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EL CIELO SILENCIOSO
Por Ramón R. Herrera «Dios
habiendo hablado muchas veces y de
muchas maneras en otro tiempo a los padres por
los profetas, 2en
estos últimos días nos ha hablado por el hijo, a quien constituyó
heredero de todo y por quien asimismo hizo el universo» (Hebreos
1.1,2) «...Mientras
el decía esto, vino una nube que los cubrió; y tuvieron al entrar en la nube Y
vino una voz desde la nube, que decía:``Este es mi hijo amado; a El oid”» (Mateo
17.1-8; Lucas 9.2-8) No hay duda, que el silencio del cielo es un gran misterio. No podemos negar que hay algunos que para ellos no representan perplejidades. Es una filosofía de optimismo superficial o una vida de aislamiento egoísta Para ellos, las tristes realidades de la vida a nuestro alrededor no existen, estas no arrojan sombras en su canino. La serena atmósfera de su paraíso personal no se ve
perturbada por el grito de los que sufren y de los oprimidos. Pero personas sinceras y sobre todo pensantes encaran
estas realidades y escuchan los gritos; y su asombro indinado halla expresión a
veces en las palabras del profeta y poeta hebreo «¿cómo sabe Dios? ¿Y hay
conocimiento en el Altísimo? ¿Quién puede evaluar la tristeza, el sufrimiento y
los males que se soportan en un solo recorrido del reloj, incluso en el
favorecido Estados Unidos? Y si es así en el árbol verde, ¿qué se dirá del
seco? ¿Qué mente es capaz de abarcar la suma de toda la
miseria de este mundo amontonada, día tras día, año tras año, siglo tras
siglo? Los corazones humanos podrán hacer planes, y las manos
y el brazo fuerte y presto de la ley humana puede hacer mucho para la protección
de los más débiles así como el castigo a los malvados. Pero en cuanto a Dios,¡La luz de la luna y las
estrellas no es más fría y sin compasión de lo que El parece ser! Nuestro mundo está
envuelto en desgracias por todas partes, ejemplos, el conflicto en Irak,
como resultado de una mentira, que le cuesta la vida a más de 2000
norteamericanos y miles y miles de iraquíes tanto mujeres como niños. Hay
guerra en Colombia, entre palestinos e israelíes, en Africa entre las tribus
rivales, Afganistán etc. Las amenazas de Corea del Norte e Irán a causa de las
armas atómicas. La corrupción gubernamental sigue al galope en todas partes
del mundo incluyendo nuestro país. El terrorismo esta imparable matando, a
mujeres y niños inocentes, los desastres naturales, como el Tsunami que ocurrió
el año pasado en las costas del sureste de Asia, dejando 225 mil personas
muertas. El terremoto en Paquistan con cerca de 70.000 muertos Los ciclones Catrina y Wilma dejando una estela de destrucción
y muerte, terremotos y tornados; y para colmo un comentarista “cristiano”
muy conocido pide que un presidente latinoamericano debe ser asesinado, porque
resultaría mas barato que una guerra. Algunos jueces en Estados Unidos siguen
haciendo decisiones desafortunadas con rumbo a una república laica. Y ese mismo
comentarista dejo. Que lo le paso al primer Ministro israelí fue por qué trató
de dividir al pueblo de Israel. ¿Acaso el Dios todopoderoso no tiene poder para
detener tantos y variados problemas en nuestro mundo? Pero en vano esforzamos
nuestros oídos para escuchar alguna voz desde el trono de la Divina Majestad.
El lejano cielo en el que. En perfecta paz y gloria inexpresable, Dios habita y
reina está ¡en silencio! Y cuando apartamos nuestros pensamientos del gran
mundo que nos rodea, y los fijamos sobre el estrecho círculo de su pueblo fiel,
los hechos no son menos duros, y el misterio se hace más inescrutable. Hombre y mujeres devotos salen de nuestras costas,
abandonando la seguridad, las comodidades, los atractivos y los incontables
beneficios de la vida en medio de nuestra civilización cristiana, para llevar
el conocimiento del verdadero Dios a las tierras lejanas. Pero pronto oímos de su asesinato en manos de aquellos
mismos que ellos querían salvar. Y ¿dónde está el “verdadero Dios” al
que ellos servían? El pequeño grupo de creyentes que eran, en un sentido
especial, sus embajadores acreditados, hombre y mujeres nobles, que compartían
su exilio y sus labores, y niños cuya tierna impotencia hubiera podido excitar
la piedad del mismo diablo, en su terror y agonía clamaron al cielo por el
socorro que nunca llegó. Seguro que el Dios en el que esperaban hubiera podido
cambiar los corazones o frenar las manos de sus brutales asesinos.¿Es posible
imaginar circunstancias que demandaron de manera más justa la ayuda de Aquel al
que adoraban como Todopoderoso, tanto en el cielo como en la tierra? ¡Pero la tierra ha bebido su sangre, como la Abel, y
un cielo silencioso ha quedado una vez más en total silencio! EL MISTERIO DEL CIELO SILENCISO PERMANECE
Cuando estudiamos la Biblia el misterio de un cielo silencioso, que está
llevando a tantas personas a la incredulidad, o al ateismo
parecen hacerse aun más
irresolubles. La vida y las enseñanzas de Jesucristo han traído la
admiración de multitudes, incluso la de aquellos que le han negado el más
profundo homenaje de su fe. Todas las mentes generosas le aclaman como la figura más
noble que haya pasado por la tierra. Pero el cristianismo demanda para El mucho
más que eso. El Dios grande y desconocido había habitado en la
oscuridad impenetrable y en la luz inaccesible: aparentes contradicciones que
armonizan de hecho en una perfecta representación de su actitud hacia los
hombres. Pero ahora se ha revelado a Sí mismo. Jesús no fue
meramente el hombre ejemplo para todas las edades, sino que El era él mismo y
divino “Dios manifestado en carne”. Los profetas inspirados la habían presentado antes en
sombras: ahora se cumplía. El sueño de la mitología pagana se realizaba en el
gran hecho fundamental del cristianismo. Dios asumía la forma de hombre y
habitaba como hombre, entre los hombres. Y comenzaba su ministerio diciendo sorpresivamente en el Sermón
de la montaña: «Ustedes han oído que se dijo a sus antepasados; -No mates...
Pero yo les digo...» (Mateo 5.21-22). «Ustedes han oído que se dijo: “No cometas
adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer y la codicia ya
ha cometido adulterio con ella en el corazón”...» (Mateo 5. 27-28). «Se ha dicho: “El que repudia a su esposa debe
darle un certificado de divorcio. Pero yo les digo que, excepto en caso de
ifidelidad conyugal, todo el que divorcia de su esposa, la induce a cometer
adulterio...» (Mateo 31.32) «También han oído que se dijo a sus antepasados:
“No faltes a tu juramento, sino cumple tus promesas al Señor” Pero yo les
digo : No juren de ningún modo... (Mateo 5. 33,34) «Ustedes han oído que se les dijo: “Ojo por
ojo y diente por diente” Pero yo les digo: No resistan al que les haga mal...»
(Mateo 5.38,39). «Ustedes han oído que se les dijo: “Ama a tu
prójimo y odia a tu enemigo” Pero yo les digo” Amen a sus enemigos y oren
por quienes los persiguen» (Mateo 5.43,44). Jesucristo como legislador podía
modificar la ley. El juicio verdadero se hizo hace mas de 2000 años en
la cruz del calvario, al decir de Pablo que el sólo predicaba a Cristo y este
crucificado. Cada persona en presencia de aquella cruz, Dios llama a cada uno de
los que llegan a conocer este relato para que declaren de qué lado se colocan,
sin embargo, las personas luchan para evadirse del asunto. Después de su resurrección y de su ascensión,
hallamos estas palabras sublimes y llenas de significado: «e me ha dado toda
autoridad en el cielo y en la tierra» (Mateo 28.18). Aquí es perfectamente inteligible la posición de una
incredulidad declarada; pero, ¿qué se puede decir del escepticismo encubierto
del moderno cristianismo que explica esta afirmación como significando tan sólo
la afirmación de una autoridad mística para enviar predicadores del Evangelio? Acéptese el esquema que la revelación de acerca de la
apostasía y la caída del hombre, y su consiguiente alienación de Dios, y se
puede explicar la historia del mundo hasta los tiempos de Cristo. Pero tanto el tipo como la promesa, testificaban al unísono
que venida del Mesías sería el amanecer de un día más radiante, cuando «los
cielos regirían», cuando todos los males serían resueltos, y la tristeza y la
discordia darían lugar a la alegría y a la paz. Las huestes angelicales que anunciaron su nacimiento
confirmaron el testimonio, y parecían señalar su próximo cumplimiento. Y estas palabras de Jesucristo mismo resuenan como una
proclamación de que el gran jubileo de la tierra llegaba al fin. Tampoco los sucesos de los primeros días dieron el
mentís a la esperanza. Debido a un gran milagro público ejecutado en su nombre,
los apóstoles fueron amenazados con castigos, y ellos apelaron a Dios. Entonces Dios dio prueba pública de que había
escuchado su oración, porque «tembló el lugar en que estaban reunidos» (Hechos
4.31). Un juicio repentino cayó sobre Ananás y Safira cuando
pecaron, y como consecuencia; «Y un gran temor se apoderó de todos los que se
enteraron de lo sucedido.» (Hechos 5.1-11 « Por medio de los apóstoles ocurrían
muchas señales y prodigios entre el pueblo» (Hechos 5.12). «También de lo pueblos vecinos a Jerusalén acudían
multitudes que llevaban personas enfermas y atormentadas por espíritus malignos,
y TODAS eran sanadas.» (Hechos 5.15) Y cuando sus enemigos arrestaron a los apóstoles y lo
echaron en la cárcel pública, « Pero en la noche un ángel del Señor abrió
las puertas de la cárcel y los sacó» (Hechos 5.19) Fue durante este período, indudablemente, cuando cayó
el mártir Estaban. Sí, pero antes de que cayera víctima de las piedras que le
arrojaban sus fieros asesinos, los
cielos se abrieron, y le revelaron una visión de su Señor en gloria. Si el martirio aportara en la actualidad tales visiones,
¿quién temería ser un mártir? Por una visión parecida el más notable de
los testigos de su muerte fue transformado en una apóstol de la fe que había
resistido y blasfemado. Y cuando a su vez, se encontró en manos de crueles
enemigos en Filipos, su oración de media noche obtuvo respuesta de un terremoto
que conmovió los cimientos de la prisión. Unas manos invisibles rompieron sus cadenas que les
mantenían cautivos, a él y a Silas y les abrieron las puertas del calabozo de
par en par. También el apóstol Pedro experimentó una liberación
parecida cuando era prisionero de Herodes en Jerusalén, y ello la víspera del
día señalado para su ejecución. El registro es claro y conmovedor. (Hechos
12.6-9). Estos son solamente selecciones de las narraciones de
los capítulos iniciales de los Hechos de los apóstoles, la intervención
divina no era ninguna mística para estos hombres y mujeres de Dios. La historia de la infancia de la Iglesia, así como la
historia de los inicios de la nación hebrea, estaba constituida por un registro
ininterrumpido de milagros. Paro aquí se acaba el paralelismo. Bajo la antigua
economía el cese de la intervención divina en los asuntos humanos era
considerado como anormal, y el hecho tenía su explicación en la apostasía y
el pecado nacional. Los tiempos de la apostasía nacional constituyeron
precisamente el período de la era profética. Entonces fue cuando la voz divina
se oyó creciente claridad. Paro en contraste con todo ello, el cielo ha estado
enmudecido durante 19 siglos. Este hecho, además, podría parecer menos extraño
si la profecía hubiera cesado con Malaquías, y no se hubieran renovado los
milagros en los tiempos mesiánicos. Argumentar que la idea de una intervención divina en
los asuntos humanos es irrazonable o absurda, es solamente ofrecer una
prueba de que fácilmente la mente queda esclavizada por los hechos
ordinarios de la experiencia. El creyente reconoce que tal intervención era normal
en los tiempos antiguos, mientras que el incrédulo argumente muy justamente que
si en realidad Dios existe, todopoderoso y totalmente bueno, tal intervención
debiera ser común en todo tiempo. Podíamos contestar que, este mundo es una escena de
prueba en la que Dios, en su infinita sabiduría, ha considerado adecuado dejar
a las personas totalmente a sí mismas. Pero esta respuesta es, frente a una Biblia abierta,
totalmente imposible. Permanece el misterio de que «Dios, que muchas veces y de
varias maneras habló a nuestros antepasados en otras épocas por medio de los
profetas» , ¡no habla ahora nunca a su pueblo!. La historia divina de la raza favorecida durante
millares de años hierve de milagros, con los que Dios dio prueba de su poder
para con los hombres, y con todo ello nos enfrentamos con el hecho asombroso. De que, desde los días de los apóstoles hasta la hora presente, se puede investigar infructuosamente
la historia de la cristiandad ¡en busca de un solo suceso público que obligue
a creer que haya un Dios en absoluto! También los milagros religiosos demandan nuestra
atención. No aludo a los trucos de algunos sacerdotes y evangelistas, sino a
casos de curaciones extraordinarias de serias enfermedades; y por menos, algunos
de ellos parecen estar apoyados por la suficiente evidencia para establecer su
certeza. Es probable que el fenómeno de la historia de
enfermedades, histéricas, dé cuenta de la mayor parte de los casos de ese tipo.
También se podrían explicar otros casos como ejemplos del poder de la mente y
de la voluntad sobre el cuerpo. Las enfermedades que son necesariamente fatales son, en
comparación, pocas. Pero cuando el paciente abandona la esperanza, sus
posibilidades de recuperación quedan muy reducidas. Por otra parte, el progreso de una enfermedad puede ser
controlado, e incluso reducido, por alguna influencia o emoción dominante que
devuelve los pensamientos del paciente de nuevo a la vida, y que le hacen creer
que está curado. Pero mientras que la inmensa mayoría de las curas
aparentemente milagrosas pueden explicarse de esta forma, mediante principios
naturales, puede que haya algunas que sean milagros genuinos. No hay límites a las posibilidades de la fe, y puede
que Dios se declare así en ocasiones. No hay nada es esta admisión de que
nuestra era, a diferencia de las que precedieron, no hay sucesos públicos
que nos empujen a creer lo contrario. Estoy tratando aquí, no con el mero hecho de los
milagros, sino con su valor como evidencias; y si ha habido milagros en la
cristiandad, este elemento está ausente en ellos. Puedo añadir que, entre los creyentes, es algo muy
malo, hacer de la experiencia
excepcional de algunos la regla de fe para todos. La palabra de Dios es nuestra
guía, y no la experiencia de nuestros hermanos cristianos; las consecuencias prácticas
son desastrosas. Los anales de «curaciones de fe», como se las llama,
abundan en casos de enfermedades de histeria, pero guardan silencio acerca de
los naufragios espirituales debido a innumerables fracasos. Termino este estudio haciendo notar algo en que nadie se fija.
En los programas de sanidades sólo presentan los que “dicen que se han sanado”
nunca los que se fueron sin sanidad y para colmo los acusan de no tener fe. Es
Señor Jesucristo sanó tantos a los que tenían fe como a los que no la tenían.
El que necesita tener fe es aquel que ora por los enfermos no la otra persona. Todos que así predican usan este versículo “Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos” Pero hoy día no sabemos de nadie que haya caminado sobre el agua, de que nadie haya alimentado a cinco y a cuatro mil personas con cinco panes y dos peces. Que las prisiones se hayan abierto cuando algunos creyentes han sido encarcelados injustamente. Podíamos seguir usando ejemplos que hay muchos, pero los remitimos a nuestro estudio “Los milagros como evidencia”. (Texto bíblico tomado de la Santa Biblia, Nueva Versión Internacional) Terminado Enero 15, 2006
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