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EL CODIGO DA VINCI Por
Ramón R. Herrera El
código Da Vinci es una novela de ficción anticristiana que está resultando
ser un éxito de ventas en todo el mundo. Con más de 30 millones de ejemplares
vendidos, traducida en 30 idiomas y con los derechos para la película, que se
estrena en estos días, en manos de Columbia Pictures y el director Ron Howard,
con Russell Crowe de protagonista, se trata de un acontecimiento propio de la
llamada cultura de masas, escrito por Dan Brown.
Son ya abundantes las novelas, y sus
correspondientes adaptaciones cinematográficas, que se apuntan a la
llamada “teología-ficción” cuestionando la veracidad histórica del
cristianismo.
No cabe duda de que es una pretensión de aprovecharse comercialmente del
escándalo que suscitan en los creyentes, y la vez enganchar con un público
carente de cultura religiosa pero todavía familiarizada con la imaginería
cristiana.
En el argumento de la novela, un conservador del museo del Louvre es
asesinado, pero antes de morir consigue dejar unas pistas y colocarse de
una forma significativa.
Su nieta Sophie y un investigador americano, tenía que ser americano,
descubren que el abuelo trataba de dejar un mensaje no sobre su asesino, sino
acerca de un gran secreto.
El abuelo formaba parte de una antigua sociedad secreta llamada El
Priorato de Sión, que durante muchos años se encargó de custodiar ese gran
secreto, cuya revelación supondría una amenaza para la concepción presente de
la humanidad.
Lógicamente, el cristianismo se habría esforzado durante estos últimos
dos mil años de proteger ese secreto.
Preguntamos ¿En qué consiste este gran secreto? En que nuestro Señor
Jesús estuvo casado con María Magdalena, quien estaba embarazada cuando Jesús
fue crucificado.
Los descendientes de aquel niño aun sobreviven y se mantienen en forma
anónima protegidos por el Priorato de Sión, que es también
el guardián de la verdadera fe en Jesús y María Magdalena, basada en la teoría
del sagrado femenino.
La novela, consiste en una carrera por encontrar el Santo Grial. Pero en
vez de buscar el cáliz de la Ultima Cena lo que busca principalmente son los
restos de María Magdalena.
Sophie y el americano comenzarán una competencia en que el cristianismo
es su rival, representada en la figura de un “albino”, miembro del OPUS DEI,
que recibe indicaciones de un supuesto obispo y de un misterioso maestro.
Correrán detrás de las pistas codificadas que el abuelo de Sophie fue
dejando. Es una especie de rompecabezas que les llevará desde los Bancos de
Zurcí a la Iglesia del Santo Sepulcro, y de la Abadía de Westmister a las
pinturas de Leonardo Da Vinci.
La historia de Da Vinci consiste en que parece que plasmó su devoción
al Santo Grial Femenino en la Represtación de la Ultima Cena, en la cual
el personaje de la derecha de Jesús no es San Juan, sino María Magdalena, su
compañera.
Muy pocas cosas de esta novela son originales-según Andy Welborn-. La
mayoría de ellas proceden del trabajo Holy Blood Greil y el resto son una
especie de remiendos de ridículas y gastadas teorías esotéricas, gnósticas y
de la Nueva Era.
Otra de las ridículas teorías es
que la divinidad de Jesucristo fue un invento del emperador Constantino para
apuntalar su poder; pues hasta aquel momento de la historia-escribe el propio
Dan Brown-, Jesús era visto por sus discípulos como un profeta mortal, un
poderoso y gran hombre, pero un hombre nada más. Un mortal.
Las excéntricas conjeturas de de Dan Brown se mezclan con hechos e
investigaciones chapuceras: por ejemplo, los Juegos Olímpicos de la antigüedad
se celebraban en honor de Zeus, y no de Afrodita; Los Templarios, que
supuestamente son los guardianes del “secreto” de la Magdalena, no
construyeron las catedrales de su tiempo, sino que lo hicieron los obispos
europeos; las catedrales góticas no tienen ningún simbolismo femenino; la crítica
Sandra Miesel se pregunta con asombro” ¿Qué parte de la anatomía femenina
representa el crecer o las gárgolas de la nave lateral de Chartres?
Por otro lado, la novela sitúa a Leonardo Da Vinci como uno de los
integrantes de la sociedad secreta El Priorato de Sión que esconde sus claves
en tres de sus cuadros más conocidos, la Virgen de las Rocas y Ứltima
Cena. A propósito Sandra Miesel, entre otras cosas, ironiza sobre la sustitución
de del apóstol Juan por María Magdalena” Esta curiosa faceta no había sido
descubierta hasta ahora”. Sin
duda es una ignorancia histórica.
El protagonista del libro menciona la ausencia del cáliz en la pintura
de Leonardo Da Vinci como prueba que Da Vinci nada sabia de lo que estaba
involucrado en el Grial.
Pero como explica la historiadora Sandra Miesel,”el fresco está
inspirado en un pasaje del Evangelio del apóstol Juan, que no dice ni una
palabra sobre la institución de la Santa Cena”
Si vamos a las páginas del
Weekly Standard la escritora Cynthia Grenier afirma sobre el Código Da Vinci
que “se puede hablar de una extremista visión feminista” de la fe cristiana.
Me pueden llamar escéptica –escribe-, pero no estoy dispuesta a
comprar esta novela. Los rituales que él relata son el fruto de una trágica
mezcolanza de varios cuentos imaginarios.
Si usted alguna vez ha considerado la posibilidad de que el Santo Grial
buscado por los caballeros del Rey Arturo es realmente el vientre de la María
Magdalena, entonces El Código Da Vinci es su novela.
Si su imaginación nunca le ha inquietado en este sentido, lo mejor que
usted puede hacer es olvidar esta novela. Seguramente a usted se le habrá caído
de las manos este libro de 454 páginas cuando su autor le relate su último
descubrimiento: bajo la enorme pirámide de cristal del patio del Louvre se
hallan los huesos de la mujer de Jesús.
La escritora concluye “Por favor, alguien debería dar a este hombre y
a sus editores unas clases básicas sobre la historia del cristianismo y un mapa”
Pero, en el Código Da Vinci hay material de muchos tipos: Nueva era,
ocultismo, teorías conspirativas, neopaganos, Wiccas, astrolología…Pero el cóctel
gnóstico-feminista es evidente, Hay poca investigación verdadera sobre el
Santo Grial, pero eso si hay mucha sangría.
Se nos cita un texto que existe de verdad, el evangelio de María
Magdalena, una obra gnóstica tardía escrita por autores de una secta gnóstica,
fuera del cristianismo.
En dicho texto María Magdalena besa en la boca a Jesús y eso causa la
envidia de los apóstoles.
Lo que nadie cita es el versículo 144 del famoso texto gnóstico
Evangelio de Tomás, donde Jesús dice que Él hará de María Magdalena “un
espíritu viviente que se parezca a vosotros, varones. Porque cada mujer que se
haga a sí misma varón entrará en el reino de los cielos”.
El gnosticismo antiguo es reciclado por antagonistas del cristianismo
actual, pero para ello han de rechazar algunas cosas del gnosticismo antiguo,
que en realidad era machista, elitista, despreciaba el cuerpo y todo lo material
y es difícil de vender como “el autentico cristianismo”
También la novela dice que el tetragrámaton YHWH, el nombre de Dios en
letras hebreas, viene de “Jehová una unión física andrógina (hermafro- dita
masculino con apariencia femenina) entre el masculino Jah y el nombre pre-hebreo
de Eva, Havad” Al parecer nadie le ha explicado a Brown que YHWH (hoy sabemos
que pronuncia Yavé) empezó a pronunciarse “Jehová” en la Edad Media al
interpolarse entre las consonantes las vocales de “Adonai”
Las cartas del tarot no enseñan doctrinas de la diosa; se inventaron
para juegos de azar en el siglo XV y no adquirieron asociación esotérica hasta
finales del siglo XVIII. La idea de los diamantes de la baraja francesa
representa tentáculos y es un invento del ocultista británico A.E. Waite
¿Qué dirán los esotéricos de la baraja española con sus copas –símbolos
sexuales femeninos- y sus espadas –símbolos fálicos (antiguo culto de órganos
sexuales masculinos)?
La novela presenta a Leonardo como homosexual ostentoso. Entre las tantas
leyendas se ha afirmado, que su cuadro más famoso: La Mona Lisa o la Gioconda,
no es un retrato de mujer, sino un autorretrato de Leonardo que puso
remanifiesto sus inclinaciones sexuales.
Hay quien ha asegurado que un estudio del iris de los ojos de la Mona
Lisa ha revelado que pertenecen al pintor.
Podríamos seguir diseccionando los errores y los simples engaños de
este Best-seller mentiroso. Por no hablar de su calidad literaria. Pero ¿vale
la pena tanto esfuerzo por la novela? Tenemos que concluir que la respuesta es
afirmativa.
Para miles de personas será su primer, y único contacto con la historia
antigua de la Iglesia, una historia regada por la sangre de los mártires y la
tinta de los evangelistas, filósofos y teólogos.
No sería digno de los cristianos del siglo XXI ceder sin lucha ni
respuesta ante el neopaganismo el espacio de los cristianos de los primeros
siglos ganaron con su fidelidad comprometida con Jesucristo.
A continuación ofrecemos algunos comentarios de la prensa escrita.
New
York Daily News
Celia
Mcgee
“La novela es fuertemente deudora de dos obras anteriores de
investigadores aficionados: The Templar Revelation: Secret Guardians of Identity
of Christ y Holy Blood, Holy Grail, una especulación sobre la pasión de Cristo.
Los dos trabajos han sido desacreditados por la mayor parte de los
investigadores serio” “Sus
errores de bulto sólo pueden llamar la atención del lector poco instruido” New
York Times Bruce
Boucher
“Más que una película, lo que parece que Brown ha compuesto ha sido
una ópera de espías. Aquí viene a propósito la frase de Voltarire: “Si
algo es demasiado tonto para ser dicho, al menos podrá ser cantado”. Philadelfia
Inquier Frank
Wilson
“El Código Da Vinci es inexacto hasta cuando baja al detalle…los
fieles del Opus Dei no son monjes ni visten habito” “Se
ha dicho que el libro “en sí mismo es un ataque al mismo cristianismo” The
Times (Londres) Meter
Millar
“Este libro es, sin duda el más tonto, inexacto, poco informado,
estereotipado, desarreglado y populachero ejemplo del pul
fiction que
he leído” La
Razón (España) José
María Carrascal
“Se destaca la ensalada de hechos y fábulas que maneja, sin aclarar
nada. El crítico del New York Times los ha calificado de “insulto a la
inteligencia:”. En
la novela, el personaje del historiador inglés Teabing afirma que en Nicea se
estableció que Jesús era “el Hijo de Dios”. Un repaso a los evangelios canónicos,
escritos hace casi 250 años antes de Nicea, muestra unas 40 menciones a Jesús
como Hijo de Dios. Brown lo que esta haciendo es copiar de uno de los libros
seudo-históricos que más ha plagiado para hacer un best-seller, Holy Blood,
Holy Grial en el que afirma que en “Nicea se decidió por votos que Jesús era
un dios, no un profeta mortal”
La verdad es otra. Los cristianos siempre han pensado que Jesús es el
Hijo de Dios y así figura en los evangelios y en escritos cristianos muy
anteriores a Nicea.
Por ejemplo, y para disgusto de mormones, Testigos de Jehová o
musulmanes (tres creencias actuales que niegan que Jesús es Dios)
Juan 20.28 “Entonces
Tomás respondió y le dijo -¡Señor mío y Dios mío” Romanos
9.5 “A
ellos también pertenecen los patriarcas, de los cuales, según la carne, vino
Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos Amén”. Tito
2.12 “…mientras
esperamos la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro
gran Dios y Salvador Jesucristo” 2
Pedro 1.1 “Simón
Pedro siervo y apóstol de Jesucristo, a lo que habéis alcanzado, por la
justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo, una fe igualmente preciosa que
la nuestra…”: Juan
1.1,2 “En
el principio era el Verbo, y el verbo estaba con Dios y el verbo era Dios” Como
bien dice la Biblia en 2 Corintios 13.1 “Por boca de
dos o tres testigos se decidirá todo asunto” Y
aquí tenemos cinco, pero hay muchos más. Escrito: Abril, 2006
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Sola
Gratia, Sola Fide, Solus Christus, Sola Scriptura, Soli Deo Gloria
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