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A Propósito de los Musulmanes ¿Hay Esperanza para ellos? Nadie
puede dudar la importancia que Abraham tiene para las tres grandes religiones
monoteístas del mundo, y aun para el mundo mismo. Jesucristo fue llamado
“hijo de David”, “hijo de Abraham (Mt. 1.1) El mismo Jesús dijo:
“Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio y se
gozó”(Jn. 8.58) Citamos
a Mahoma en el Corán diciendo: “Los más allegados a Abraham son los que le
han seguido, así como este Profeta y los que han creído. Dios el
amigo de los creyentes” (Corán 3.68) Dios
escogió a Abraham para bendecir a través de él a toda la humanidad.
Observemos más de cerca el primer llamamiento. “Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de
tu padre, a la tierra que yo te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y
te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los
que te bendijeren, y a al que te maldijere maldeciré, y serán benditas en ti todas las familias de la
tierra” (Gn.12.1-3). No vamos a repetir la historia completa de
Abraham, porque entendemos que todos los creyentes la conocen, sin embargo
diremos algunas cosas muy interesantes de Agar la madre de los musulmanes y
Ismael su hijo. Si usted lee cuidadosamente Génesis 16. 1-6,
encontrará siete pasos hacia una tragedia que fueron cometidos por sus
protagonistas. Muchos piensan que la historia debió haber terminado allí:
Abraham cometió un error, la joven embarazada huyó; pues, ese tendría que
haber sido el fin de la historia. Pero no, Dios no obra de esta manera. Él estuvo
observando todos los detalles. Él amaba a Abraham y a Sara; y Agar también.
Pues, Él le envió un ángel a Agar (Génesis 16 10) sus descendientes también
serían numerosos que no se podrían contar. Hoy día, ¡la quinta parte de la
humanidad se identifica con Agar! Dios nombró al hijo de Agar antes que naciese.
En las culturas semíticas los nombres tienen un gran significado. Su nombre sería
“Dios oye”; en hebreo se traduce Ismael.
El Señor escogió este nombre porque había oído la aflicción de Agar. Que
gran ejemplo de compasión. Al mismo tiempo Dios le pidió que regresara y
se sometiera a Sara. Como este libro habla sobre musulmanes, la palabra que
significa “el que se somete” es interesante hacer notar que pasaje podría
parafrasearse de otra forma: “Regresa, y conviértete en una “sumisa”,
musulmana, a Sara. En Génesis 21.8-13: Leemos: “Y
creció el niño, y fue destetado; e hizo Abraham gran banquete el día que fue
destetado Isaac. Y vio Sara que el hijo de Agar la egipcia, el cual esta le había
dado a luz a Abraham, se burlaba de su hijo Isaac. Por tanto, dijo a Abraham:
Echa a esta sierva y a su hijo, porque el hijo de esta sierva no ha de heredar
con Isaac mi hijo. Este dicho pareció grave en gran manera a Abraham a causa de
su hijo. Entonces dijo Dios a
Abraham: No te parezca grave a causa del muchacho y de tu sierva; en todo lo que
dijere Sara, oye su voz, porque en Isaac te será llamada descendencia. Y también
del hijo de la sierva haré una nación, porque es tu descendiente”. En
principio Abraham había escuchado el mal consejo de Sara. Ahora le pedía que
escuchara a su esposa y que expulsara a Agar e Ismael de casa. Si Dios no le
hubiera hablado a Abraham probablemente no habría atendido, pero el Señor le
habló. A Dios le interesa el principio de la fe por sobre por sobre las
decisiones de la carne. El plan de Dios obra solamente a través de la fe. Después
de todo, por esto se ha llamado a Abraham “el amigo de Dios” ¡Él creyó a
Dios! A la mañana siguiente Abraham despidió a Agar
y a su hijo Ismael. Les dio provisiones y los envió lejos. ¡Qué golpe tan
grande para todos los que estaban involucrados! El embarazo de Agar fue una idea
de Sara; Abraham había estado de acuerdo. Ismael fue nombrado por Dios mismo y
el primer niño circuncidado en la
familia de Abraham. Incluso Agar fue llamada esposa de Abraham (Gn. 16.3). ¡Y
ahora una expulsión que desgarraba el corazón! Agar se desorientó y se perdió en el desierto
de Beerseba. Las provisiones se acabaron y la muerte amenazaba a Agar e Ismael;
ella arregló las cosas para morir separados. El niño empezó a llorar, Agar a
sollozar. Una vez más, el problema causado por el error de Abraham y Sara parecía
que se iba a resolver con la trágica muerte de dos victimas. Sin embargo, Dios
tenía otos planes. Dios escuchó al niño llorando, el mismo a
quien había llamado Ismael (Dios oye). No le iba a permitir que madre e hijo
murieran. Él había hecho promesas a Agar y su hijo, y ¡habría de mantener su
palabra! Dios abrió los ojos de
Agar y vio un poso de agua, Por medio de la intervención directa y personal de
Dios, una vez más sus vidas fueron salvadas. Esta singular familia de madre
soltera, bendecida por Dios, sobrevivió por su gracia. La Biblia así lo dice.
“Y Dios estaba con el muchacho” (Gn. 21,20). No podemos ignorar que, aunque Agar e Ismael
cometieron graves errores, fueron víctimas del mal consejo de Sara y de la
conducta irresponsable de Abraham. Pero algunos fallan en reconocer que fue la
voluntad de Dios que todo esto ocurriera, o sea para decirlo más bíblico
estaba predestinado. ¿Cómo se admite la cuestión de la salvación
en esta trágica separación? ¿Querrá decir que la bendición habría
de caer únicamente del lado de Isaac y
su descendencia, y que la maldición y la eternidad en el infierno a los
descendientes de Ismael? ¡Claro que no! En toda esta historia hay muchas indicaciones
que demuestran el gran amor de Dios por Agar e Ismael. En por lo menos
dos ocasiones envió ángeles para ministrarles y salvar sus vidas. Dios
a Ismael un nombre precioso y estuvo con él
conforme crecía. No hay duda del deseo de Dios de bendecirles. Pero hay otra
consideración que se destaca en esta cuestión de sanar una familia dividida. Y
esto implica la naturaleza misma del llamado de Dios a Abraham. ‘Y haré de ti
una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición.
Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán
benditas en ti todas las familias de la tierra. (Gn.12.2-3). Abraham no fue escogido para fundar una línea
familiar exclusiva, más bien fue escogido como instrumento de bendición para
todas las familias de la tierra. Isaac e Ismael, el primero un milagro, el
segundo el resultado de una decisión muy humana, los dos sin tener nada que ver
con las circunstancias que acompañaron sus nacimientos, no se pretendía que
fueran rivales. Isaac, quien recibió el mismo llamado que su
padre, fue escogido para redecir a otros, incluido Ismael y sus descendientes. Por supuesto que la reconciliación no está
fuera de cuestión, sino que, ¡es la cuestión! Cristo la simiente de Abraham,
es el Salvador de todos los elegidos. El vino a reconciliar todas las cosas por
medio de Él, incluido el pueblo que asimismo de llama musulmán (Col.1.20). Desdichadamente, de la familia de Ismael surgió
un hombre, Mahoma (570-632), que tenía otras ideas. Inicialmente, fundó el
Islam como religión para árabe. Más tarde, trató de universalizarla e
imponerla a toda la humanidad. Es esta religión Jesús es rebajado a un simple
profeta y al hacerse igual a Jesús, y finalmente superior a Él, Mahoma perpetuó
el espíritu de rivalidad, no de reconciliación. Las raíces de la rivalidad
actual se remontan a los trágicos sucesos que originaron la división de la
familia de Abraham. El Islam se convirtió en el refugio donde los miembros
agraviados y enemistados de esta familia restablecerían la vergüenza que
supuso aquella expulsión inicial de las tiendas de Abraham. Más a aun, el
Islam está comprometido a intentar dominar el mundo. A pesar de la extensión del Islam sobre gran
parte de la población mundial, aproximadamente la quinta parte, Mahoma, en un
intento de atraer a cristianos al Islam, usó muchas ideas bíblicas que
funcionan como buenos puntos de encuentro para presentar a Cristo a los
musulmanes. Debido a las insuficiencias del Islán y su
incapacidad para satisfacer las necesidades más profundas del corazón humano.
Millones y millones de musulmanes están abiertos a Jesús y a la forma
maravillosa como El ministra tales necesidades; Al final Jesús triunfará.
Conocemos, por ejemplo, los
galardones que se le serán dados a Cristo al fin de los tiempos: ”Digno
eres de tomar el libro y de abrir los sellos; porque tú fuiste inmolado, y con
tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación;
y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la
tierra” (Ap.5.9-10) En esta hermosa escena habrá descendientes de
Ismael-musulmanes-de cada tribu, lengua, pueblo, y nación. Al fin, la familia
dividida de Abraham ¡será reconciliada a través de la sangre de Cristo! Lo que es de gran interés para nosotros es el
cuidado que Dios mostró por Agar, una esclava egipcia. “¿Qué tienes Agar? No temas porque Dios ha oído la voz del muchacho
en donde está. Levántate, alza al muchacho, y sostenlo con tu mano, porque yo haré de él una
gran nación. (Gn.
21.17-18) En dos ocasiones interviene para salvarle la vida (Gn.16.18), la
primera, la env161a de regreso a Sara, su señora, para que se someta a ella; la
segunda, salva su vida y la de su hijo Ismael cuando estaban a punto de morir en el desierto. Si Dios estuvo tan al cuidado de salvar la vida
de esta esclava egipcia y su hijo, deberíamos de preocuparnos hoy día, como
El, de los reclaman ser hijos de ella. Creemos que la explicación de esta
preocupación puede encontrase en los primeros capítulos de Génesis. Es ahí
donde leemos que no sólo el hombre, sino la mujer fue creada a la imagen de Dios. (Gn. 1.27). En el desarrollo de esta tragedia familiar, es
de suma importancia observar cómo se relaciona Dios con cada persona; porque
aquí, es su trato con Abraham y su familia, encontramos relaciones íntimas en
las cuales Dios demuestra su amor, misericordia y compasión; aprendimos acerca
del amor de Dios para con Agar. Ahora veremos, la forma maravillosa en que Dios
demostró su amor por Ismael. Dios siempre cumple sus promesas: Ismael nació
de Agar. Creció al lado de su padre como miembro de una familia del pacto,
adorando al único y verdadero Dios. Al cumplir los trece años, Dios se le
apareció a su padre y les dio el pacto de la circuncisión. Como miembro de una
misma familia, Ismael y su padre Abraham fueron circuncidados el mismo día. Lo
más interesante hoy día es que, aunque no se menciona la circuncisión en el
Corán, los musulmanes guardan esta tradición familiar y circuncidan a todos
sus hijos varones. Cuando Dios explicó el papel del futuro de
Isaac en su pacto con la humanidad, Dios vuelve a tocar el tema de Ismael de
esta manera: “Y en cuanto a Ismael,
también te ha oído; he aquí que el bendeciré, y le haré fructificar y
multiplicar mucho en gran manera; doce príncipes engendrará, y haré de él
una nación” (Gn. 17.20). Las palabras de que Dios establecería su pacto
con Isaac permanece aun, pero esto no excluye a Ismael de la bendición de Dios. En el caso de Ismael es importante que se le
menciona varias veces en el Corán y se le recuerda intensamente en los ritos
relacionados con la peregrinación anual a La Meca. En este pasaje del Corán se le menciona; “Y
recuerda en la Escritura a Ismael. Fue cumplidor de su promesa. Fue enviado,
profeta. Prescribía a su gente el azalá y el azaque, y fue bien visto de su Señor.
(Corán 19.54-55). En otra sección del Corán, Mahoma cita a
Abraham y a Ismael designando la Kaaba
como el centro de los peregrinos musulmanes.” Y cuando hicimos de la Casa
lugar de reunión y de refugio para los hombres.¡Haced
del lugar de Abraham un oratorio! Y nos concertamos una alianza con Abraham e
Ismael: que purifican la casa para los que dieran vueltas, para los que
acudieran a hacer un retiro, a inclinarse y a prosternarse (Corán 2. 125). Los rituales y
creencias, lógicamente erróneos, a la luz de la Palabra de Dios, estaban
profundamente enraizados en la personalidad de Mahoma así como la de los árabes, y que fueron transmitidos a
todos los musulmanes, ya sean árabes o no; por lo tanto que existe en ellos una
ansiedad de ser contados como parte de la familia de Abraham, “el amigo de
Dios”. A través de Cristo la puerta está abierta para una reconciliación
dentro de la familia de Abraham. Más adelante en
este estudio hablaremos sobre algunas maneras de cómo los musulmanes pueden
llegar a ser verdaderos miembros de la familia de Abraham. Pero mientras
imitemos a nuestro Padre celestial que escuchó primero el llanto de Ismael,
cuyo nombre puesto por Dios fue (Dios oye). En la quietud de las
mezquitas, el murmullo de las voces de los
musulmanes entona “No
hay más Dios que Alá y Mahoma es su profeta”. Imitando servilmente a
su “profeta” árabe, repiten las palabras mientras que el clamor de sus
corazones es para que Dios cuente sus innumerables postraciones como buenas para
el día del juicio. A lo lejos, bajo la
sombra de una mezquita, cerca de la tumba de un santón, una hija de Ismael
llora. Llena de convicción, frota sus manos en la tumba “santa”
con esperanza de alcanzar la bendición. Después toca su cara y su pecho
diciendo: “OH Dios contesta mi
plegaria” En Ramá, ya no
llora Raquel, sino Riffat por sus hijos que ya no viven. Balas israelíes
acabaron con sus vidas, allí en los caminos de Cisjordania. Es el grito no sólo
por los niños que se han ido para siempre, sino también por los árboles
frutales y las casas que fueron arrasadas por las máquinas.¡Matanza sin
sentido! El grito pide justicia e imparcialidad. Detrás de él sigue en pie la
misma pregunta de antaño” “¿No hará bien el Dios de toda la tierra? También en los
campos de los desposeídos, se escucha el clamor de los refugiados por sus casas
de antaño porque Ismael ha sido desarraigado de su tierra, no sólo en
Palestina, sino en Kuwait, Líbano, Afganistán,
Pakistán, Irán, Irak,
Etiopía, Eritrea, Somalia, Sudán, Chad, y a través del desastre económico,
cientos de miles más en Bangladesh, India, Egipto, Argelia, Túnez y Marruecos.
El llanto de los hijos de Ismael aumenta sin cesar. También en los
grandes basureros, el Calcuta, El Cairo, Dacca, Karachi, el grito es más bien
un quejido, que está completamente desprovisto, sin recursos, rastreando entre
los marginados y las ratas, demasiado cansado para tan siquiera preguntar: “¿Dónde
está Dios?” ¿Escucha Dios? ¡Sí, Ismael! El nombró aquel niño rechazado
“Dios oye”. ¡Él oye! ¡Dios permita que también nosotros escuchemos! Como les dijimos
veremos a continuación como la familia de Abraham sería unida. Veamos algunos
textos de la Escritura para ello. “El Señor le dijo a Abram: «Deja tu tierra, tus parientes y la casa
de tu padre, y vete a la tierra que te mostraré. Haré de Ti una nación grande,
y te bendeciré; haré famoso tu nombre, y serás una bendición. Bendeciré a
los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan; ¡por medio de ti serán
bendecidas todas las familias de la tierra.»” (Gn. 12.`1-3). “Y entonaban este nuevo cántico: «Digno eres de recibir el rollo
escrito y de romper sus sellos, porque fuiste sacrificado y con tu sangre
compraste para Dios gente de toda raza, lengua, pueblo y nación. DE ellos
hiciste un reino; los hiciste sacerdotes al servicio de nuestro Dios, y reinarán
sobre la tierra»”. (Ap. 5.9-10). Son dos pasajes muy
significativos, porque encontramos dos pasajes. El inicio y la consumación del
grandioso plan de redención de nuestro Dios. En le primero de estos dos pasajes
tenemos a la Palabra de Dios comisionando al patriarca Abraham para ser una
bendición a todos los pueblos de la tierra. En el segundo, hallamos el canto de
exaltación al final de la historia de la humanidad, que celebra el cumplimiento
de la misión de nuestro Señor Jesucristo, que fue la simiente prometida de
Abraham. En otras palabras la cosecha está
hecha de hombres, mujeres y niños de toda lengua, tribu, pueblo, y nación.
Entre ellos, habrá descendientes de Ismael, que naturalmente incluye a
musulmanes de todo tipo. En otro pasaje,
escatológico, Jesús habló sobre el cumplimiento de la tarea misionera como la
mayor eventualidad sobre la que dependería su regreso. Aquí están sus
palabras. “Y este evangelio del reino se
predicará en todo el mundo como testimonio a todas las naciones (ta ethne, griego); y entonces vendrá al fin”(Mt. 24.14).
Hay justificación suficiente como para deducir ta
ente por grupos étnicos en lugar de “naciones”), lo cual incluirá
obviamente, musulmanes de toda variedad étnica. Si esto es verdad, y yo pienso
que sí, entonces en cierto sentido podemos decir que nuestra negligencia en ir
y discipular a toda las variedades étnicas de musulmanes es uno de los más
grandes impedimentos para la segunda venida de Cristo. Cuándo logremos obtener
creyentes en Cristo de toda lengua, tribu, pueblo, y nación, musulmanes y no, ¡el escenario estará listo para la segunda venida de Cristo! En
1 de Timoteo 2.1-6 Pablo escribió esas palabras
cuando los poderes mundanales de Roma y los judíos estaban en contra de él.
Aun así, él comprendió la unión innata entre la intercesión, con acción de
gracias, por los gobernantes y el deseo de Dios de ver a Dios obrando en los
gobernantes. La lección que encontramos aquí, es de seguir
este modelo, aunque sean gobernantes musulmanes o dictadores. Alguna conexión
existe entre nuestras oraciones hechas con obediencia y la
salvación de los cuarenta y cinco países musulmanes del mundo. Tenemos que observar atentamente las siguientes
lecciones traídas de este enfoque que aparece en el ministerio de
nuestro Señor. Notamos la amplitud de su ministerio en Galilea: “Iba
por todas las ciudades y aldeas” Los estudiosos de la Biblia nos dicen que
eran más de doscientas cincuenta ciudades y aldeas, y Jesús recorrió cada una
de ellas. La lección que sacamos es que: Debemos trabajar por todo el mundo
incluyendo a los musulmanes de toda lengua, tribu, pueblo y nación. Nuestro
trabajo no termina hasta que lo acabemos; y puedo repetir que Cristo no vendrá
por segunda vez hasta que terminemos la tarea.
“Y este evangelio del reino se predicará en todo
el mundo como testimonio a todas las naciones, y entonces
vendrá el fin” (Mt. 24.14). Todavía hay más lecciones en el pasaje de
Mt.9.35-38. ¿Cómo miró Jesús a las multitudes que encontró en cada lugar?
¿Cómo miras tú a las multitudes, por ejemplo, de
iraquíes gritando en las calles de Bagdad? ¿O a los iraníes en las calles de
Teherán? Cuando Jesús anduvo entre las multitudes durante sus días de su
ministerio terrenal, la desesperación no lo venció; Él vio su verdadera
condición. Pudo ver más allá de sus tontas frases y lealtades mal enfocadas.
De hecho, pudo verlos desamparados y dispersos, como ovejas sin pastor, siendo
El buen pastor supo discernir la
verdadera condición de esas ovejas perdidas. Fue movido a compasión por lo que
vio. ¿Acaso tenemos los ojos para ver como Jesús vio? Debemos ver más allá
de la locura de las multitudes gritando a las masas que están en la pobreza,
desamparadas y dispersas, muriendo sin Salvador. Jesús nos haría ir en medio
de ellas, Él murió por ellos al igual que por nosotros, y espera que sigamos
su ejemplo. Cierro con esta Escritura. “Jesús se acercó entonces a ellos y les dijo: Se me
ha dado autoridad en el cielo y en la tierra. Por tanto, vayan y hagan discípulos
de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del
Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes.
Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo” (Mt. 28.18-20)
(El texto bíblico tomado de la Nueva Versión
Internacional) |
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