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VEA A LOS DEMAS COMO
DIOS LOS VE “...
pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, (2
S. 16.7) Más
o
menos cerca del siglo XI, Dios le encomendó al profeta Samuel, que fuera a casa
de un hombre Jesé y ungiera a uno de sus hijos para que fuera el futuro rey de
Israel. Tam pronto Samuel vió al hijo mayor, Eliab, estuvo seguro de haber
encontrado al elegido de Dios. Pero Dios le dijo “ No mires a su parecer, ni
lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que
mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová
mira al corazón”. (1S.16.7). Samuel no había visto a Eliab como Dios lo veía. ¡Con
cuanta facilidad nos equivocamos los seres humanos cuando valoramos a los demás!
Nos dejamos engañar por personas con apariencia atrayente pero carente de escrúpulos.
Y por otro lado, quizá seamos muy severos y rígidos al evaluar a personas
sinceras, pero que nos irritan. Si
nos apresuramos a juzgar a los demás personas, incluso a quienes conocemos
desde mucho tiempo, pueden surgir
algunos problemas. Tal vez hemos tenido alguna que otra disputa con algún
creyente con el que mantenía una estrecha amistad en el pasado. ¿No le gustaría
resolver las diferencias con ese tal creyente? ¿No
le gustaría meditar sobre los aspectos positivos de tal hermano o hermana? Si
lo hace, Hágalo pensando en las palabras de Cristo.”Ninguno puede venir a mí,
si el Padre no le trajere; y yo le resusitaré en el día postrero” (Jn.6.44).
Pegúntese ¿Por qué ha atraído Dios a esta persona a su Hijo? ¿Qué
cualidades posee? Es muy posible que al principio le resulte pensar en sus
buenas cualidades, sobre todo si lleva algún tiempo con resentimientos sobre
esa persona. Estudiaremos
las historias de dos hombres que muchas veces han sido juzgados por sus faltas.
Nos referimos al profeta Jonás y al apóstol Pedro. Miremos
primero Jonás Jonás
fue profeta en el reino del norte de Israel en tiempos del rey Jeroboán II, (2
R.14.23-25). Un cierto día Dios le ordenó que dejara Israel y viajara a Ninive,
capital del imperio asirio. Con el propósito de advertir a sus habitantes
de la inminente destrucción de aquella gran ciudad.(Jonás 1.1-2). En
vez de acatar las instrucciones de Dios, Jonás huyó y se embarcó
runbo a Tarsis, que quedaba muy lejos de Nínive (Jonás1.3). ¿Qué
usted cree de Jonás? ¿Es un profeta desobediente? ¿Lo nombró Dios, para esa
tarea?. Estoy seguro de que Dios lo comisionó para esa tarea. Jonás tenía
buenas cualidades. Repasemos su historia. De
acurdo con la Biblia, Jonás había efectuado una fiel labor en Israel. El
profeta Amós, contemporaneo de Jonás, calificó a los israelitas de la época
de materialistas y amantes del placer. Veian con total indiferencia las maldades
que se perpretaban en el país (Amós
3.13-15;4.4). Aun así Jonás cumplió fielmente, día tras día, con su comisión
de predicarles. Si usted es predicador de buenas nuevas, usted sabe lo difícil
que es hablar a personas apáticas y contentas con el estatus quo. De manera que,
aunque tengamos presentes las debilidades de Jonás, no pasemos por alto la
fidelidad y el aguante con que predicó a los infieles israelitas. La
asignación de ir a Nínive era aun muy difícil. Para llegar a dicha ciudad, el
profeta tenía que recorrer a pie unos 800 kilómetros en un agotador viaje de
por lo menos un mes de duración. Una vea allí, Jonás habría de predicar a
los asirios, cuya crueldad era notoria. Las terribles y sádicas torturas eran
un elemento frecuente de sus campañas militares, e incluso alardeaban de su
barbarie, ¡Con razón se llamó a Nínive “la ciudad de derramamiento de
sangre” (Nahúm 3.1-7). Reacio
a obedecer el mandato de Dios, Jonás subió a un barco que lo alejó más y más
de su asignación. Sin embargo Dios no lo dio por perdido ni buscó un sustituto;
más bien, lo ayudó a entrar en razón. Con ese propósito, Dios desató una
violenta tempestad que dejó el barco a merced de las olas. Algunos hombres
inocentes estaban a punto de perecer, y todo por causa de un misionero rebelde (Jonás
1.4). ¿Qué haría Jonás?. Como no quería que aquellos marineros perdieran la
vida por su causa, les dijo: “Tomadme y echadme al mar, y el mar se aquietará;
porque yo sé que por mi causa ha venido esta gran tempestad sobre vosotros” (Jonás
1.12). Al arrojar a Jonás por la borda, este no tenía motivos para pensar que
Dios lo rescataría (Jonás 1.15). Con todo, estuvo dispuesto a morir para
salvar a la tripulación del barco. ¿ No es cierto que se comportó con mucho
valor, y amor?. Un
tiempo después Dios rescató a Jonás. ¿Descalifico al profeta aquellas
aciones, de tal manera que jamás pudiera servir de nuevo a Dios? Por supuesto
que NO. Dios, en su gran misericordia y gracia, le volvió a dar a Jonás la
comisión de prediar a los ninivitas, Al llegar Jonás a Nínive, predicó con
valor a todos sus habitentes que Dios había observado una gran maldad y que la
ciudad sería destruida al cabo de cuarenta Dias (Jonás 1.2; 3.4). Cuando
escucharon aquel mensaje. Los ninivitas se arrepintieron, y la ciudad fue
perdonada. Sin
embargo, el profeta aun no tenía el punto de vista claro, así que Dios se valió
de un ejemplo práctico para enseñale que El ve más allá de las apariencias,
que Dios mira al corazón (Joná 4.5-11). El franco relato que él hizo de todo
lo ocurrido es una prueva evidente de que aprendió una valiosa lección. Tal
comportamiento a poner por escrito sus defectos, y conducta, constituye otra
demostración de humildad; y se requiere valor para admitir sus errores, Mucho
tiempo después Cristo hizo esta reveladora declaración sobre la vida de Jonás
en Mateo 12.40 “Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días
y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres
días y tres noches”. ¿No nos causa alegria servir
a un Dios que no da por perdidos a sus hijos cuando cometen errores?
El Salmista escribio: “Como el Padre se compadece de sus hijos, se
compadece el Señor de los los que le temen. Porque El conoce nuestra condición;
se acuerda de que somos polvo” (Salmo 103. 14-15) Una
evaluación equilibrada del apóstol Pedro. Si
nos pidieran que describira a Pedro, ¿pensaría en algunas características.
Como la precipitación, la impetuosidad o quizá la presunción? Es ciero que
Pedro las manifestó en muchas ocasiones. No obstante, ¿lo habría escogido
Cristo para ser uno de sus doce apóstoles si realmente hubiera sido un hombre
con esas características? Esta claro que Cristo, en vez de fijarse en tales
flaquezas, persivió en él buenas cualidades. En
ocasiones, Pedro fue el portavoz de los otros apóstoles. Se ha dicho que talvez
superaba en edad a los demás apóstoles e incluso al propio Cristo. Si
esta suposición es correcta, eso explicaría que a menudo fue el primero en
hablar. “Entonces Pedro, tomandolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo:
Señor, ten compasión de ti, en ningura manera esto te acontezca”. (Mateo
16.22). Hay otro factor que no debemos pasar por alto. Pedro era un hombre de
inclinación espiritual, y sus ansias de conocimieto lo impulsaban a hacer
muchas preguntas. Todos nosotros los creyentes nos hemos beneficiado de este
hecho, pues en sus resppuestas Cristo pronunció algunas declaraciones de
inestimable valor que se han preservado en las Sagradas Escrituras.Por ejemplo,
cuando aludió al “mayordomo infiel”, estaba contestanto una pregunta del apóstol
(Lucas 12.41-44). Y piense en las siguientes palabras de Pedro:”...nosotros lo
hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos? Esta cuestión
condujo a la alentadora promesa de Cristo “ Y cualquira que haya dejado casas,
o hermanos, o hermanas, o padre. O madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi
nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna” (Mateo 19.29). Pedro
poseía otra valiosa virtud: era leal. En una ocasión en muchos discípulos
djaron de seguir a Cristo por no entender una de sus enseñanzas, fue Pdro quien
en nombre de los doce dijo:” Señor, ¿a
quien iremos? Tu tienes palabras de de vida eterna”. (Juan 6.66-68) ¡Como
devieron de conmover a cristo aquellas palabras!. Posteriormente, cuando llegó
la turba para arrestar a Cristo, casi todos los discípulos huyeron, pero Pedro
siguió de lejos a la multitud hasta entrar en el patio del sumo sacerdote. No
fue la cobardía lo que lo llevó allí, sino el valor. Mientras interrogaban a
Cristo Pedro se unió a un grupo de judíos que se calentaban junto al fuego, y
un esclavo del sumo sacerdote lo reconoció de haber acomañado a Cristo. Es muy
cierto que Pedro negó a Cristo, pero no podemos olvidar que fue la lealtad y su
preocupación por El lo que lo puso en esta situación tan peligrosa, una
situación que la inmensa mayoría de los apóstoles no se atravieron a afrontar
( Juan 18. 15-27). Las
virtudes de Pedro superaban con mucho a sus defectos, y lo mismo cabe
decir del profeta Jonás. Tal como hemos mirado a ambos personajes a través de
un prisma más favorable que el acostumbrado, tenemos que habituarnos a evaluar
con más benevolencia a otros creyentes. De ese modo nos llevaremos mucho mejor
con nuestros hermanos en la fe. Aplicando
la lección en nuestros días sirven a Dios hombres, mujeres y niños de toda
raza y nivel económico y cultural.Tenemos que tener en cuenta que entre los
miembros del cuerpo de Cristo existe una variedad de personalidades. Si servimos
a Dios en una estrecha colaboración, es casi inevitable que de vez en cuando se
produzcan fricciones. La Biblia nos dice en Filipenses 2.3 lo sigiente: “Nada
hagáis por contienda o por vana gloria; antes bien con humildad, estimando cada
uno a los demás como superior a él mismo”. Aunque
notamos las devilidades que incurren otros creyentes, no nos cetramos en ellas.
El salmista nos dice: JAH, si mirares a los pecados. ¿Quién, oh Señor, podrá
mantenerse? (Sal.130.3). En vez de fijarnos en los rasgos de personalidad que
pudieran distanciarnos, seguimos el consejo apostólico “ Asi que, sigamos lo
que contribuye a la paz y a la mutua edificación” (Ro. 14.19). Nos esforsamos
por ver a las personas como las ve Dios, procurando pasar por alto sus defectos
y centranos en sus virtudes. Hacerlo así nos ajuda a continuar “
soportandonos unos a otros” (Col. 3.13). Dios
ama a todos sus hijos que le servmos, y a pesar de nuestras imperfecciones se
complace en utilizarnos a todos es su servicio. Entender mejor cómo Dios evalúa
a los seres humanos nos dará impulso para amar a
todos los creyentes, Si por casualidad se ha enfriado el amor que
sentimos por los otros creyentes, es muy posible reavivarlo. Además,
cosecharemos muchas bendiciones si procuramos con empeño ver a los demás como
Dios y la Biblia los ve. |
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