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LAS  BESTIALIDADES DEL SIGLO 21

Por Ramón R. Herrera

 «Dos cosas me admiran. La inteligencia de las bestias y la bestialidad de los hombres»

Flora Tristán

 El cable nos trae una noticia aterradora> Wahid tiene tres años y ya conoce la desolación y el  horror que se puede sentir en los intramuros de una prisión.

Vive con su madre en la cárcel de Pul-e Charkhi, en Kabul, y junto a él habitan otros 225 pequeños cuyas madres han sido condenadas por asesinatos, adulterio o abandono del hogar a largas penas de cárcel.   Ellas decidieron que la prisión es la mejor alternativa.   En muchos países a las reclutas embarazadas o madres con hijos hasta res años de edad se le permite tenerlos en la prisión  para aliviar el dolor de la separación, mientras que en otros se les envía a las casas de acogida o  a los programas  bienestar del niño.

En Pul-e Charkhi, los pequeños sobreviven como pueden. Aunque  tiene acceso a algo de educación, tratamiento médico y a otros artículos distribuidos por grupos de ayuda, el permanecer viviendo entre esas paupérrimas cuatro paredes dejará grandes marcas para toda su vida.

«Estaba viviendo en una carpa, y no tengo dinero. En la prisión, por lo menos mis niños tienen algo que comer». Habla Qandy, de 30 años, acusada de robar un teléfono móvil, y que está en la cárcel con sus dos hijos.

Algunos de estos niños nacieron  entre rejas. Otros llegaron con sus madres a cumplir condena porque  afuera corren el peligro de ser vendidos o maltratados incluso por su propia familia, por el simple hecho  de ser hijos de una mujer que ha “cometido algún delito»

Sorba, de cuatro años, tiene ojos pálidos. Su madre María, dice  que ambos padecen de hepatitis C. Tiene otros dos niños viviendo bajo su abrigo en la prisión y se cuestiona entre pasar los cinco años que el quedan de la condena con ellos en su estado o enviarlos fuera, «¿Quién va a cuidarlos?»

La opción reenviarlos a un orfanato podría ser viable, pero ahí tampoco cuentan con ningún tipo de seguridad. Shiringul, tiene cuatro pequeños y no quiere dejarlos ir porque, incluso en esas instituciones, podrían ser raptados o asesinados por represalia por los actos cometidos por su madre.

Afuera, en el mundo exterior, no es muy distinto a las mazmorras de Kabul. Alejados del calor materno se enfrentarían solos a los escollos de un país pobre y desolado por tanta guerra, donde una casa segura y cómoda es una rareza.

La violencia que asola a Afganistán afecta gravemente a la población infantil cuyos derechos son atropellados constantemente. Mueren en los bombardeos, son reclutados como combatientes y se les abusa sexualmente. No se trata de solo de las pavorosas violaciones que ocurren en el contexto de la guerra, sino también de la terrible pobreza que los aqueja y del trabajo duro que deben desempeñar.

Como si todo esto fuera poco; el sector de la población afgana no asiste a la escuela y el mayor grupo que carece de educación es el de las niñas. También estan excluidos, de acuerdo con recientes datos de la UNESCO, están los pequeños que trabajan, viven en la calle, están en prisión o son discapacitados, pero el sector más marginado es. POR MUCHO, EL DE LAS MUJERES.

Incapaces de imaginarse qué tipo de adultos serán mañana, los niños afganos sobreviven dentro de las  cárceles, en la calle o en orfanatos Imposible definir cuál de  estas tres opciones les dejará secuela más crueles. La desolación se les ha instalado permanentemente, olvidados por el mundo, bajos capas de miseria social ante la ceguera constante, inmutable de los poderosos.

 

Sola Gratia, Sola Fide, Solus Christus, Sola Scriptura, Soli Deo Gloria

 

Ministerio
"En Línea con la Palabra"

Rev. Ramón Herrera
Pastor-Maestro

Miami, Florida USA   E-Mail: informes@enlineaconlapalabra.com