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LA SANTIFICACION

Por: Rev. Ramón R. Herrera

 

 

Sin lugar a duda, la doctrina de la santificación es una de mucha importancia para el creyente. Esta como casi todas las doctrinas se debaten continuamente entre maestros y teólogos, pero estoy seguro que a pesar de las buenas intenciones de maestros y teólogos la última palabra, como siempre, la tienen las Sagradas Escrituras; y a ellas nos sometemos en este estudio, hemos orado por mucho tiempo para este estudio y lo haremos cuidadosamente dejando atrás los prejuicios y aceptando la Palabra de Dios como la única verdad por encima de las experiencias personales.

 

Usaremos los términos bíblicos usados tanto para santidad como para santificación. Comenzaremos en el Antiguo Testamento.

 La palabra hebrea para santificar en gadash, un verbo que se usa en los las raíces niphlan, piel, hiphil, y hithp’el. 

El nombre correspondiente es godesh, en tanto que el adjetivo es gadosh.  Las formas verbales se derivan de las formas nominales y también las adjetivales, Por otro lado es incierto el significado original de estas palabras.

Algunos opinan que la palabra gadash  se relaciona con chadash  que significa “brillar” Esto armonizaría con el aspecto cualitativo de la idea bíblica de santidad, es decir de pureza.

También hay otras palabras con grande sentido de probabilidad, se derivan de la raíz gad que significa “cortar” Esto haría que la idea original fuese la de separación. Esta palabra entonces apuntaría a la idea de lejanía, separación o majestad.

Aunque este significado de las palabras ‘santificación’ y ‘santidad’ nos parezca desusado, esta es con toda probabilidad la idea fundamental que expresan.

 

En el Nuevo Testamento. El verbo hagiago y sus muchos significados; se deriva del verbo hagiazo se deriva de hagios, que como el vocablo hebreo gadosh  expresa, primero que todo, la idea de separación.

Sin embargo, en el Nuevo Testamento se usa en varios sentidos diferentes. Podemos hacer distinción en los siguientes. En el sentido intelectual se aplica a no solo a personas sino a cosas como en Mateo 6.9; Lucas 11.2; 1Pedro 3,15. En tales casos significa “considerar un objeto como santo”, “atribuirle santidad” o “reconocer su santidad por la palabra o hecho”.

A veces también se emplea en un sentido ritual, o sea en el sentido de “separarlo de los usos ordinarios para fines sagrados”, o de “ponerlos a parte para un determinado oficio” Como en Mateo 23. 17,19; Juan 17.36; 2 Timoteo 2.21.

Otras veces se usa para designar aquella separación divina mediante la cual Dios produce de manera especial en la persona mediante su espíritu la cualidad subjetiva de santidad. Juan 17.17; Hechos 20. 32; 26.18; 1 Corintios 1.2; 1Tesalonicenses 5.23.

Y por último, en la epístola a los Hebreos parece que se usa en sentido expiatorio y también en el sentido parecido al que el apóstol Pablo le da a diakaico-o, Hebreos 9.13; 10.10,29; 13.12

 

Algunos adjetivos que expresan la idea de la santidad, entre ellos. Hosios. Esta palabra es muy frecuente y se encuentra en Hechos 2.27; 13.34,35; 1 Timoteo 2.8; Tito 1.8; Hebreos 7.26; Revelación 15.4; 16.5, y se aplica no sólo a cosas, sino también a Dios y a  Jesucristo. 

Describe una persona o cosa como libre de mancha o maldad, o más activamente, si se trata de una persona, como que cumplen religiosamente cada una de sus obligaciones morales.

También Hagnos esta palabra se encuentra en estos pasajes: 2 Corintios 7.11; 11.2; Filipenses 4.18; 1 Timoteo 5.22; Santiago 3.17; 1Pedro 3.2; 1 Juan 3.3. La idea fundamental de esta palabra parece que es la de estar libre de impureza y corrupción en el sentido ético.

Y por último Hagios. No obstante la palabra que es característica  del Nuevo Testamento, es hagios. Su significado real es el de separación en consagración y devoción al servicio de Dios.

Con esta palabra está relacionada la idea de que aquello que se pone aparte del mundo y se dedica a Dios debe de separase también de la corrupción del mundo y participar de la pureza de Dios.

Esta palabra no siempre tiene el mismo significado en el Nuevo Testamento. Se usa para designar una relación oficial o externa, como por ejemplo, cuando leemos de “Los santos profetas” Lucas 1.70, “santos apóstoles” Efesios 3.5, y “santos hombres de Dios” 2 Pedro 1.21.

No obstante, se emplea con mayor frecuencia en un sentido ético para describir la cualidad que se necesita para permanecer en una relación estrecha con Dios y para servirle de una manera aceptable, Efesios 1.4; 5.27; Colosenses 1.22; 1Pedro 1.15, 16. Recuérdese que  al tratar de la santificación usamos la palabra, ante todo, en este último sentido.

Cuando hablamos de la santidad en relación con la santificación damos a entender tanto una relación externa como una cualidad sujetiva e interna.

 

En el Nuevo Testamento tiene la palabra hagiasmos para indicar santificación. Y ocurre diez veces. En Romanos 6.19,22; 1Corintios 1.30; 1 Tesalonicenses 4.3,4,7; 2 Tesalonicenses 2.13; 1Timoteo 2.15; Hebreos 12.14; 1 Pedro 1.2.

Aunque denota purificación ética, incluye la idea de separación, es decir “la separación del espíritu de toda impureza y corrupción, y una renunciación de los pecados hacia los que nos llevan los deseos de la carne y de la mente”.

Hay otras dos palabras que describen el resultado del proceso, y son hagiotes y hagiosume. La primera la encontramos en 1Corintios 1.30 y Hebreos 12.10; y la segunda en Romanos 1.14; 2 Corintios 7.1 y Tesalonicenses 3.13.

Estos pasajes nos dejan ver que para Dios es esencial la cualidad de santidad, es decir, libertad de corrupción e impureza, en la forma en que nuestro Señor Jesucristo la manifestó y en la que se imparte al creyente. 

 

Los reformadores hicieron una diferencia muy clara entre la justificación y la santificación, ya que consideraban la primera como un acto legal de la gracia de Dios que afecta nuestra posición judicial, y la segunda como una obra moral o recreadora que cambia la naturaleza interna de la persona y tiene que ver con su condición.

Al mismo tiempo hicieron una distinción cuidadosa entre las dos al mismo tiempo que acentuaron su relación inseparable.

Aunque los Reformadores tenían la convicción que persona solo por la fe es justificada  no está sola. La justificación va seguida de inmediato por la santificación ya que Dios envía el Espíritu Santo a los corazones de los suyos tan pronto son justificados y ese Espíritu es el de la santificación

 

En el Antiguo Testamento la cualidad de santidad se aplica ante todo a Dios, y tal como se aplica su concepto fundamental es de la imposibilidad de aproximación.

De tal manera que esta imposibilidad de aproximarse a Dios tiene su fundamento en que Dios es divino, por lo tanto es absoluto diferente de la criatura.

La idea de santidad en su sentido derivativo también se aplica a las cosas y a las personas que se colocan en una relación especial con Dios.

Por ejemplo, la tierra de Canaán, la ciudad de Jerusalén, el monte del templo, el Tabernáculo, los sábados y las fiestas solemnes de Israel.

Cada una y todas estas cosas se llaman santas, ya que están consagradas a Dios y colocadas bajo la brillantez de su majestuosa santidad.

De igual manera, los profetas, los levitas, y los sacerdotes se denominan santos como personas apartadas para el servicio especial del Señor.

 

Al pasar del Antiguo Testamento al Nuevo notamos una notable diferencia. Mientras que en el Antiguo Testamento no hay ni un solo atributo de Dios que sobresalga en forma parecida a la prominencia de su santidad, en el Nuevo la santidad raras veces se atribuye a Dios.

Con la excepción de algunos pasajes del Antiguo Testamento, se le cita nada más en los escritos de Juan, Juan 17.11; 1 Juan 2.20; Revelación 6.10.

Probablemente la explicación de esto se encuentra en el hecho de que en el Nuevo Testamento la santidad se presenta como la característica especial del Espíritu Santo por quien los creyentes son santificados, capacitados para servir y conducidos a su eterno destino, 2 Tesalonicenses 2.13; Tito 3.5. La palabra hagios se usa en relación con el  Espíritu Santo casi cien veces.

Sin embargo, el concepto de santidad se atribuye en un sentido derivativo, en uno como en otro la santidad ética no es mera rectitud moral, y la santificación nunca es más que un mejoramiento moral.

En este punto mucha de la predicación ética en la actualidad está notoriamente equivocada y el único remedio para corregirla en que haga la doctrina verdadera de la santificación.

 

    A continuación ofrecemos una muy buena definición de la santificación «Es aquella operación bondadosa y continua del Espíritu Santo, mediante la cual Él, al pecador justificado lo liberta de la corrupción del pecado,, renueva toda su naturaleza a la imagen de Dios y lo capacita para hacer buenas obras» 

 

La santidad es la obra sobrenatural de Dios y la palabra de Dios lo demuestra con una claridad absoluta y de varias maneras. La describe como la obra de Dios 1 Tesalonicenses 5.23; Hebreos 13.20, 21. Como fruto de la unión de vida con Jesucristo Juan 15.24; Gálatas 2.20; 4.19.

Como una obra hecha en la persona desde su interior y la cual por esa misma razón no puede ser obra humana Efesios 3.16; Colosenses 1.11, y habla de sus manifestaciones en las virtudes cristianas como de la obra del Espíritu Santo.

Esta obra nunca debe explicarse como un proceso natural en el desarrollo espiritual de la persona, ni rebajarla al nivel de una mera conquista humana, como se ha hecho en una gran parte de la teología moderna especialmente en el área del pueblo carismático.  

La Biblia enseña que hay dos partes en la santificación. La primera es la mortificación del viejo hombre o sea el cuerpo del pecado. El término bíblico denota aquel acto de Dios por medio del cual la mancha y corrupción de la naturaleza humana como resultado del pecado se remueve.

El viejo hombre es la naturaleza humana hasta donde está controlado por el pecado Romanos 6.6; Gálatas 5.24.  El contexto del pasaje de Gálatas, el apóstol Pablo contrasta las obras de la carne y el fruto del espíritu, humano, ha ganado el predominio; y luego dice “y los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y sus concupiscencias”.

En segundo lugar la vivificación de la nueva persona creada según Cristo para buenas obras. Es de notar que la primera parte de la santificación es de carácter negativo y la segunda parte es de carácter positiva.

Consiste en aquel acto de Dios por medio del cual se fortalece la disposición santa del  espíritu, se aumenta la actividad santa, y de ese modo se engendra y se promueve un nuevo curso de vida.

La vieja estructura del pecado se destruye y una nueva estructura originada en Dios se alcanza en lugar de aquella.  Este lado positivo de la santificación  con frecuencia se le llama “Una resurrección juntamente con Cristo” Romanos 6.4-5; Colosenses 2.12 y 3.1-2.La vida nueva a la que esta vivificación nos conduce se llama “una vida para Dios” Romanos 6.11; Gálatas 2.19.

 

La santificación afecta a la persona total, cuerpo, alma, espíritu, la santificación tiene lugar en la vida interna de la persona, en el corazón, y este no puede sufrir cambios sin que se cambie toda la persona.

Si la persona interior queda cambiada, hay obligación de cambiar también la periferia de la vida.

Además, la Biblia enseña claramente que la santificación afecta tanto el cuerpo como el alma y el espíritu 1 Tesalonicenses 5.23; 2 Corintios 5.17; Romanos 612; 1Corintios 6.15, 20. La santificación del cuerpo tiene lugar de manera especial en la crisis de la muerte (Romanos 6.1-14.)

Por último, también descubrimos que la Biblia enseña que la santificación afecta a todos los poderes o facultades Jeremías 31.34; Juan 6.45; Ezequiel 36.25-37; Filipenses 2.13; Gálatas 5.24; Tito 1.15; Hebreos 9.14.  La santificación es obra de Dios con la cooperación de los creyentes. Cuando decimos que el creyente toma parte en la obra de la santificación, no estamos dando a entender que el creyente sea un agente independiente en esta obra, como para que sea en parte obra de Dios y por su parte obra del creyente sino, que en esencia solo Dios hace la obra por la instrumentalidad del creyente como un ser racional al que requieres de él, la asidua oración y cooperación inteligente con el Espíritu Santo.

Tal como se ve por las enseñanzas de la Biblia, la santificación es una obra de Dios y no del hombre como enseñan algunos. Esto es posible a causa de una obra del Dios trinó. Pero se atribuye más al Espíritu Santo. Romanos 6.11; 15.16; 1Pedro 1.2. También la Palabra De Dios que es usada por el Espíritu Santo 1Pedro 1.22; 2 Pedro 1.4.

 

En este estudio hemos consultado la obra  Teología Sistemática del conocido teólogo L. Berkof

 

Terminado 2-19-06

 

 

Sola Gratia, Sola Fide, Solus Christus, Sola Scriptura, Soli Deo Gloria

 

Ministerio
"En Línea con la Palabra"

Rev. Ramón Herrera
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