEL ACUERDO HECHO CON JESUCRISTO COMO NUESTRO FIADOR. Jesucristo emprendió libremente el cumplimiento de la voluntad de Dios. El se colocó bajo la ley, para poder redimir a los que estaban bajo la ley, y que ya no tenían recursos para alcanzar la vida mediante su propia obediencia a la ley. Vino para hacer lo que Adán no pudo hacer, y lo hizo en virtud de un convenio o pacto.

   Si esto es así y el pacto de gracia, en todo lo que a Jesucristo corresponde, es simplemente la ejecución del convenio original, se deduce que este último también debe haber sido de la naturaleza de un pacto. Y así como Jesucristo cumplió la condición del pacto de obras, el hombre puede ahora reconocer el fruto del convenio original por medio de la fe en Jesucristo. Solo hay dos caminos en la vida que son el mismo camino de vida, el uno es el camino de la ley: “El hombre que hiciere la justicia que es por la ley vivirá por ella”, pero es el camino por el cual el hombre ya no puede encontrar la vida; el otro es el camino de la fe en Jesucristo, quien habiendo cumplido las demandas de la ley nos puede dar la bendición de la vida eterna.

   EL PARALELO ENTRE ADAN Y JESUCRISTO. El paralelo que Pablo traza entre Adán y Jesucristo en Romanos 5. 12-21, en relación con la doctrina de la justificación. Puede explicarse únicamente sobre la suposición de que Adán como Jesucristo, fue la cabeza de un pacto. Según Pablo el elemento esencial en la justificación consiste es esto, es que la justicia de Jesucristo nos es imputada sin ninguna obra perfecta o mérito de nuestra parte, y se considera que esto constituye un paralelo perfecto en cuanto a la manera en que la culpa de Adán se nos imputa. Esto conduce, naturalmente, a la conclusión de que Adán también permaneció en la relación del pacto en cuanto a sus descendientes.  

  EL PASAJE DE OSEAS 6.7. EN ESTE PASAJE LEEMOS: “Pero ellos, como Adán, quebrantaron el pacto” A pesar de que se han hechos intentos para desacreditar esta traducción, ya que algunos han sugerido que se lea “en Adán”, como lugar geográfico, lo que implicaría que habían cometido la transgresión  en algún lugar llamado Adán. Pero la preposición, hebrea, impide esta traducción. Además la Biblia no hace mención para nada de alguna bien conocida e histórica transgresión acontecida en Adán. La versión autorizada traduce “como hombres”, que entonces tendría el significado de, al modo de los hombres. A esto se debe objetar que en el original no hay plural, y que semejante declaración no tendría sentido, puesto que los hombres difícilmente podrían transgredir en otra forma que no fuera humana. La traducción “como Adán”, es, después de todo, la mejor porque tiene el apoyo del pasaje paralelo de Job 31.33 que dice: “Si encubrí como hombre mis transgresiones, escondiendo en mi seno mi iniquidad”.

CONSIDEREMOS LOS ELEMENTOS DEL PACTO DE OBRAS

   En este punto debemos distinguir los siguientes elementos:

En primer lugar, las partes contratantes. De una parte está Dios, Creados y Señor, y de la otra, Adán como  su criatura dependiente. Debemos distinguir entre los dos, una doble relación.

   La relación natural. Cuando Dios creó al hombre, estableció por ese mismo hecho una relación natural entre El y el hombre. Como ejemplo ponemos la relación parecida a la que hay entre el alfarero y el barro, entre un soberano absoluto y u vasallo desprovisto de todo merecimiento. De hecho, la distancia entre los dos era tan grande que la figura del alfarero y el barro ni siquiera da una expresión adecuada al respecto. Era tan grande que una vida en comunión entre uno y  otro estaba fuera de toda discusión. Como criatura de Dios el hombre estaba, naturalmente, bajo la ley, y el deber de guardarla, Y en tanto que la trasgresión de la ley lo hacía susceptible del castigo, la obediencia a ella no constituía la base para crear derecho de recompensa. Aun cuando él hubiera cumplido con todo lo que de él se requería, tendría que haber dicho, “soy únicamente un siervo inútil, porque nada he hecho sino nada más lo que estaba en mi deber hacer”. Bajo esta relación puramente natural  el hombre nada podía haber merecido.

   En segundo lugar, la relación del pacto. Sin embargo, desde el principio, Dios se reveló no solamente con soberano y legislador absoluto, sino también como un padre amoroso que buscaba el bienestar y la felicidad de su criatura dependiente. Condescendió en acercarse al nivel del hombre para revelársele como un amigo, y para hacer al hombre capaz de mejorar su condición en el camino de la obediencia. Además de la relación natural Dios por medio de un decreto positivo estableció bondadosamente una relación de pacto. Entró con el hombre en un convenio legal en el cual incluyó todos los requerimientos y obligaciones implicados por la naturaleza del hombre como criatura, pero al mismo tiempo añadió tres nuevos elementos. (1) Adán fue constituido como cabeza representativa de la raza humana, de manera que podía actuar a nombre de TODOS sus descendientes. (2) Quedó sujeto por un tiempo a prueba, para determinar si voluntariamente había de sujetarse o no a la voluntad de Dios. (3) Se le dio la promesa de la vida eterna en el camino de la obediencia, y fue así como por medio de la bondadosa disposición de Dios adquirió ciertos derechos condicionales. Este pacto capacitó a Adán para que su camino de obediencia obtuviera vida eterna para él y para sus descendientes.

LA PROMESA DEL PACTO. 

La gran promesa del pacto de obras fue la promesa de vida eterna. Aquellos que niegan el pacto de obras, generalmente basan su oposición, sobre el hecho de que hay constancia de tal promesa en la palabra de Dios. Esa es la realidad, que la Escritura no contiene una promesa explicita de vida eterna para Adán. Sin embargo, la amenaza del castigo implica, en verdad una promesa. Cuando Jehová dice, “porque en el día que de él comieres morirás”, esa declaración encierra claramente que si Adán se abstiene de comer no morirá, sino que se levantará más arriba de la posibilidad de la muerte. La promesa envuelta, ciertamente, no puede significar la de que, en caso de obediencia. Adán podría seguir viviendo en la forma en que ya vivía, es decir, continuar simplemente la vida natural ordinaria. Porque esa vida ya era suya en virtud de su creación, y por tanto, no puede considerarse como recompensa de la obediencia.

   La promesa implicada, evidentemente, era la de una vida elevada hasta su más alto desarrollo en bendición y gloria permanentes. Es totalmente cierto que Adán fue creado en un estado de total santidad, y también era inmortal en el sentido de que estaba sujeto a la ley de la muerte. La promesa de la vida en la que Adán aun estaba sujeto, y de levantarla al más alto grado de perfección. Cuando Pablo dice en Romanos  7.10 que mandamiento era para vida, se refiere a la vida en el  más completo sentido de la palabra. El principio del pacto de obras era: que el hombre que hace estas cosas vivirá por ellas; y este principio del pacto se repite una y otra vez en la Escritura, (Véase Lev. 18.5; Ezeq. 20. 11,13, 20; Luc. 10.28; Rom. 10.5; Gál. 3.12).

LA CONDICION DEL PACTO

La  promesa en el pacto de obras no fue incondicional. La condición  era una implícita y perfecta obediencia. La ley de Dios no puede demandar menos que eso, y el mandato positivo de no comer del fruto del árbol de conocimiento del bien y el mal relacionado como estaba con una cosa indiferente en si misma, era manifiestamente una prueba de obediencia pura en el sentido absoluto de la palabra. El hombre estaba, por consiguiente sujeto también a la ley moral de Dios, la cual tenía escrita en las tablas de su corazón. Sabía esto por naturaleza, de manera que no era necesario revelárselo sobrenaturalmente como lo fue la prueba especial. Esencialmente, la ley moral, como Adán la conoció, era a no dudarlo, parecida a los Diez  Mandamientos; pero su forma era diferente. El gran problema era si el hombre obedeciera a Dios implícitamente, o seguiría la dirección de su propio juicio. El Doctor Barvinck dice: “El mandamiento probatorio colocó a  Adán delante de la alternativa: Dios o el hombre, la palabra divina o el discernimiento humano, la obediencia implícita o la investigación propia, la fe o la duda”

LOS SACRAMENTOS, O EL SACRAMENTO DEL PACTO. 

Realmente no tenemos en la Escritura una información definida respecto a los sacramentos o sellos de este pacto. Por tanto hay gran diversidad de opiniones sobre este tema. Algunos hablan de cuatro sacramentos. El árbol de la vida, el árbol de conocimiento del bien y del mal, en paraíso y el sábado; otros hablan de tres: Los dos árboles y el paraíso; otros hablan de dos: el árbol de la vida y el paraíso y todavía otros de uno solo el árbol de la vida. La última opinión es la más aceptada, y al parecer es la única que encuentra apoyo en la Escritura. No debemos pensar que el fruto de este árbol haya tenido propiedades mágicas o medicinales para operar la inmortalidad en la estructura de Adán. Sin embargo, estaba de algún modo relacionado con el don de la vida. Con toda probabilidad el árbol y su fruto deben concebirse como símbolos apropiados de la vida o como sello de está. En consecuencia, cuando Adán perdió la promesa se vio privado de la señal. Considerando así las palabras de Génesis 3.22 tienen que entenderse sacramentales

 «El ser humano ha llegado a ser como uno de nosotros, pues tiene conocimiento del bien y del mal. No vaya a ser que extienda su mano y también tome del fruto del árbol de la vida, y lo coma y viva para siempre»

EL ESTADO PRESENTE DEL PACTO DE OBRAS

   Respecto a la pregunta de que si el pacto de obras todavía está en vigencia o quedó abrogado, cuando la caída de Adán, hay una considerable diferencia de opinión entre armíñanos y teólogos reformados.

EL CONCEPTO ARMINIANO

Sostiene que este pacto legal quedó completamente abrogado con la caída de Adán y arguyen de la manera siguiente: (a) La promesa quedó entonces revocada y por esto quedó anulado el pacto, y donde no hay pacto no puede haber obligación. (b) Dios no podría continuar exigiendo la obediencia del hombre cuando este era ya por naturaleza incapaz, y la gracia de Dios no lo capacitaba para rendir el servicio requerido. (c) Sería derogatorio de la sabiduría de Dios, de su amor santo e íntegro. Sostienen los armíñanos que Dios estableció un nuevo pacto y decretó una nueva ley, la ley de la fe y de la obediencia evangélica, la cual el hombre a pesar de sus potencias ya dañadas puede guardar cuando tiene la capacidad y la ayuda de la gracia común, o de la gracia en la medida necesaria. Sin embargo, las consideraciones siguientes militan en contra de este concepto: (a) Las obligaciones que para con Dios tiene el hombre nunca estuvieron fundadas únicamente los requerimientos del pacto sino más que todo en la relación natural que tenía con Dios. Esta relación natural quedó incorporada en la relación de pacto. (b) La incapacidad del hombre es culpa del hombre mismo, y por tanto no puede librarlo de su justa obligación. Las limitaciones que él mismo se impone, su criminal y voluntaria enemistad en contra de Dios no impide al Soberano Gobernante del universo de demandar de su criatura el servicio sincero y amante que su Creador merece. (c) Este concepto, sostiene  que el pecador puede alcanzar completa emancipación de sus justas obligaciones, por medio del pecado. Mientras más peca un hombre, más será esclavo del pecado y más incapaz será de hacer el bien; y mientras más se hunda en esta esclavitud que lo despoja de su capacidad para hacer el bien, menos responsable será. Si el hombre continúa pecando cuanto sea necesario, se encontrará al final absuelto de toda responsabilidad moral.

EL CONCEPTO REFORMADO. Aun cuando hay algunos teólogos Reformados que hablan de la abrogación del pacto legal y procuran probarlo con pasajes como Hebreos 8.13 que dice: «Al decir-Nuevo Pacto-, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece está próximo a desaparecer».Generalmente se sostiene en que ningún cambio en el estado legal del hombre puede jamás abrogar la autoridad de la ley; que lo derechos de Dios a la obediencia de sus criaturas no caducan porque estas caigan en pecado  y porque los efectos del pecado las incapaciten; que la paga del pecado sigue siendo la muerte; y que sigue requiriéndose una perfecta obediencia para alcanzar la vida eterna. Esto significa, con respecto a la pregunta de que estamos tratando, lo siguiente.

A.      Que el pacto de  obras no está abrogado: (1) Hasta donde la relación natural del hombre con Dios estuvo incorporada en le pacto de obras, puesto que el hombre siempre le debe a Dios obediencia perfecta; (2) hasta donde tiene que ver con la maldición y el castigo para aquellos que continúan en el pecado; y (3) hasta donde la promesa condicional sigue vigente, Dios podría haber retirado esta promesa; pero no lo hizo, Levítico 18.5; Romanos 10.5; Gálatas 3.12. Sin embargo, es evidente que después de la caída ninguno ha podido cumplir con esta condición.

B.      Que el pacto de obras está abrogado: (1) hasta donde, actualmente, contiene nuevos y positivos elementos, para aquellos que están bajo el pacto de la gracia; esto no quiere decir que sencillamente se le haya puesto a un lado y se le haya olvidado sino que las obligaciones que impone fueron cumplidas por el Mediador de su pueblo; y (2) como el medio indicado para alcanzar la vida eterna, porque para eso ya no tiene poder una vez que el hombre cayó.

Notas tomadas de mis estudios realizados en American Academy Institute and Seminary  Associated and Accredited  with World University  4111 Broadway New York.

 

(Terminado en 11-28-05)

 

 

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Rev. Ramón Herrera
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