SANTIAGO ¿UNA CARTA DE CONFUSION?
Por
Ramón R. Herrera
Esta
carta
de Santiago puede ser considerada como una colección de enseñanzas sobre
diversos aspectos prácticos de la vida del creyente. Es el escrito del NT
que muestra mayor semejanza con las enseñanzas del AT, la así llamada
literatura sapiencial. El tema de la sabiduría aparece en varios pasajes
de la de la carta. Esta sabiduría, como se entiende en la Biblia, no se
refiere tanto a los conocimientos científicos sobre nuestro planeta,
tampoco es una teoría sobre Dios o sobre las personas, sino que es saber
ordenar toda la vida según la voluntad de Dios, esto es, saber vivir
rectamente. La
epístola hace referencia a Jesucristo ( 1:1; 2:1;5:7), pero no desarrolla
otros temas que son característicos de la predicación cristiana
primitiva como el de su
muerte y resurrección.
FECHA: Algunos, que niegan la
paternidad literaria a Santiago a causa del excelente griego que usa,
colocan la fecha, al final del primer siglo. Sin embargo, los galileos
conocían y usaban el griego, juntamente con el arameo y el hebreo, Hay
detalles que indican una fecha temprana el año 49 d.C.
Contenido: La carta trata de los aspectos prácticos de la
conducta cristiana, nos informa cómo actúa la fe en la vida cotidiana,
El objetivo de Santiago era proveer una instrucción ética concreta. A
pesar de que la carta tiene poca estructura formal, sus múltiples
instrucciones explican cómo ser hacedores de la Palabra (1:22).
CUERPO
DE LA CARTA
Capítulo 1: 1-11
Cuando uno lee el comienzo de esta
se da cuenta que Santiago no se vanaglorió de su relación personal con
Jesús, ni tampoco se identificó a sí mismo como un líder religioso. Su
mayor honor fue ser un siervo de Dios. Su carta está dirigida
a “las doce tribus que están en la dispersión” que alude a la
situación de los judíos dispersos en tierras de gentiles. Aceptar a
Cristo no libera automáticamente a nadie de las dificultades. La actitud
correcta al enfrentar la adversidad es tener sumo gozo, lo cual en ninguna
manera es una reacción emocional, más bien es una evaluación de las
circunstancias desde la perspectiva de Dios, al ver las pruebas como un
medio para el crecimiento espiritual del creyente.
En ninguna manera la
implicación de “perfectos” no tiene referencia a la ausencia
absoluta de pecado, sino que lleva implícita la idea de algo
completamente desarrollado o maduro. La sabiduría que pueda recibirse
pidiéndola con fe a Dios, no el (v6) no es conocimiento intelectual, sino
comprensión espiritual del propósito de las pruebas. Si Dios concede un
dos lo hace abundantemente, esto es generosamente, no con disgusto, o
reservas. La persona con doble ánimo es arrastrada en dos direcciones
opuestas. Sus lealtades están divididas, y causa de su falta de
sinceridad, vacila entre la fe y la incredulidad. Tanto la pobreza como la
prosperidad son ejemplos concretos de situaciones que ponen a prueba
nuestra fe, Cualquiera de ellas puede terminar en un desastre.
Capítulo 1:12-18
Hay que entender que las aflicciones
no nos pueden hacer miserables si no son por nuestra propia falta. El
creyente probado será un creyente coronado. La corona de la vida, se les
promete a todos que tienen el amor de Dios que reina en sus corazones. No
podemos olvidar que los mandamientos de Dios, así como los tratos de la
providencia, prueban los corazones de las personas, y muestran la
disposición la disposición que prevalece en ellos. Dios no es el autor
del pecado. Las aflicciones, tal y como son enviadas por Dios están
concebidas para sacar a relucir nuestras virtudes, pero no nuestras
corrupciones. Cuando la concupiscencia responde a una tentación que viene
de afuera, el pecado es algo engendrado. Santiago no menciona el papel de
Satanás en la tentación. El propósito de Santiago no es discutir
el origen del pecado, sino explicar que la incitación no viene de
Dios. Satanás es de hecho la fuente externa de la tentación, pero nadie
puede culpara de ser el
responsable de los actos pecaminosos cuyas raíces están dentro de cada
individuo (véase Marcos 7:1-23.) Por otro lado, Dios no sólo no es
el responsable del pecado humano, sino que es la fuente de todo
bien. El más grande de los dones que Dios nos concede la regeneración. El de su voluntad, nos hizo renacer a una nueva vida. Su instrumento fue la palabra de verdad, que Pablo
identifica como “el evangelio de…salvación” (Ef. 1:13). El propósito de Dios es presentar a los
creyentes como “primicias de sus criaturas. (1)
Capítulo 1:19-21
No podemos culpar a Dios cuando
estamos sometidos a pruebas, tenemos que abrir nuestros oídos y corazones
para poder aprender lo que nos enseña a través de ellas. Si las personas
desean gobernar sus lenguas, deben gobernar sus pasiones. La peor cosa que
podemos aportar a cualquier disputa es la ira. Esto debe alcanzar a los
pecados del pensamiento y del afecto, y a los pecados del hablar y del
hacer; a toda cosa corrupta y pecaminosa. Tenemos que estar dispuestos a oír
de nuestros defectos, y a tomarlos no sólo con mucha paciencia, sino con
gratitud. El objetivo principal de la Palabra de Dios es hacernos sabios
para salvación y los que se proponen cualquier finalidad mala o baja al
prestarle atención, deshonran el evangelio y causan disolución a sus
propias almas.
Capítulo 1:22-27
Si un ángel del cielo nos predicara
un sermón cada día. Estoy seguro que esto no nos llevaría jamás al
cielo si nos apoyáramos solamente en el oír. Aquellos que son solamente
oidores se engañan así mismos. Cuando nos halagamos a nosotros mismos es
nuestra propia falta. La palabra de verdad que habla Cristo, tiene que ser
escuchada con verdadera atención, ya que expondrá ante nosotros la
corrupción de nuestra naturaleza. Nuestros pecados son las manchas que la
ley deja al descubierto; la sangre de Cristo es el único lavamiento que
nos enseña el evangelio, pero oímos en vano la Palabra de Dios y en vano
miramos el espejo del evangelio si nos vamos
y olvidamos nuestras manchas en lugar de sacarlas lavándolas, y
olvidamos nuestro remedio el lugar de recurrir a este. Cada porción de la
revelación de Dios tiene su uso, llevando al poder a nuestro Señor
Jesucristo para salvación, guiándole a andar libremente a través del
Espíritu de adopción, de acuerdo a los santos mandamientos de nuestro
Dios. Cuando las personas se esfuerzan por parecer más religiosos de los
que realmente son, es una clara señal de que religión es vana. Frenar la
lengua, el hablar con prontitud con faltas al prójimo, o para disminuir
su sabiduría y piedad, son señales inequívocas de una religión vana.
Tengamos presente que nada
sirve en Jesucristo que salvó la fe que obra por amor, que purifica el
corazón, que somete la carnalidad y que obedece la ley de Dios.
Capítulo 2:1-13
Cualquier religión vacía se
traicionaría a sí misma en la esfera de las
relaciones humanas. Hacer distinciones superficiales entre las
personas, dando preferencia a quienes gozan de una buena posición económica,
es totalmente incompatible con la fe puesta en Cristo, que nos enseña a
excluir todo favoritismo basado en la riqueza o en la clase social.
Aquellos que adulan a los ricos, al tiempo que hacen caso omiso de los
pobres, y que aprecian el valor de una persona de acuerdo con las
normas del mundo y ponen de manifiesto pensamientos
discriminatorios, por razones de clases sociales. Por supuesto que
Santiago no se refiere a todos los ricos, sino que describe a ciertos
ricos no creyentes que
explotaban a los pobres y blasfemaban el nombre de Dios. Es imposible para
los creyentes amar a sus prójimos como así mismos y a la vez hacer
acepción de personas, ya que ambas cosas son mutuamente excluyentes; si
mostramos este tipo de favoritismo que se describe en este pasaje es
cometer pecado: en este mismo principio, matar o cometer adulterio es
hacerse culpable de todo los demás pecados incluidos en la ley. Santiago
ve la ley como una expresión de la voluntad de Dios, por lo que violar
cualquier principio de la ley equivale a burlar toda la ley.
Capítulo 2:14-26
No encontramos ninguna contraposición de Santiago en relación
con la fe, sino que se refiere a que hay dos tipos de fe; una fe muerta y
una fe salvadora. La fe salvadora no consiste simplemente en un reclamo
vació (vs. 14-17), ni en la mera aceptación verbal de una forma de credo
(vs. 18-22). Por el contrario la fe salvadora da como fruto una
vida obediente (vs.21-26). La cuestión que encabeza nuestra primera
pregunta ¿Santiago, una carta de confusión? Esa fe que no se manifiesta
en buenas obras, no podrá salvarle. Pablo nos dice en la epístola
a los efesios lo siguiente: “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús
para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que
anduviésemos en ellas” (2:10). Obviamente la respuesta es NO; ya que nuestras
obras ponen en evidencia lo genuino de nuestra fe. No podemos engañarnos
la pura aceptación intelectual de algún credo no es equivalente a la fe
salvadora. Abraham en el momento que fue obediente, demostró lo genuino
de su justicia. Encontramos que no hay ninguna contradicción entre
Santiago y Pablo, sino que Pablo hace énfasis en que la fe no es obras
religiosas sin un corazón renacido; mientras que Santiago subraya que la
fe no equivale a un corazón renacido que no se
exprese en buenas obras. Ninguno de los dos estaría de acuerdo en
la validez de una experiencia de Salvación de fe vacía. La ilustración
de Santiago que nos muestra a Abraham que era un patriarca y a Rahab una
persona común y corriente situada en el otro extremo de la escala social
y moral, y ambos fueron justificados sobre la misma base.
Capítulo 3:1-13
Los maestros tienen una gran
responsabilidad, no sólo de sí mismos, sino de todos
aquellos que están bajo su influencia. La lengua es un órgano pequeño
pero su poder e influencia, para bien o para mal, son desproporcionados en
comparación con su tamaño y nada puede causar tanto daño como la lengua.
Si logramos mantener nuestro lenguaje bajo control, es una disciplina que
los creyentes deben saber desarrollarla. La verdadera fuente del mal,
representado por la lengua es un infierno. Ella puede arrojar un veneno
mortal; está manipulada por espíritus malignos. Por tanto
ninguna persona puede domas la lengua. Por otro lado, Santiago continúa su discusión sobre la enseñanza
estableciendo un contraste sobre la sabiduría de Dios y la diabólica. Ya
que un maestro debe practicar todo lo que enseña.
Capítulo 3:14-18
En estos versículos se enseñan la
diferencia entre las personas que pretenden ser sabios y los que realmente
lo son. El que piensa o habla bien no es sabio en el sentido de las
Sagradas Escrituras, si no vive y actúa correctamente. La verdadera
sabiduría podemos conocerla con la mansedumbre
del espíritu y sobre del temperamento. Aquellos que viven en
maldad, envidias y contención, viven en constante confusión; y por lo
tanto están obligados a ser provocados y precipitados
a toda mala obra. Esta sabiduría no viene de lo alto, sino que
brota de principios, actos o motivos terrenales y está dedicada a servir
propósitos terrenales. La sabiduría celestial, descrita por el apóstol
Santiago, es cercana al amor cristiano, descrito por el apóstol Pablo; y
ambos son descritos así para que toda persona pueda probar planamente la
realidad de sus logros en ellas. Que los frutos de la justicia abunden en nuestras
vidas, probando que Dios nos ha otorgado este excelente don.
Capítulo 4: 1-10
Las Concupiscencia carnales son
males que no permiten el contentamiento ni la satisfacción. Los deseos y
afectos pecaminosos impiden la oración y la obra que deseamos hacer para
Dios. Cuando las personas piden prosperidad a Dios, pueden recibir malas
intenciones, si de esta manera buscamos las cosas de este mundo, y es
justo que Dios las niegue. Aquí encontramos una clara advertencia
a evitar todas amistades criminales con este mundo. La corrupción
natural se muestra envidiando. El espíritu del mundo nos enseña a
acomodar para nosotros conforme a nuestras
propias fantasías . El Espíritu Santo nos enseña a estar
despiertos a hacer el bien a todos los que nos rodean según podamos. El
versículo 7 nos indica que debemos someter el entendimiento a la verdad
de Dios, y someter nuestra voluntad a sus preceptos de Su providencia. El
Señor no le negará el consuelo al que se lamente verdaderamente
por pecado y exaltará al que se humilla ante Él.
Capítulo 4:11-17
Jesús hace un resumen de la ley,
enseñando que amar al prójimo, por su parte Pablo dice
que el amor que demostramos a nuestro prójimo satisface
ampliamente la ley. Cuando no amamos, quebrantamos la ley de Dios, Debemos
examinar nuestra actitud así como nuestra conducta hacia los demás. Es
aconsejable que tengamos metas muy definidas, pero procuremos no dejar a
Dios fuera de ellas. No debemos hacer planes como si Dios no existiera ya
que el futuro está en sus manos. No debemos engañarnos, la vida es muy
corta por mucho que vivamos. Pensar que tenemos mucho tiempo para vivir,
es realmente un engaño; viva para Dios ¡hoy!. Nos inclinamos a pensar
que si hacemos lo malo es pecado. Pero el apóstol Santiago nos enseña
que es pecado también no hacer lo bueno, Es pecado mentir; pero también
puede ser pecado saber la verdad y no decirla.
Capítulo 5:1-6
Debemos cuidarnos de no defraudar y
oprimir; evitemos hasta las
apariencias de maldad. Dios no nos prohíbe usar el placer lícito, pero
vivir en el placer, especialmente pecaminoso, es un pecado que provoca ¿No
daña a las personas el no equiparse para preocuparse por los
intereses de las almas, pero darse el gusto en los apetitos carnales? El
justo puede ser condenado a muerte, pero cuando el tal sufre por parte de
los opresores, Dios lo nota. Por sobre todos los delitos, los judíos habían
condenado y crucificado al Justo que vino a ellos, a Jesucristo el Justo.
Capítulo 5:7-11
El agricultor debe esperar con
paciencia que crezca lo que sembró. Es casi imposible apresurar el
proceso; hay mucho que hacer para asegurar una buena cosecha. De la misma
manera, debemos esperar con paciencia el regreso de Cristo. Es imposible
apresurarlo; pero lo que sí podemos hacer, es trabajar para que avance el
reino de Dios. Tanto el agricultor como el creyente deben vivir por la fe,
con la mirada puesta en el futuro. No debemos vivir como si Cristo nunca
fuera a volver trabaje fielmente en la edificación de su reino; porque el
Rey vendrá cuando el tiempo de la cosecha llegue. Cuando las cosas van
mal; tendemos a culpar a otros por nuestros fracasos, Culpar a los demás
es mucho más fácil que aceptar nuestra culpa, pero esto es muy
destructivo y además pecaminoso. Recordemos que muchos profetas sufrieron
y fueron perseguidos; pero Dios siempre estuvo a
su lado. Porque Dios es fiel a sus promesas.
Capítulo 5:12-18
Condenamos el pecado de jurar. Pero
cuantos lo toman a la ligera el jurar profano y corriente. Este pecado no
produce ganancia alguna, pero muestra una enemistad contra Dios, que no
necesariamente tiene provecho; muestra además que la persona es enemiga
de Dios. En los días de aflicción nada es más oportuno que la oración.
Fijémonos que la sanidad del
enfermo no se atribuye a la unción con aceite, sino a la oración. En
momentos de enfermedad, no es la oración fría y formal la que es
efectiva, sino la oración de fe. Cristo ha hecho posible que vayamos
directamente a Dios en busca del perdón, pero confesar nuestros pecados
unos a otros todavía tiene un lugar importante en la Iglesia. El caso de
Elías demuestra el poder de la oración. No debemos mirar el mérito de
la persona cuando oramos, sino la gracia de Dios, no basta decir una oración,
debemos pedir en la oración y pedir basado en los méritos de Cristo.
Capítulo 5:19-20
No es característico de la persona
piadosa o sabia jactarse de estar libre del error, o negarse a reconocer
un error. Hay un error doctrinal en el fondo de todo error práctico.
Habitualmente nadie es malo si no se basa en un principio malo. La
conversión es hacer volver al pecador del error de su camino y no solo de
una parte a otra o de una noción a otra, ni tampoco de un modo de pensar
a otro. No hay manera de ocultar el pecado, sino abandonarlo. La salvación
es de suma importancia, mayor que preservar la vida de multitudes o
fomentar el bienestar de todo un pueblo. Tengamos presente que nuestro
trabajo en el Señor no es en vano. El ha estado multiplicando el perdón
por seis mil años y todavía su libre gracia no está cansada ni se ha
agotado. Ciertamente la misericordia de Dios es como un océano que
siempre está lleno y fluye. Que Dios nos dé una parte de esta abundante
misericordia por medio de la sangre de Cristo y la santificación del Espíritu
Santo, ¡Amén!
Terminado por la gracia de Dios en abril del 2009