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A Propósito de los Musulmanes

 ¿Hay Esperanza para ellos?
Por Rev. Ramón R. Herrera

Nadie puede dudar la importancia que Abraham tiene para las tres grandes religiones monoteístas del mundo, y aun para el mundo mismo. Jesucristo fue llamado “hijo de David”, “hijo de Abraham (Mt. 1.1) El mismo Jesús dijo: “Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio y se gozó”(Jn. 8.58)

Citamos a Mahoma en el Corán diciendo: “Los más allegados a Abraham son los que le han seguido, así como este Profeta y los que han creído. Dios el  amigo de los creyentes” (Corán 3.68)

Dios escogió a Abraham para bendecir a través de él a toda la humanidad. Observemos más de cerca el primer llamamiento.

“Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a al que te maldijere maldeciré, y serán benditas en ti todas las familias de la tierra” (Gn.12.1-3).

No vamos a repetir la historia completa de Abraham, porque entendemos que todos los creyentes la conocen, sin embargo diremos algunas cosas muy interesantes de Agar la madre de los musulmanes y Ismael su hijo.

Si usted lee cuidadosamente Génesis 16. 1-6, encontrará siete pasos hacia una tragedia que fueron cometidos por sus protagonistas. Muchos piensan que la historia debió haber terminado allí: Abraham cometió un error, la joven embarazada huyó; pues, ese tendría que haber sido el fin de la historia.

Pero no, Dios no obra de esta manera. Él estuvo observando todos los detalles. Él amaba a Abraham y a Sara; y Agar también. Pues, Él le envió un ángel a Agar (Génesis 16 10) sus descendientes también serían numerosos que no se podrían contar. Hoy día, ¡la quinta parte de la humanidad se identifica con Agar!

Dios nombró al hijo de Agar antes que naciese. En las culturas semíticas los nombres tienen un gran significado. Su nombre sería “Dios oye”; en hebreo se traduce Ismael. El Señor escogió este nombre porque había oído la aflicción de Agar. Que gran ejemplo de compasión.

Al mismo tiempo Dios le pidió que regresara y se sometiera a Sara. Como este libro habla sobre musulmanes, la palabra que significa “el que se somete” es interesante hacer notar que pasaje podría parafrasearse de otra forma: “Regresa, y conviértete en una “sumisa”, musulmana, a Sara.

En Génesis 21.8-13: Leemos: “Y creció el niño, y fue destetado; e hizo Abraham gran banquete el día que fue destetado Isaac. Y vio Sara que el hijo de Agar la egipcia, el cual esta le había dado a luz a Abraham, se burlaba de su hijo Isaac. Por tanto, dijo a Abraham: Echa a esta sierva y a su hijo, porque el hijo de esta sierva no ha de heredar con Isaac mi hijo. Este dicho pareció grave en gran manera a Abraham a causa de su hijo. Entonces dijo  Dios a Abraham: No te parezca grave a causa del muchacho y de tu sierva; en todo lo que dijere Sara, oye su voz, porque en Isaac te será llamada descendencia. Y también del hijo de la sierva haré una nación, porque es tu descendiente”.

 En principio Abraham había escuchado el mal consejo de Sara. Ahora le pedía que escuchara a su esposa y que expulsara a Agar e Ismael de casa. Si Dios no le hubiera hablado a Abraham probablemente no habría atendido, pero el Señor le habló. A Dios le interesa el principio de la fe por sobre por sobre las decisiones de la carne. El plan de Dios obra solamente a través de la fe. Después de todo, por esto se ha llamado a Abraham “el amigo de Dios” ¡Él creyó a Dios!

A la mañana siguiente Abraham despidió a Agar y a su hijo Ismael. Les dio provisiones y los envió lejos. ¡Qué golpe tan grande para todos los que estaban involucrados! El embarazo de Agar fue una idea de Sara; Abraham había estado de acuerdo. Ismael fue nombrado por Dios mismo y el primer niño circuncidado  en la familia de Abraham. Incluso Agar fue llamada esposa de Abraham (Gn. 16.3). ¡Y ahora una expulsión que desgarraba el corazón!

Agar se desorientó y se perdió en el desierto de Beerseba. Las provisiones se acabaron y la muerte amenazaba a Agar e Ismael; ella arregló las cosas para morir separados. El niño empezó a llorar, Agar a sollozar. Una vez más, el problema causado por el error de Abraham y Sara parecía que se iba a resolver con la trágica muerte de dos victimas. Sin embargo, Dios tenía otos planes.

Dios escuchó al niño llorando, el mismo a quien había llamado Ismael (Dios oye). No le iba a permitir que madre e hijo murieran. Él había hecho promesas a Agar y su hijo, y ¡habría de mantener su palabra! Dios  abrió los ojos de Agar y vio un poso de agua, Por medio de la intervención directa y personal de Dios, una vez más sus vidas fueron salvadas. Esta singular familia de madre soltera, bendecida por Dios, sobrevivió por su gracia. La Biblia así lo dice. “Y Dios estaba con el muchacho” (Gn. 21,20).

No podemos ignorar que, aunque Agar e Ismael cometieron graves errores, fueron víctimas del mal consejo de Sara y de la conducta irresponsable de Abraham. Pero algunos fallan en reconocer que fue la voluntad de Dios que todo esto ocurriera, o sea para decirlo más bíblico estaba predestinado. ¿Cómo se admite la cuestión de la salvación  en esta trágica separación? ¿Querrá decir que la bendición habría de caer únicamente del lado de Isaac  y su descendencia, y que la maldición y la eternidad en el infierno a los descendientes de Ismael? ¡Claro que no!

En toda esta historia hay muchas indicaciones que demuestran el gran amor de Dios por Agar e Ismael. En por lo menos  dos ocasiones envió ángeles para ministrarles y salvar sus vidas. Dios a Ismael un nombre precioso y estuvo con  él conforme crecía. No hay duda del deseo de Dios de bendecirles. Pero hay otra consideración que se destaca en esta cuestión de sanar una familia dividida. Y esto implica la naturaleza misma del llamado de Dios a Abraham. ‘Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra. (Gn.12.2-3).

Abraham no fue escogido para fundar una línea familiar exclusiva, más bien fue escogido como instrumento de bendición para todas las familias de la tierra.

Isaac e Ismael, el primero un milagro, el segundo el resultado de una decisión muy humana, los dos sin tener nada que ver con las circunstancias que acompañaron sus nacimientos, no se pretendía que fueran rivales.

Isaac, quien recibió el mismo llamado que su padre, fue escogido para redecir a otros, incluido Ismael y sus descendientes.

Por supuesto que la reconciliación no está fuera de cuestión, sino que, ¡es la cuestión! Cristo la simiente de Abraham, es el Salvador de todos los elegidos. El vino a reconciliar todas las cosas por medio de Él, incluido el pueblo que asimismo de llama musulmán (Col.1.20).

Desdichadamente, de la familia de Ismael surgió un hombre, Mahoma (570-632), que tenía otras ideas. Inicialmente, fundó el Islam como religión para árabe. Más tarde, trató de universalizarla e imponerla a toda la humanidad.

Es esta religión Jesús es rebajado a un simple profeta y al hacerse igual a Jesús, y finalmente superior a Él, Mahoma perpetuó el espíritu de rivalidad, no de reconciliación. Las raíces de la rivalidad actual se remontan a los trágicos sucesos que originaron la división de la familia de Abraham. El Islam se convirtió en el refugio donde los miembros agraviados y enemistados de esta familia restablecerían la vergüenza que supuso aquella expulsión inicial de las tiendas de Abraham. Más a aun, el Islam está comprometido a intentar dominar el mundo.

A pesar de la extensión del Islam sobre gran parte de la población mundial, aproximadamente la quinta parte, Mahoma, en un intento de atraer a cristianos al Islam, usó muchas ideas bíblicas que funcionan como buenos puntos de encuentro para presentar a Cristo a los musulmanes.

Debido a las insuficiencias del Islán y su incapacidad para satisfacer las necesidades más profundas del corazón humano. Millones y millones de musulmanes están abiertos a Jesús y a la forma maravillosa como El ministra tales necesidades; Al final Jesús triunfará. Conocemos,  por ejemplo, los galardones que se le serán dados a Cristo al fin de los tiempos: ”Digno eres de tomar el libro y de abrir los sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra” (Ap.5.9-10)

En esta hermosa escena habrá descendientes de Ismael-musulmanes-de cada tribu, lengua, pueblo, y nación. Al fin, la familia dividida de Abraham ¡será reconciliada a través de la sangre de Cristo!

Lo que es de gran interés para nosotros es el cuidado que Dios mostró por Agar, una esclava egipcia. “¿Qué tienes Agar? No temas porque Dios ha oído la voz del muchacho en donde está. Levántate, alza al muchacho, y sostenlo con tu mano, porque yo haré de él una gran nación.  (Gn. 21.17-18) En dos ocasiones interviene para salvarle la vida (Gn.16.18), la primera, la env161a de regreso a Sara, su señora, para que se someta a ella; la segunda, salva su vida y la de su hijo Ismael cuando estaban a punto de morir en el desierto.

Si Dios estuvo tan al cuidado de salvar la vida de esta esclava egipcia y su hijo, deberíamos de preocuparnos hoy día, como El, de los reclaman ser hijos de ella. Creemos que la explicación de esta preocupación puede encontrase en los primeros capítulos de Génesis. Es ahí donde leemos que no sólo el hombre, sino la mujer  fue creada a la imagen de Dios. (Gn. 1.27).

En el desarrollo de esta tragedia familiar, es de suma importancia observar cómo se relaciona Dios con cada persona; porque aquí, es su trato con Abraham y su familia, encontramos relaciones íntimas en las cuales Dios demuestra su amor, misericordia y compasión; aprendimos acerca del amor de Dios para con Agar. Ahora veremos, la forma maravillosa en que Dios demostró su amor por Ismael.

Dios siempre cumple sus promesas: Ismael nació de Agar. Creció al lado de su padre como miembro de una familia del pacto, adorando al único y verdadero Dios. Al cumplir los trece años, Dios se le apareció a su padre y les dio el pacto de la circuncisión. Como miembro de una misma familia, Ismael y su padre Abraham fueron circuncidados el mismo día. Lo más interesante hoy día es que, aunque no se menciona la circuncisión en el Corán, los musulmanes guardan esta tradición familiar y circuncidan a todos sus hijos varones.

Cuando Dios explicó el papel del futuro de Isaac en su pacto con la humanidad, Dios vuelve a tocar el tema de Ismael de esta manera: “Y en cuanto a Ismael, también te ha oído; he aquí que el bendeciré, y le haré fructificar y multiplicar mucho en gran manera; doce príncipes engendrará, y haré de él una nación” (Gn. 17.20).

Las palabras de que Dios establecería su pacto con Isaac permanece aun, pero esto no excluye a Ismael de la bendición de Dios.

En el caso de Ismael es importante que se le menciona varias veces en el Corán y se le recuerda intensamente en los ritos relacionados con la peregrinación anual a La Meca.

En este pasaje del Corán se le menciona; “Y recuerda en la Escritura a Ismael. Fue cumplidor de su promesa. Fue enviado, profeta. Prescribía a su gente el azalá y el azaque, y fue bien visto de su Señor. (Corán 19.54-55).

En otra sección del Corán, Mahoma cita a Abraham y a Ismael designando la  Kaaba como el centro de los peregrinos musulmanes.” Y cuando hicimos de la Casa lugar de reunión y de refugio para los hombres.¡Haced del lugar de Abraham un oratorio! Y nos concertamos una alianza con Abraham e Ismael: que purifican la casa para los que dieran vueltas, para los que acudieran a hacer un retiro, a inclinarse y a prosternarse (Corán 2. 125).

Los rituales y creencias, lógicamente erróneos, a la luz de la Palabra de Dios, estaban profundamente enraizados en la personalidad de Mahoma  así como la de los árabes, y que fueron transmitidos a todos los musulmanes, ya sean árabes o no; por lo tanto que existe en ellos una ansiedad de ser contados como parte de la familia de Abraham, “el amigo de Dios”. A través de Cristo la puerta está abierta para una reconciliación dentro de la familia de Abraham.

Más adelante en este estudio hablaremos sobre algunas maneras de cómo los musulmanes pueden llegar a ser verdaderos miembros de la familia de Abraham. Pero mientras imitemos a nuestro Padre celestial que escuchó primero el llanto de Ismael, cuyo nombre puesto por Dios fue (Dios oye).

En la quietud de las mezquitas, el murmullo de las voces de los  musulmanes entona “No hay más Dios que Alá y Mahoma es su profeta”. Imitando servilmente a su “profeta” árabe, repiten las palabras mientras que el clamor de sus corazones es para que Dios cuente sus innumerables postraciones como buenas para el día del juicio.

A lo lejos, bajo la sombra de una mezquita, cerca de la tumba de un santón, una hija de Ismael llora. Llena de convicción, frota sus manos en la tumba “santa”  con esperanza de alcanzar la bendición. Después toca su cara y su pecho diciendo: “OH Dios contesta  mi plegaria”

En Ramá, ya no llora Raquel, sino Riffat por sus hijos que ya no viven. Balas israelíes acabaron con sus vidas, allí en los caminos de Cisjordania. Es el grito no sólo por los niños que se han ido para siempre, sino también por los árboles frutales y las casas que fueron arrasadas por las máquinas.¡Matanza sin sentido! El grito pide justicia e imparcialidad. Detrás de él sigue en pie la misma pregunta de antaño” “¿No hará bien el Dios de toda la tierra?

También en los campos de los desposeídos, se escucha el clamor de los refugiados por sus casas de antaño porque Ismael ha sido desarraigado de su tierra, no sólo en Palestina, sino en Kuwait, Líbano, Afganistán,  Pakistán,  Irán, Irak, Etiopía, Eritrea, Somalia, Sudán, Chad, y a través del desastre económico, cientos de miles más en Bangladesh, India, Egipto, Argelia, Túnez y Marruecos. El llanto de los hijos de Ismael aumenta sin cesar.

También en los grandes basureros, el Calcuta, El Cairo, Dacca, Karachi, el grito es más bien un quejido, que está completamente desprovisto, sin recursos, rastreando entre los marginados y las ratas, demasiado cansado para tan siquiera preguntar: “¿Dónde está Dios?” ¿Escucha Dios? ¡Sí, Ismael! El nombró aquel niño rechazado “Dios oye”. ¡Él oye! ¡Dios permita que también nosotros escuchemos!

Como les dijimos veremos a continuación como la familia de Abraham sería unida. Veamos algunos textos de la Escritura para ello.

“El Señor le dijo a Abram: «Deja tu tierra, tus parientes y la casa de tu padre, y vete a la tierra que te mostraré. Haré de Ti una nación grande, y te bendeciré; haré famoso tu nombre, y serás una bendición. Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan; ¡por medio de ti serán bendecidas todas las familias de la tierra.»” (Gn. 12.`1-3).

“Y entonaban este nuevo cántico: «Digno eres de recibir el rollo escrito y de romper sus sellos, porque fuiste sacrificado y con tu sangre compraste para Dios gente de toda raza, lengua, pueblo y nación. DE ellos hiciste un reino; los hiciste sacerdotes al servicio de nuestro Dios, y reinarán sobre la tierra»”. (Ap. 5.9-10).

Son dos pasajes muy significativos, porque encontramos dos pasajes. El inicio y la consumación del grandioso plan de redención de nuestro Dios. En le primero de estos dos pasajes tenemos a la Palabra de Dios comisionando al patriarca Abraham para ser una bendición a todos los pueblos de la tierra. En el segundo, hallamos el canto de exaltación al final de la historia de la humanidad, que celebra el cumplimiento de la misión de nuestro Señor Jesucristo, que fue la simiente prometida de Abraham. En otras palabras la cosecha  está hecha de hombres, mujeres y niños de toda lengua, tribu, pueblo, y nación. Entre ellos, habrá descendientes de Ismael, que naturalmente incluye a musulmanes de todo tipo.

En otro pasaje, escatológico, Jesús habló sobre el cumplimiento de la tarea misionera como la mayor eventualidad sobre la que dependería su regreso. Aquí están sus palabras. “Y este evangelio del reino se predicará en todo el mundo como testimonio a todas las naciones (ta ethne, griego); y entonces vendrá al fin”(Mt. 24.14). Hay justificación suficiente como para deducir ta ente por grupos étnicos en lugar de “naciones”), lo cual incluirá obviamente, musulmanes de toda variedad étnica. Si esto es verdad, y yo pienso que sí, entonces en cierto sentido podemos decir que nuestra negligencia en ir y discipular a toda las variedades étnicas de musulmanes es uno de los más grandes impedimentos para la segunda venida de Cristo. Cuándo logremos obtener creyentes en Cristo de toda lengua, tribu, pueblo, y nación, musulmanes y no, ¡el escenario estará listo para la segunda venida de Cristo!

En 1 de Timoteo 2.1-6 Pablo escribió esas  palabras cuando los poderes mundanales de Roma y los judíos estaban en contra de él. Aun así, él comprendió la unión innata entre la intercesión, con acción de gracias, por los gobernantes y el deseo de Dios de ver a Dios obrando en los gobernantes.

La lección que encontramos aquí, es de seguir este modelo, aunque sean gobernantes musulmanes o dictadores. Alguna conexión existe entre nuestras oraciones hechas con obediencia y la  salvación de los cuarenta y cinco países musulmanes del mundo.

Tenemos que observar atentamente las siguientes lecciones traídas de este enfoque que aparece en el ministerio de  nuestro Señor. Notamos la amplitud de su ministerio en Galilea: “Iba por todas las ciudades y aldeas” Los estudiosos de la Biblia nos dicen que eran más de doscientas cincuenta ciudades y aldeas, y Jesús recorrió cada una de ellas. La lección que sacamos es que: Debemos trabajar por todo el mundo incluyendo a los musulmanes de toda lengua, tribu, pueblo y nación. Nuestro trabajo no termina hasta que lo acabemos; y puedo repetir que Cristo no vendrá por segunda vez hasta que terminemos la tarea. “Y este evangelio del reino se predicará en todo el mundo como testimonio a todas las naciones, y entonces  vendrá el fin” (Mt. 24.14).

Todavía hay más lecciones en el pasaje de Mt.9.35-38. ¿Cómo miró Jesús a las multitudes que encontró en cada lugar?  ¿Cómo miras tú a las multitudes, por ejemplo, de iraquíes gritando en las calles de Bagdad? ¿O a los iraníes en las calles de Teherán? Cuando Jesús anduvo entre las multitudes durante sus días de su ministerio terrenal, la desesperación no lo venció; Él vio su verdadera condición. Pudo ver más allá de sus tontas frases y lealtades mal enfocadas. De hecho, pudo verlos desamparados y dispersos, como ovejas sin pastor, siendo El  buen pastor supo discernir la verdadera condición de esas ovejas perdidas. Fue movido a compasión por lo que vio. ¿Acaso tenemos los ojos para ver como Jesús vio? Debemos ver más allá de la locura de las multitudes gritando a las masas que están en la pobreza, desamparadas y dispersas, muriendo sin Salvador. Jesús nos haría ir en medio de ellas, Él murió por ellos al igual que por nosotros, y espera que sigamos su ejemplo. Cierro con esta Escritura.

“Jesús se acercó entonces a ellos y les dijo: Se me ha dado autoridad en el cielo y en la tierra. Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo” (Mt. 28.18-20)  (El texto bíblico tomado de la Nueva Versión Internacional)

 

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Rev. Ramón Herrera
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