MILAGRO
DE UNA M-U-Ñ-E-C-A
(Traducción Ramón R. Herrera)
Esta increíble
mujer, muda, ciega y sorda, simboliza la perseverancia y la voluntad para
vencer las limitaciones físicas
«Los
grandes poetas son interpretes de las cosas eternas. Es verdad que no
puedo ver la luna, pero sé
que está ahí». Esto llegó a pensar y a escribir en su libro La historia de mi vida (Edades, México, 12ma, edición, 28
noviembre) la infatigable y sabia mujer que hace muchos años era una niña
ciega y sordomuda que de debatía en la desesperación, buscando inútilmente
una manera que le permitiera comunicarse con sus angustiados padres.
Eles
Releer creció en medio de
una infancia muy difícil y atemorizaba a sus familiares y amistades de la
casa con gritos y alteraciones constantes, pero cuando cumplió seis años,
su progenitora leyó un libro de Charles Dikens que contaba el trabajo
increíble hecho con la niña
Laura Bridman, también sordo-ciega.
Los
padres de Hellen solicitaron la ayuda de Michael Anagnos, director del
Asilo para ciegos de Massachussets y del celebre Alexander Graham Bell.
Con la ayuda de este encontraron a la profesora Anne Sullivan, quien con
gran dedicación alcanzara la vital rehabilitación de la niña.
Eles
nació en la desconocida
localidad norteamericana de Tuscumbia, al norte de Alabama, el 27 de junio
de 1880; se convirtió en la primera sordo-ciega-muda del mundo que se
graduó en una Universidad y, además, fue autora de un “best-seller”
y nombrada fundadora de campañas por los derechos de la mujer.
El
misterio de su enfermedad
Helen
Keller nació saludable, pero a los 19 meses le sorprendió una calentura
rara que los doctores de aquel tiempo llamaron “fiebre cerebral” y que
probablemente fuera fiebre escarlata o meningitis.
Pronto
su madre notó que mientras bañaba a la niña, esta no cerraba sus ojos.
Llamó al doctor, quien descubrió que la niña era ciega. Días después
también la progenitora comprobó que la pequeña parecía no oír el
ruido fuerte de una campana. Por esa razón quedó muda también.
Cuando
por primera vez la profesora Anne Sullivan visitó la casa de Eles, la niña
puso sus manitas en la cara y el vestido de la maestra, trataba de abrir
su bolsa. Costó mucho trabajo quitársela, pues luchaba caprichosamente
por tenerla. La señorita Sullivan le dio entonces una muñeca y ella se
sentó a jugar con ella.
La
primera evidencia del esfuerzo que hizo Anne Sullivan para que Helen
pudiera ser feliz, está unida a ese juguete, cuando la pequeña ciega,
sorda y muda la acunaba en sus brazos, porque fue justamente “muñeca”
la primera palabra que la niña aprendió.
Cuando
Eles llevaba unos minutos realizando esa maniobra, la profesora tomó la
mano y deletreó la palabra m-u-ñ-e-c-a escribiendo cada letra en la
palma de la no de la niña, que se mostró interesada en los
extraños movimientos y trató de imitar el recorrido de los dedos
de la maestra. Esa fue la primera vez que alguien intentara enseñar a
Helen Keller.
La
señorita Sullivan hizo con la palabra “agua” mediante la sensación
del agua fresca en su mano, que la propia Helen
comentaría: “De alguna manera en aquel momento comprendí de
repente el misterio del lenguaje. Supe entonces la maravilla que era la
frialdad del agua que impetuosamente cayó sobre mi mano. Aquella palabra
“viva” tocó mi espíritu, dándole luz, esperanza y regocijo”
En
apenas unas horas Helen había aprendido 30 nuevos vocablos y desde
entonces su progreso fue realmente asombroso. Aprendió a leer “tocando”,
primero usando letras a relieve, luego con el sistema Braille.
A
los 20 años ingreso en el Colegio Radcliff, de Harvard, donde aprendió
francés, alemán, griego, y latín, abriendo así un gran potencial al
mundo de las personas ciegas y sordas. Anne Sullivan murió en 1936, pero
Helen continuó viajando por el planeta, acopiando fondos para los ciegos.
Su historia fue contada en 1962 en la película The Miracle Worker ( La trabajadora milagrosa). Protagonizada por
Anne Bancroft y Patty Duke, quienes fueron ganadores del Oscar por sus
formidables actuaciones.
Hablar
y “Escuchar”
La
señorita Sullivan la llevó a una famosa profesora de sordos llamada
Sarah Fuller, y le indicó lo
qué tenía que hacer. Helen movió
su mano sobre los labios de la señora Fuller, puso sus dedos dentro de la
boca de la nueva profesora para aprender la posición de la legua, los
labios y los dientes. Luego emitió los sonidos que hizo la señora
Fuller.
Después
de eso, la profesora emitió otros sonidos y Helen los imitó a todos.
Luego la señorita Fuller pronunció algunas palabras aisladas, moviendo
sus dedos a través de las manos
de Eles para mostrarles la extensión de las sílabas.
Regresó
a su casa a la altura de la séptima lección, se viró hacia la señorita
Sullivan y le dijo con una con una extraña y vacía voz: Puedo hablar
ahora”. Esa fue realmente la primera vez que hizo uso del lenguaje
humano.
Helen
tomó solo siete lecciones de la señora Fuller, pero eso fue solo el
principio de su larga lucha para aprender a hablar. Semana tras semana…año
tras año, trató de hablar cada vez más claramente. Repitió palabras y
oraciones durante horas, empleando el sentido del tacto de sus dedos par
aprender las vibraciones de la garganta de la señorita Sullivan, el
movimiento de su lengua y la expresión de su cara mientras hablaba.
Al
cabo de algunos años Helen fue capaz de “oír” mediante la vibración
los mejores chistes de Mark Twain. Con sus dedos
en los labios, el
tenor italiano Enrico Caruso “vertió su dorada voz’ en su mano y el
violinista Jascha Heifets tocó para ella mientras Helen apoyaba
ligeramente sus dedos en el violín.
Las
victorias de Helen Keller sobre
sus desventajas o discapacidades rápidamente la hicieron famosa. Comenzó
a mantener correspondencia con muchas gentes célebres, escribiendo en
ingles y en francés. Asistió al colegio, al lado de su profesora
Sullivan, quien le escribía en su mano las lecciones de los maestros. Se
graduó en 1904, con 24 años. De inmediato escribió artículos para
algunas revistas y habló para ciegos en muchas partes del mudo. Recibió
honores en distintos países, y muchachas y muchachos corrían a conocerla.
Mientras otros nombres serán olvidados, el de Helen Keller será
recordado por mucho tiempo.
En
1964 recibió la Medalla de la Libertad, la más alta condecoración dada
en Estados Unidos a un civil, un año más tarde fue elegida para
figurar en el Paseo de la Fama de las Mujeres en la Feria Mundial de Nueva
York.
Murió
tranquilamente el primero de junios de 1968. Algunos años antes había
perdido su muñeca en uno de sus viajes humanitarios.
Este
es un ejemplo viviente de: “el que quiere puede”
Oct. 17, 2009